Parsimonia

Publicado el Jarne

Menos mal que nos queda Portugal

Viajé al país luso este pasado fin de semana. Nos perdimos por las carreteras portuguesas, visitamos las Repúblicas de Coimbra, rompimos los tópicos sobre sus habitantes, nos maravillamos con la señorial Oporto y volvimos a casa con la sensación de que se nos quedaba mucho en el tintero. Esta es la crónica de nuestro viaje por tierras portuguesas.

Dos países unidos que no se miran

Si les digo la verdad, a los españoles nos han interesado poco los portugueses. Son como ese familiar con el que tienes mucho en común porque vive bajo el mismo techo, pero del que uno no sabe nada. En el imaginario patrio, Portugal es ese sitio donde comprar toallas de calidad y de mujeres morenas que no se afeitan el bigote.

Lo último suena más a fabula inventada por un amante despechado que a una realidad empírica. Se lo digo con razón, porque los primeros días estuve pendiente de ver si las mujeres lucían unos velludos bigotes como los de nuestro querido Aznar. Hace tres años le preguntamos a unos portugueses si conocían ese rumor. Nos contaron que existe el mismo mito al otro lado de la frontera sobre los españoles. Vaya. Al final, todos con tanto pelo.

Tan desconocidos y a la vez tan unidos. Desde su creación, cuando era un condado dependiente de León, la historia de Portugal ha ido en paralelo a la de España. La lucha común contra los musulmanes en la Reconquista, Tordesillas y el colonialismo, la unión dinástica con España bajo Felipe II  o las guerras napoleónicas de principios del XIX. Las recientes movilizaciones en ambos países contra la UE y la Troika son otro buen ejemplo.

Las grandes empresas españolas ocupan un lugar importante en la economía lusa. Tienen filiales importantes en Portugal los grandes actores de la bolsa madrileña: bancos como el BBVA o el Santander,  la omnipresente Telefónica, eléctricas como Iberdrola e incluso El Corte Inglés, la cadena de grandes almacenes que siempre han tenido un miedo atávico a competir fuera de España tiene una filial aquí. Y sin embargo, pocos referentes tiene un español más allá de Mourihno y Cristiano Ronaldo.

Camino de la frontera

Fuimos en coche desde Madrid. Atravesamos el túnel de Guadarrama y seguimos por la meseta castellana hacia el oeste. Es una zona de suelo pobre y arcilloso, el agua escasea y los pueblos no abundan. Uno recorre estas carreteras y sólo contempla asfalto delante y detrás de sí rodeado por unas infinitas tierras yermas. Cuando empieza a acercarse a la provincia de Salamanca, cambia el paisaje.

Llegamos a la dehesa, un tipo de ecosistema que se da en el sureste de la Península Ibérica. La dehesa se caracteriza por ser propio de los países del sur de Europa, donde se combina el bosque mediterráneo con el buen hacer de sus habitantes, lo que ha permitido encontrar un cierto equilibrio entre las necesidades del hombre y la naturaleza. Es el lugar de crianza de la mejor variedad de jamón: el ibérico. Aquí les dejo un enlace por si quieren saber más.

El trayecto por las carreteras españolas es por autovías con un buen trazado y gratuitas. Uno de los atrasos históricos ibéricos ha sido el de las infraestructuras por su orografía -muy montañoso, frente a las llanuras europeas- o sus graves problemas de planificación, como el Ancho Ibérico. Así que cuando España se incorporó a la Unión Europea y el maná de los Fondos Europeos de Desarrollo Regional (fondos FEDER) empezó a fluir, se hormigonó el país para crear buenas carreteras que lo unieran.

El constraste lo ofrece Portugal. Hay autopistas (carreteras de pago) entre las principales ciudades y para conectar por los distintos puntos de la frontera con España, pero están desiertas. Por lo menos las que vio un servidor y fueron unas cuantas, porque el navegador hizo de las suyas y recorrimos algunos kilómetros de más.

Antes algunas eran gratuitas, pero después de que el país fuera «rescatado» por la Troika, muchas se hicieron de pago. Así que los portugueses prefieren sus antiguas carreteras nacionales que son de un único carril. Si hay un cruce muy concurrido, se está arreglando el firme o hay un accidente, se organiza una larga hilera de coches a la espera de que se solucione el atasco. Se llega más tarde, pero no hay que sacar el monedero durante el trayecto.

Coimbra, ciudad universitaria

Coimbra me recuerda mucho a Salamanca. De Salamanca se contaba que era La ciudad de Nunca Jamás o de Peter Pan, donde los estudiantes se quedaban atrapados y nunca crecían. La gente alargaba su carrera años y años o incluso no la terminaba. Una ciudad barata, joven y acogedora, en la que se puede salir de fiesta cualquier día y donde lo de ir a clase y aprobar quedaba a un lado. La verdad es que este tipo de historias se encuentran en cualquier ciudad universitaria: Santiago, Madrid o Bogotá.

Coimbra es una ciudad en pendiente y para la pendiente. Hay que andar subiendo y bajando todo el día escalones y cuestas. Los desniveles no suelen ser muy pronunciados ni muy alargados, pero uno los suma y van haciendo mella. Hay gente que paga cifras escandalosas por programas de adegalzamiento o sigue dietas milagrosas que después quedan en nada. Hay una solución más fácil: mándarlos un año a Coimbra. Van a rebajar toda la grasa que quieran y les van a quedar unas piernas estupendas. Se lo garantizo.

De este submundo universitario, existen varias cosas llamativas. Lo que más me gustó fueron Las Repúblicas. Son espacios autogestionados por universitarios que realizan vida común. Estuve en la República de Rosa de Luxemburgo, donde fueron muy abiertos y agradables. Por aquí les dejo un enlace de una visita de algunos miembros del 15-M de Barcelona que explican qué son Las Repúblicas.

Lo que menos me gustó fueron las praxes o practicantes, una especie de hermandades americanas en Portugal. Los practicantes se visten con traje negro y con capa. Mi hermano dice que se parecen a los estudiantes de Hogwarts, la escuela de Harry Potter. Algunos dicen que J. K. Rowling se inspiró en ellos. No sé hasta qué punto es cierto, pero la verdad es que Rowling estuvo viviendo cerca, en Oporto, y conoció allí a su ex marido, un portugués.

Los praxes son la élite de Coimbra, o por lo menos, así se ven ellos. Lucen orgullosos sus capas, siempre andan tiesos y hacen vida en y con su comunidad. Realizan novatadas a los estudiantes nuevos, lo que ha hecho que algunas Repúblicas se declaren antipraxes. Cuando terminan la carrera,  los practicantes, siempre ceremoniosos, se quitan la capa y sus compañeros les arrancan la ropa.

La próxima semana seguiremos con el viaje por la otra ciudad que visité: Oporto.

P.D: Los datos sobre Portugal y su historia los he tomado del libro Breve História de Portugal de A.H. De Oliveira Marques.

En Twitter: @Jarnavic

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