Parsimonia

Publicado el Jarne

Ajuste de cuentas con más de 30 años de cultura

Gregorio Morán es uno de los mejores periodistas españoles. Hace 35 años se la jugó sacando una dura biografía de Suárez cuando éste había ganado hace poco las elecciones, contó las miserias y grandezas del Partido Comunista de España y renegó de la Transición. En el último libro, El cura y los mandarines, ajusta cuentas con el mundo de la cultura y su relación con el poder, lo que le ha traído algunos problemas con la editorial Planeta, que en un principio era quien lo iba a publicar.

Morán es un hombre que no se corta, dice lo que piensa ni oculta lo que ha investigado. Para saber cómo ve las cosas no hay nada como leer todos los fines de semana sus Sabatinas intempestivas en La Vanguardia, el principal periódico catalán que publica la página Café Reggio. Allí reparte hostias a quien corresponda, está curado de espantos; escribe lo que se le pasa por la cabeza sin muchos miramientos. Sobre su capacidad para la investigación, se defiende sola leyendo sus obras, donde traslada lo que le han contado sin dejarse nada en la grabadora.

El cura y los mandarines es un ajuste con los popes de la cultura desde el 62 hasta el 96, el año en el que cae el gobierno socialista de Felipe González. Por las cerca de 700 páginas desfilan empresarios como Juan Luis Cebrián, ex director del El País y el presidente del grupo Prisa, algunos escritores de la talla de Antonio Múñoz Molina o Camilo José Cela -Nobel de literatura- o periodistas como Luis María Ansón, ex director de ABC. Hasta aquí nada nuevo, todos tienen sus historias. Son públicas pero no notorias, aunque uno si las busca las puede encontrar. El problema es cuando también recoge la vida de Víctor García de la Concha.

García de la Concha fue durante tres mandatos el presidente la Real Academia de la Lengua Española. Desde 2010 ha pasado a ser el presidente del Instituto Cervantes. Para Morán, el jefe del Cervantes es un «trepa», una persona con poca formación, pero con una gran capacidad para prosperar. El periodista sabe de sus andanzas desde los comienzos, porque García de la Concha y él son de la misma ciudad española, Oviedo (Asturias).

Las tensiones vinieron cuando, según ha contado a El Confidencial el periodista, Lara, el dueño de Planeta, le pidió que retirara las once páginas que se refieren a los académicos de la lengua y en especial al asturiano. Según Morán, el presidente de Planeta afirmó que García de la Concha era un «colaborador muy eficaz de la editorial». Morán vincula la petición de suprimir estas páginas con el contrato que tiene Planeta con el Instituto Cervantes, que le va a permitir a la editorial publicar el nuevo diccionario que se ha presentado hace poco.

En estos tiempos tan duros para el mercado editorial, nadie puede renunciar una tirada de unos cuatrocientos o quinientos mil libros o los que puedan venir, hay que estar a buenas con las instituciones. Por eso, según Morán, Lara pidió que pasara por alto las páginas de la discordia. El problema es que a él nunca le ha movido ni una coma y ahora que está mayor menos, así que se terminó la relación con Planeta.

Lo mejor de todo es que El cura y los mandarines llevaba anunciado desde hace tiempo. Ya se había enviado la promoción, había portada y contraportada e incluso se podía comprar por Amazon. Morán, que ya ha asegurado que tiene varias ofertas, ha dicho que lo publicará en otra editorial que le garantice una buena distribución.

En Twitter: @Jarnavic

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