Parsimonia

Publicado el Jarne

La confluencia

La izquierda española siempre anda rumiando un pacto para tratar de alcanzar el poder. Toda la vida ha habido un largo número de partidos que se han autoproclamado como La verdadera izquierda, esa que es pura, casta, insobornable e incorrupta que han hecho imposible un acuerdo. Lo novedoso esta vez es que la apuesta es seria y ha generado mucho miedo en los partidos tradicionales.

La minoría de gobierno y la mayoría de bloqueo

El Partido Socialista Obrera Español (PSOE) ha sido durante mucho tiempo el partido hegemónico en este país. Para la izquierda, los socialistas, -de tendencia socialdemócrata, aunque en los últimos tiempos más socioliberal- nunca ha sido de izquierdas, aunque han tenido mucho que ver con el Estado de Bienestar que tenemos en España. Es verdad es que ese Estado Providencia se construyó con el apoyo de sindicatos y amplios sectores sociales, incluso de la derecha, pero quienes gobernaban cuando se pusieron las bases fueron ellos.

Aquel relato de los socialistas como protectores y guardianes del Estado Social se rompió el 10 de mayo de 2010. Desde ese momento, el PSOE es un partido que se deshace por la derecha y la izquierda. A su derecha, han surgido dos partidos: Ciudadanos y Unión Progreso y Democracia (UPyD). Estos dos partidos, liberales en lo económico y social, han ocupado una parte de su espacio político entre las clases medias urbanas. Si bien sólo suman entre un 5 % al 10% del espacio electoral, que también está en disputa con el PP.

Más problemas tiene por su flanco izquierdo. El principal agujero lo tiene con Podemos, la revelación de las últimas europeas. Las diferentes encuestas le dan mucha fuerza al partido de Pablo Iglesias. El Centro de  Investigaciones Sociológicas (CIS) le concede un 15 % de los votos. Una publicada ayer les da ya hasta el 20 %, de forma que empatan con el PSOE. Y eso que los socialistas andan en un proceso de renovación que ha elegido como secretario general a Pedro Sánchez, un joven economista que por ahora ha demostrado más ambiciones por el poder que por cambiar las cosas.

Izquierda Unida (IU), el partido que se fundó tras el referendum de la OTAN y en el que el Partido Comunista de España (PCE) tiene gran poder orgánico, ha crecido de un exiguo 4 o 5% hasta acercarse al 10%, aunque en estas últimas cae ante en tromba ante el avance de Podemos. También existen partidos minoritarios como Equo o partidos nacionalistas de izquierdas con fuerte implantación en alguna parte del territorio, como son Bildu en en País Vasco, Anova en Galicia o la CUP en Cataluña.

El riesgo que corre la izquierda es de convertirse en una mayoría fragmentada de bloqueo con buenos resultados electorales, pero incapaz de formar gobierno. Y lo contrario a la derecha: un partido incapaz de alcanzar mayorías, pero con un suelo electoral muy firme que hace que gane elecciones, pero sin poder gobernar de forma estable. O por lo menos, esas son las posibilidades que arrojan las encuestas.

La confluencia

Para evitar esta situación, los partidos de la izquierda han empezado a hablar de pactos entre ellos, lo que han tenido la amabilidad de llamar La confluencia. Sería algo similar a lo que es Syriza en Grecia o el Frente Amplio en Uruguay: la unión de los partidos de izquierdas bajo un programa común que sea capaz de aglutinar nuevas mayorías sociales, acabe con los partidos tradicionales y sea capaz de gobernar.

Los problemas de esta coalición de izquierdas son los de siempre: el primero es que hay que pactar un programa común. Aquí los partidos sí que parecen dispuestos a ceder y va a ser más fácil llegar a acuerdos. El deterioro de los servicios públicos, las imposiciones de la troika o la desaforada deuda han sido los catalizadores para unificar los objetivos de la izquierda y dejar los intereses ideológicos propios apartados durante un tiempo. Los golpes han sido tan fuertes y los tiempos son tan difíciles que por una vez parece que van a estar a la altura de las circunstancias.

