Parsimonia

Publicado el Jarne

Los desmanes del fútbol

Un grupo de periodistas -entre los que se encuentra un buen amigo que recaló por aquí con un libro de Bolaño– va a contarles lo largo de las próximas semanas los desmanes balompédicos con la colaboración del periódico digital español El Confidencial. Por allí desfilarán presidentes corruptos, estadios a medio construir o equipos con deudas millonarias a los que Hacienda ha tratado de una forma privilegiada. Es la parte oscura del fútbol español.

Recuerdo estar en el Archivo Histórico de la Universidad del Rosario. Leía sobre cómo se mataban hutus y tutsis en las sentencias del Tribunal Penal Internacional para Ruanda (TPIR). De repente, me sobresaltó un grito. Salí deprisa de la estancia y oí de nuevo que volvían a gritar. Me acerqué a la cafetería y me encontré a una multitud agolpada frente al televisor. Algunos portaban camisetas del Madrid, otros del Barça. En la pantalla, Mou y su banda perdían frente al Bayern de Heynckes en las semifinales de la Champions de aquel año.

Allí me di cuenta del poder que tiene el fútbol como negocio global. Ya sabía que desataba pasiones en España, Latinoamérica y el mundo, pero me sorprendió mucho que un partido como aquel reuniera tanto público a unos horarios intempestivos. Pensé que eran cosas de esas élites godas que están orgullosas de su pasado colonial. Al cabo de unos días, me quedé asombrado cuando regresé a casa a comer y vi que se seguía en muchos bares la semifinal entre el Barça y el Chelsea.

Se suele decir que el balompié es un deporte que desata pasiones. Y es verdad. Ante este poder de movilización, mucha gente se ha metido para acercar el ascua a su sardina y hacer negocios. Los primeros, los máximos mandatarios: los presidentes. El deporte rey ha atraído a dirigentes de dudosa reputación. Raro es el equipo en el que alguno de sus directivos no ha pasado por los juzgados o ha sido condenado a cárcel por sus negocios deportivos o extradeportivos.

El Madrid ha tenido a un par de presidente con negocios dudosos. Lorenzo Sanz ha tenido varios juicios por su gestión en los clubes en los que ha estado. El anterior a Florentino Pérez, Ramón Calderón, ha tenido varias causas pendientes con la justicia, aunque ha ganado todos los casos. En el Barca, al margen de las responsabilidades penales o civiles que se deriven del fichaje de Neymar, el expresidente Nuñez y su hijo entraron hace poco en prisión por el pago de sobornos a Inspectores de Hacienda.

De la larga ristra personajes, mi preferido es el antiguo presidente del Atlético, Jésus Gil y Gil. Era fascista, racista –pregúntele al «Tren» Valencia– y misógino. Fue condenado por imprudencia temeraria por la muerte de 50 personas. Construyó todo lo que pudó y de cualquier forma en Marbella. Se hizo con la alcaldía de la ciudad. Hundió el ayuntamiento hasta llevarlo a la bancarrota, lo mismo que el Atlético. Con todo, la gente y la prensa le adoraban por sus célebres frases.

Los presidentes no han sido los únicos con comportamientos reprobables. Las instituciones públicas han apoyado todo lo que han podido a sus equipos. Los políticos siempre se han preocupado porque no le faltaran nada a estas sociedades deportivas. Se lo contarán mucho mejor en Los desmanes del fútbol, pero les dejó algunas píldoras: la televisión pública de la Comunidad Valenciana habría invertido 460 millones de euros en los derechos de los clubes de esa comunidad. Y la Comisión Europea también investiga a varios equipos por ayudas estatales.

P;D: Si quieren seguir profundizando, tienen este documental de Jordi Évole en el que se escarba en los asuntos más oscuros del balompié actuano: dinero no legal, mafias en los fichajes… La otra cara del fútbol.

En Twitter: @Jarnavic

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