Por: Adriana Patricia Giraldo Duarte
Hay vidas que nos permiten entender por momentos, las decisiones anticipadas.
Hay vidas en las que caminamos recordando lo superado, y paramos para ver cómo nacen los hijos vivos de las flores.
Escuchamos los logros del ausente y pensamos con insistencia en por qué no quedó más tiempo para el caos y la rendición.
Hay vidas en las que no es posible ser influyente, protestar, decidir, esperanzarse en otras horas. Momentos en los que todo es calma y precisión. El círculo perfecto del porvenir.
Y en esta, nos pusieron juntos, sobre las mismas rocas enterradas que muestran su mejor cara. Unidos para andar en línea recta, sin comprender el después.
Y terminamos de mojarnos con la brizna de la mañana, de oír una voz chiquita que deleita por su valentía. Vivimos el privilegio de regresar a la cama porque es festivo, sorprendernos con los rostros de las almas felices que guardan secretos, con los ojos de los desvalidos, con el llanto sobre su piel, con el deseo de quienes luchan por volver a perseguir la cola de un perro.
Hay días en los que llega un mensaje colectivo de vivir el hoy, de dejar atrás los juicios y los olvidos, las miradas esquivas, las palabras hirientes, la astucia equivocada.
Él tenía cuatro vidas. En todas fue vistoso, creyente, soñador, y flotaba siendo feliz entre los dormidos.
Él contó sus vidas. Unas veces fue astuto, excesivo, soberbio y confundido. En otras, amable, comprometido con lo único que su corazón podía defender.
Al final entendió que solo en el poder divino del amor dejamos de ser caníbales para confirmarnos dignos, humildes y demasiado humanos.
Adriana Patricia Giraldo Duarte
Las lloronas hablamos de todo lo que nos ocurre en la carrera de la vida: pasiones, amores, aprendizajes, sueños, dolores, esperanzas. Por eso este blog es un espacio para que rayes todo lo que escribes a solas. Se trata de descifrar ese femenino inagotable, sin culpas, sin adelantos, ni pretensiones diferentes a las de hallar el verdadero lugar de nuestro yo, a través de la escritura.
Es un ejercicio compartido que nos permite transformar la rabia en creatividad y la impaciencia en expresión, sin que tengamos que consolarnos o crear disculpas letales.
Envíame tu texto a
[email protected] para verlo publicado en Lloronas de Abril. Es hora de pensar en lo vistoso y sanador que pueden ser nuestros días, si dejamos atrás el falso consuelo que no nos pertenece. Revivamos este impulso. Hablemos como necesitamos hacerlo. Espero tu texto.