El problema, como casi siempre, viene por los egos y los aparatos. IU, o una parte de ella para ser más exactos, ve a Podemos como un conjunto de arribistas venidos de la nada que van a capitalizar el descontento y las luchas en las que ellos siempre han estado. Y de lejos, lo que late de fondo, es que le pase igual que hace más de 35 años con los socialistas. Que después de pasarse años y años de lucha y de trabajo, cuando parece que van a recoger sus frutos, otros se apropien de ellos y acaben fagocitando a IU. Tiempo al tiempo.

En Podemos, también hay suspicacias hacia Izquierda Unida. Algunas de las personas del nuevo partido provienen de esa formación y saben el guirigay recurrente y las luchas intestinas que tiene siempre IU. El portavoz de Podemos, Juan Carlos Monedero, se ha quejado y recordado en varias ocasiones de las guerras internas de IU. No le falta razón a Monedero. Cuando era asesor del anterior secretario general de IU, Gaspar Llamazares, estaban más pendientes de lo que se hacía en el despacho de al lado que de hacer oposición o construir alternativas.

Podemos ya intentó un pacto electoral para las europeas con Izquierda Unida. En aquel momento, IU lo descartó porque creían que no iban a necesitar a la gente de Podemos. Los veían como el hermano pequeño pidiendo ayuda al mayor. Hoy, ocurre todo lo contrario: IU se acerca a Podemos y suerte van a tener si les dejan ir de comparsa. Para suavizarlo todo, en Izquierda Unida parece que se va a hacer con el poder Alberto Garzón, un joven de 29 años con más sintonía con Iglesias y su gente. con Garzón parece más plausible la hipótesis del pacto.

Todo comienza en las municipales

A todo esto, el PP ha planteado la posibilidad de reformar la Ley Electoral a nueve meses de las elecciones locales. La reforma que plantean los conservadores premia al partido que más votos obtuviera, que alcanzaría la alcaldía con un mínimo del 40 % de los votos y le daría un plus de concejales para obtener la mayoría absoluta. Esto favorece a los populares, que suelen ser el partido más votado, pero que muchas veces se ha quedado sin gobernar por los acuerdos entre la oposición para aupar a su candidato.

La verdad es que muchas veces el PP no ha tenido posibilidades de gobernar porque se imponía la lógica del pacto de izquierdas. Otras veces, ha puesto más peros a negociar con partidos nacionalistas o con formaciones locales o independientes. Más taimados y propensos al pacto han sido los socialistas, especialistas en llegar a acuerdos con todo el mundo. Sea usted nacionalista, de izquierdas, de derechas, independiente o letrista de un grupo de pop, siempre cabe la posibilidad de que el PSOE lo acoja en su cama para cuatro años de gobierno de desenfreno y pasión.

Si se introduce esta posible reforma, sería un acicate más para que la izquierda se presentase unida a las próximas elecciones. Además, es algo que ya se está construyendo en los movimientos sociales. En Barcelona, ha surgido Guanyem, Ganemos en catalán. Una iniciativa de los movimientos sociales para trabajar juntos y lograr la alcaldía catalana. Encabeza el movimiento la portavoz de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), Ada Colau.

Colau es una mujer muy conocida en España porque le ha puesto cara a la lucha contra los desahucios. Ha batallado en todos los sitios donde le han dejado y ha combatido fieramente contra todo el que tuviera por delante. Distinto es si será capaz de gobernar un ayuntamiento como el de Barcelona, sin un aparato fuerte ni cuadros estables. Por ahora ha conseguido más de las 30.000 firmas de apoyo que había pedido para fortalecer su candidatura. Una demostración de fuerza en toda regla.

Ante la esperanza que está despertando en algunos sectores, ya se está copiando el modelo en el resto de España. En Madrid se agrupan bajo el techo de Municipalia. Se han reunido en diversas ocasiones con gran asistencia de público. Veremos si son capaces de crear un programa común, limar asperezas y llegar a un objetivo concreto. Por lo menos van a plantear un modelo alternativo de ciudad y eso, hoy por hoy, es más que necesario.

P.D: Aquí tienen una buena explicación de la dispersión del voto de izquierdas.

En Twitter: @Jarnavic

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