Lloronas de abril

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La huella del viaje

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Por: Irina Juliao Rossi*

En la ventana vi reposar unos zapatos con sus pasos rotos.

Traían, pegadas a las suelas, espinas que agujeraron el camino, una piedra tallada y el rostro sereno de una flor desértica.

En una de sus puntas, aún había humedad, quizás, agua de río o tal vez, salinas de un arroyito de lágrimas secas.

También tenían arena brillante como cristales de luz que el viento despegaba con astucia, haciendo de ella, remolinos coloridos que sumaban kilómetros.

Por los pliegues del derecho, se asomaban inmóviles, cenizas de algún fuego que el izquierdo esquivó. Una huella de fósiles de ires y venires.

En el interior, alguna luz incipiente asomaba su perfil, una línea que cruzaba el orificio disuelto del cordón, un desamarre del destino.

Olían a viaje, a cruces de montañas, a miradas boscosas, a aliento de mar, a hambre de sol, a abrazos de luna, a despiste de vida, a sueño de carretera, a llanto de estrellas y a risa de brisa, dormida en los ojos.

Estaban rotos por dentro y por fuera, con suspiros inertes, pero con la risa de un niño, que reposa su andar, después de una vida de juegos.

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*Concepto fotográfico tomado de Joan Alfaro, surrealista andino.

 

 

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