Parsimonia

Publicado el Jarne

El embaucador ataca de nuevo

Nuestro impostor preferido vuelve a las andadas. El pequeño Nicolás -aunque según hemos sabido prefiere que le llamen Fran- ha hecho dos entrevistas en las que ha contado sus supuestos devaneos con la élite política y económica. Las consecuencias: abrir los telediarios de medio país y que el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), la Casa Real y Vicepresidencia del Gobierno entre otros, hayan emitido varios comunicados negando que Fran hubiera trabajado para ellos.

Vayamos por partes. El sábado pasado apareció en El Mundo una entrevista partida que continuaba el domingo en las que Nicolás contaba sus aventuras de altos vuelos. Para darle más bombo al asunto, el mismo sábado también se acercaba a los platós de televisión de Telecinco en el programa en Un tiempo Nuevo. Programa que, por cierto, consiguió unos buenos datos de audiencia.

¿Qué contó en estas dos entrevistas? Bueno, algunas cosas que ya sabíamos. Alardeó de que intermedió entre la Casa Real y el sindicato que mantiene la acusación sobre la infanta, Manos Limpias, para que cesaran en la acción. Según Fran, trató de consensuar un acuerdo con Oriol Puyol, hijo del expresidente de la Generalitat y que está acusado de varios delitos. También estaba entre bambalinas en la operación de Eurovegas, un proyecto que se truncó finalmente pero que iba a construir una replica de Las Vegas en el continente europeo.

Que trató al matrimonio Aznar Botella. A José María le trataba de «José» mientras que a Ana Botella le corregía y prestaba sus mejores dotes como asesor político. Aseguró que estuvo con el presidente de la patronal madrileña y de la comunidad autónoma de Madrid y celebró su cumpleaños en el ático que está bajo sospecha. Por tener tenía hasta negocios con Miguel Ángel Moratinos en Guinea Ecuatorial, un exministro de Asuntos Exteriores socialista que ha confirmado que tuvo una reunión con él.

En esta trepidante vida como agente al servicio de España, a las ordenes de la Casa Real, la Presidencia del Gobierno o quien fuera, confesó que había visto de todo: incluso corrupción y drogas. Más polvareda ha levantado cuando habló de que el CNI -para el que trabajaba según su versión de los hechos- pinchó -chuzó- llamadas telefónicas de personas políticas relevantes. Esto ya son palabras mayores y la Abogacía del Estado ha tomado cartas en el asunto para ver si estas declaraciones pueden ser constitutivas de un delito.

De todas estos delirios de grandeza, hay muchas partes que son verosímiles, algunas son verdad y otras que son un completo disparate. Todo el relato está lleno de medias verdades. Es verosímil sus negocios con el exministro Moratinos, que se dedica a la labor de asesoría para las empresas que se quieren instalar en Guinea Ecuatorial. También le da más empaque a sus historias los selfies que tenía con todo tipo de autoridades o el título de marqués de Torneros, que existe pero no ostentaba y que utilizaba para ir a jugar al golf.

El mito se cae

De todas las críticas  e investigaciones que se han hecho sobre nuestro amigo, quizá el artículo más demoledor ha sido el que publicó Javier Ayuso en El País. Ayuso fue director de comunicación de la Casa Real hasta hace poco y sabe de lo que habla. Cuenta que por verano supo de las gestiones del pequeño Nicolás por un amigo. Llamó a Vicepresidencia del Gobierno para saber si trabajaba para ellos nuestro pequeño embaucador. A partir de allí, la Policía se pusó a investigar. Tiraron del hilo y desentrañaron toda la trama.

Los empresarios parece que han empezado a romper el silencio. El Mundo publicó el pasado lunes que Fran le había exigido 200.000 euros a un empresario y la explotación durante cuatro años del negocio por unas «gestiones» para abrir y regularizar su terraza, que operaba sin licencia en Chamartín, una de las zonas más caras de Madrid. En esa reunión también aparece el secretario de Estado de Comercio, J. García-Legaz, quien puso su despacho para la reunión en el Ministerio de Economía.

La cosa empieza a tener menos gracia porque nos recuerda a viejos episodios de corrupción como la operación Guateque. En España, los ayuntamientos se encargan de dar las licencias necesarias para abrir cualquier negocio. En Madrid, algunos permisos pueden demorarse hasta 2 o 3 años; una bala que mata cualquier negocio. Hay que agilizar esos trámites como sea porque terminas antes de empezar.

En ese mundillo, los conseguidores que conocen a los funcionarios y que trabajan junto a ellos tienen mucho trabajo.El pequeño Nicolás tenía buenos contactos en ese distrito y puede que consiguiera mover los papeles previo pago. Esas comisiones que pagaron alguna de las empresas a las que engañó explicarían como pudo mantener el ritmo de vida que llevaba nuestro amigo.

Al final, la historia de nuestro embaucador nos trae a la memoria los recientes casos de corrupción que hemos tenido y contra los que deberíamos ser implacables. Pero para uno que roba y nos hace gracia, pues nos quedamos con el cuento del pillo que engañó a los poderosos.

En Twitter: @Jarnavic

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