Te vemos en tu regreso, devolviéndole al mundo un brindis por la vida. Agradecida por el tiempo revolucionario que no te detiene y en el que sobreviviste delicada, insistente, florecida, respirando, buscando tu centro.
Te vemos en tu regreso, devolviéndole al mundo un brindis por la vida. Agradecida por el tiempo revolucionario que no te detiene y en el que sobreviviste delicada, insistente, florecida, respirando, buscando tu centro.

Nos cobijan la misma tierra y ese cielo ardiente que te persigue hasta en las fotografías.
Sin saberlo, aprendimos juntas que las lágrimas no son fragilidad, sino abono oportuno para el camino, y que las madres acompañamos solo con la aspiración de que ustedes tengan aprendizajes menos invasivos para sus atormentados y temporales sentimientos.
Nos mostraste que querer es un mandato y una promesa.
Lo hicimos incluso cuando te vimos algo confundida, eso sí, siempre con una red extendida imbatible, cosida con principios que no se negocian, esa telaraña invisible que hoy da alivio a tu afán de libertad.
Ahora nos haces comprender mejor, que vivir no es solo estar, sino mantenerse: en los cambios, en la tormenta, en el crecer.
Y eres un alma viva admirable, porque en esa claridad, remueves estructuras y das un mensaje contundente: vale la pena percibir con fe las pequeñas cosas, pese a vivir en un tiempo tan brusco e insensible, tan falto del gozo de días improductivos que sumen al calendario.
Te vemos en tu regreso, devolviéndole al mundo un brindis por la vida.
Agradecida por el tiempo revolucionario que no te detiene y en el que sobreviviste delicada, insistente, florecida, respirando, buscando tu centro.
En este retorno, te celebramos. Más sonriente que nunca, más decidida, más dispuesta a bailar bajo las luces y las sombras, cruzando con precisión y sabiduría el camino, entusiasmada con tus pasos, revelando que quedarse es el acto pleno de la valentía, y que avanzar es moldear los miedos y vivir.
Regresas a tu destino, a tu tierra, cabalgando tus recuerdos.
Y no perdiste. Simplemente, recuperaste tu centro, grabando en tus ojos el paisaje memorable que quieres almacenar y que se dimensiona en el eco fabuloso de tu sonrisa, entre quienes sabemos que eres un alma viva.
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