Parsimonia

Publicado el Jarne

La «buscona» colombiana

Al presidente de Extremadura, José Antonio Monago, le han sacado los compañeros de Público que cuando era senador pasó como gastos de representación política viajes personales a las Islas Canarias para visitar a su novia. La misma mujer mantuvo una relación con un diputado aragonés que ha dimitido por el mismo motivo. Por ello, algún medio ha retratado a Olga M. H., colombiana, como una buscona que cazaba diputados del PP.

Los parlamentarios en España pueden viajar a cualquier parte del país a cargo del Congreso. La razón es que para desempeñar su trabajo de forma adecuada deben desplazarse a cualquier lugar sin coste para ellos. Hasta aquí ninguna objeción. El problema es que estos gastos son totalmente oscuros. Nadie puede controlarlos porque se cree que los diputados deben tener la posibilidad de viajar a cualquier sitio de forma discreccional.

La opacidad es el caldo de cultivo perfecto para que la gente haga mal uso de un legítimo derecho. Este es un ejemplo más de los riesgos que encierra no tener un sistema claro y transparente donde podamos saber dónde están y qué hacen los diputados. Algunos miembros del PP han excusado estos comportamientos. Otros partidos han pedido que se publiquen las agendas y gastos de los diputados.

Sin embargo, puede que lo peor haya sido en enfoque que han hecho algunos medios sobre la mujer. La Razón mostró el sábado a la colombiana, Olga M. H., como una «cazadiputados». Algunos medios se hicieron eco del artículo que ya ha sido retirado. La noticia es una buena muestra de un machismo que todavía sigue latente a la hora de tratar los asuntos personales y la xenofobia, porque también se destacabađ su nacionalidad.

La noticia perfila a la colombiana como una especie de belleza que se alimentaba de hombres, sus pobres víctimas. Como si ella no tuviera ingresos propios y viviera de ellos, pese a que sabemos que trabaja en asuntos relacionados con el mercado inmobiliario. También se destaca su especial querencia por los diputados del PP. Quizá sea algo que se explique cuando sabemos que la propia Olga era afiliada al mismo partido.

Hay que decir que La Razón no representa a todos los medios españoles, que han tratado con más seriedad el asunto y se han centrado en el fondo político y han omitido los detalles innecesarios. Pero el incidente muestra que todavía pervive un machismo de baja intensidad y un racismo del que no se es consciente, porque las críticas iban contra el artículo por machista, pero no por xenófobo. Y es que a España todavía le queda mucho por avanzar en este ámbito.

En Twitter: @Jarnavic

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