Parsimonia

Publicado el Jarne

El Manifestódromo

He subido al autobús y me he vuelto a encontrar el mismo aviso. Debido a una próxima manifestación -de qué será esta vez-, se ve afectada la ruta de los autobuses. La Empresa Municipal de Transportes (EMT) cambia el recorrido y uno se puede volver loco para saber por dónde irá y parará el autobús. Y es que desde que la crisis asola España, las manifestaciones en Madrid son ya un clásico con el que hay que convivir. Algunos lo han empezado a llamar con cierta sorna, El Manifestódromo madrileño.

Es una costumbre desde tiempo inmemoriales. Para que una manifestación tenga mayor repercusión, hay que ir a la capital de tu país para que aparezcas en más medios y visibilizar protesta. Recordemos las marchas sobre Washington en EEUU durante los 60 para revindicar los derechos civiles o las más recientes en contra de la Guerra de Irak.

Lo mismo ocurre en Colombia, cuando se recorre La Séptima y se termina la marcha en la Plaza de Nariño. Esto lo recuerdo bien porque cuando estuve en Colombia estudiaba en el Rosario y cada día te encontrabas una manifestación diferente. Y ya algunos me contaron que estuvieron un mes sin clase el año anterior durante las movilizaciones de protesta contra la Ley 30.

El Rosario se encuentra en el recorrido natural de cualquier manifestación que desemboque en la Plaza de Nariño. Así que ante la posibilidad de cualquier incidente -parece ser que ya habían entrado antes los manifestantes en la universidad y habían tenido serios disturbios-, El Rectorado se limpiaba las manos antes de que ocurriera cualquier cosa y suspendía las clases para cerrar la universidad.

Y lo mismo ocurre en Madrid, ahora además ampliado por la crisis. Esta ciudad es el rompeolas de todas las mareas y protestas que ha habido en España. Hay varias manifestaciones todos los días por el centro de la ciudad con los motivos más dispares y en los lugares más emblemáticos. Ya se ha convertido en una estampa habitual ver a un par de guiris mirando el mapa de la ciudad junto a varios hombres ataviados con pitos y pancartas.

Los comerciantes de estas zonas se quejan de que con tanta manifestación se espanta a la clientela. Los turistas no se paran a ver los escaparates si hay un hombre con un megáfono gritando como un beodo. Los vecinos del centro están angustiados porque se hace a veces imposible llevar una vida normal con tanto policía y manifestante. Uno no sabe a qué atenerse porque le pueden cambiar de un día para otro el autobús que coge para ir al trabajo o que le hagan cacheos al salir de casa.

También se ha redoblado la presencia policial porque existen muchísimos organismos oficiales. Y casi todas las manifestaciones han sido pacíficas, pero ha habido disturbios graves en algunas. Las última fue el 22 de marzo, que acabó con más de 90 heridos y 30 detenidos. Todavía hay cajeros y escaparates rotos porque los enfrentamientos fueron muy violentos.

Tampoco la Policía se queda corta: Amnistía Internacional ha documentado en un informe actuaciones violentas por parte de los antidisturbios -ESMAD-, el uso abusivo de las multas para disuadir a la asistencia de los manifestantes o la falta de investigación de las denuncias por malos tratos.

Las autoridades quieren evitar a todo costa este tipo de imágenes. Quieren acabar con las comparaciones en la prensa internacional con Grecia, con disturbios o manifestaciones diarias por las calles de Atenas. Para ello se está tramitando una Ley de Seguridad Ciudadana – los críticos la llaman Ley Mordaza- más restrictiva con el derecho de manifestación. También nuestra querida alcaldesa ha propuesto que se trasladen las marchas y concentraciones a otros sitios y zonas de la ciudad. Nadie le ha prestado mucha atención.

Nada va a cambiar porque la Ley ya se ha llevado varios varapalos por su dudosa constitucionalidad. Tampoco creo que el gobierno haya medido bien sus consecuencias. Lo único que le queda a la gente es protestar porque la oposición está desaparecida, el país está vigilado estrechamente como deudor por la Troika y los mercados internacionales y no tiene pinta de que alguien esté dispuesto y tenga capacidad para romper con los consensos de los últimos 30 años. La intuición política nos dice que la protesta es una válvula de escape que es recomendable dejar abierta. Por el bien de todos, habrá que acostumbrarse a esta situación.

Aviso de que habría alteraciones en el recorrido de lo autobuses que pasan por el Paseo del Prado.
Aviso de que habría alteraciones en el recorrido de lo autobuses que pasan por el Paseo del Prado.

En Twitter: @Jarnavic

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