La Grazia de Paolo Sorrentino es una exploración exhaustiva del amor, la duda y la libertad personal.
La Grazia de Paolo Sorrentino es una exploración exhaustiva del amor, la duda y la libertad personal.

Me costó entender la película La Grazia trata del presidente de Italia, quien está a seis meses de dejar el cargo y se debate en firmar una ley y dos indultos que rozan la ética y la moral.
Aunque esta película del director Paolo Sorrentino explora “el vacío que deja el poder”, cuando la terminé de ver por primera vez sentí que no había entendido la subtrama.
Entonces, con papel y lápiz, me repetí La Grazia en Mubi porque había conceptos como la verdad, la duda y el vivir liviano que no pude describir.
El presidente Mariano De Santis, tiene seis meses para ordenar su vida, más que el país en sí.
En los primeros minutos de la película nos dejan claro que el presidente no es político, sino jurista, y que el manual de derecho penal que escribió trata sobre es escalar lo imposible, es decir, establecer la verdad.
Y es esta narrativa la que me parece maravillosa porque desde ahí se hila la relación con sus hijos, el amor hacia su esposa muerta, y la incertidumbre y la duda que le impiden dejar de pensar y pensar y llevar una vida liviana.
Constantemente, en la película le preguntan al presidente si está feliz de dejar el cargo y recuperar su libertad, y ¿de quién son nuestros días?
¿De quién son nuestros días?
No sé si la primera vez que vi La Grazia estaba cansada o pensando en otras cosas, pero no pude explicar con palabras esa vez cómo es que teje la relación entre las leyes y la humanidad. Según el presidente Mariano De Santis la ley siempre muestra le verdad de lejos, mientras que la vida muestra la verdad de cerca.
Y entonces, La Grazia es la belleza de la duda, la incertidumbre y la vida misma.
¿De quién son nuestros días? Parece una pregunta sencilla, pero pasamos tanto tiempo en hacer caso y estar pendientes de lo que piensan los demás, que nos perdemos el placer de vivir liviano.
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