Parsimonia

Publicado el Jarne

El olvido que seremos

Me obsequiaron con esta novela de Héctor Abad Faciolince por mi cumpleaños. La persona que me la regaló me dijo que se le habían recomendado. La verdad es que no le hice mucho caso, pero como soy muy cumplido con los amigos, empecé a leerla. Ayer, mientras iba a un curso en metro, terminé la novela con los ojos empañados en lágrimas.

Héctor Abad Faciolince cuenta la historia de su padre y su relación con él, Héctor Abad, médico, profesor, defensor de Derechos Humanos en la última etapa de su vida, padre, y ante todo, librepensador. Un hombre excepcional en muchos sentidos, aunque muy humano en otros. Abad murió tiroteado con 65 años -a quien le puede extrañar- en 1987.

El olvido que seremos describe al profesor Abad, un lector empedernido pero inconstante, reformista social, especialmente en políticas de salubridad e higiene, alegre de corazón y dicharachero, temerario por su ingenuidad e idealismo. Narra su viajes por el mundo gracias a la Organización Mundial de la Salud (OMS) en labores de asesoría o sus lucha constante frente a la injusticia. Uno más de los hombres inquietos, implacables con la pobreza y sus causas que ha dado Colombia.

El libro se quedaría cojo si sólo fuera la historia de un defensor de los derechos humanos. Lo que eleva la novela es el retrato de Abad padre y toda su familia, preñada de tristezas y alegrías, virtudes y defectos. El médico es un melómano, que repele el esfuerzo físico, al que le encantan las rosas que cría en su finca heredada de sus antepasados, amante de la belleza y del conocimiento.

Descubrimos la familia Abad Faciolince. Con una madre fuerte, practica y creyente, que era el perfecto contrapunto a su marido y que consigue crear una gran gestoría de negocios. Unas hijas -cinco hermanas por un hermano- luchadoras que prosperaron, aunque una se quedó por el camino. La muerte de Marta está narrada de una forma conmovedora, una de esas ocasiones donde al leer hierven las entrañas.

El autor también esboza el Medellín de los años 60 a los 80. Por allí pasa de refilón La Violencia con alusiones a Los Pájaros y las guerrillas liberales; se retrata una sociedad conservadora, beata y embadurnada en rancio catolicismo; la dureza del campo y la ganadería; una universidad conservadora que pasa a estar tomada por el marxismo; las mujeres que comienzan a trabajar y empoderarse y en los últimos años, esa balacera constante en la que se convirtió Colombia desde mediados de los ochenta para adelante.

Nos encontramos a lo largo del relato con personajes ilustres como Álvaro Uribe, expretendiente de unas de las hijas de Abad, con mal perder ayer y ahora y en los 80 senador liberal más centrista y centrado que el que conocemos. Aparece Carlos Gaviria, un  sobreviviente, como escribe Faciolince en la dedicatoria del libro, que huyó del país antes de que le hicieran un caja de madera a su nombre. También se deja caer Escrivá de Balaguer, aragonés, español y fundador del Opus y que llevó sus enseñanzas a Latinoamérica para cristianizar de nuevo las almas impías.

Una vez más, después de leer la novela, volvieron sensaciones que creía olvidadas. Colombia posee el raro don de fascinar y aterrorizar al mismo tiempo. Tiene una belleza salvaje, extrema, demoledora. Es capaz de juntar lo mejor y lo peor del género humano y mostrarlo de una forma natural sin que resulte contradictorio. Nunca terminaré de adaptarme, aunque El olvido que seremos invita a volver porque es un canto a la vida, pese a que también incluya la muerte.

En Twitter: @Jarnavic

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