Liarte: diálogo sobre arte

Publicado el Lilian Contreras Fajardo

Exposición “Yuruparí” rinde homenaje al documental etnográfico colombiano

El documental es un género audiovisual al que me he acercado en los últimos años. Siempre me ha gustado más la ficción enfocada en el drama, pero al escribir sobre la cinematografía colombiana he aprendido a ver el documental como herramienta educativa, de denuncia o de historias familiares que bien pueden ser universales.

Por eso, cuando me enteré de la exposición “Yuruparí, retratos de un pueblo”, no dudé en ir hasta el Centro Cívico de la Universidad de los Andes (donde está hasta el 18 de mayo) para ver esta muestra que rinde homenaje a “Yuruparí”, un proyecto audiovisual que es considerado como un icono de la televisión colombiana.

Para hacer un recorderis, “Yuruparí” fue una serie coproducida por Audiovisuales y FOCINE que durante sus emisiones entre 1983 y 1986 destacó tradiciones artísticas y culinarias, leyendas, danzas, atuendos, fiestas y costumbres de las distintas regiones del país. Obtuvo el Premio Nacional Simón Bolívar por ser el mejor trabajo cultural en televisión en 1986, y fue galardonada en el XXV Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias y en el Festival de Televisión de Cartagena, en 1985. Está disponible en RTVCPlay.

Al principio no sabía qué esperar de la exposición, y cuando fui me alegró ver el montaje que incluye fotografías de la realización, descripciones de dónde fueron tomadas y qué año y cada juego de imágenes cuenta con un código QR que te permite explorar más.

Así mismo, y cómo no, está la posibilidad de ver apartes de los diferentes capítulos de “Yuruparí”, pero fueron dos cosas las que más me gustaron: la línea de tiempo y las palabras destacadas.

La línea de tiempo comienza en los años 80 y contextualiza al visitante en la primera mitad del siglo XX, cuando la antropología experimentó con la imagen y el video nuevas formas de investigación, algo que inspiró a Gloria Triana para desarrollar “Yuruparí”. De igual forma, recuerda que en el 82 Colombia sufrió las actividades de la guerrilla, el narcotráfico y el paramilitarismo, al mismo tiempo que un sector de la población se preguntaba en cómo salvar y proteger la cultura popular y de distintas poblaciones, sobre todo de aquellas alejadas de las grandes ciudades, lo que se llama la periferia.

Al final de esta línea se nombra la creación de Señal Memoria con el objetivo de preservar el archivo audiovisual que es patrimonio audiovisual y sonoro del país; y justo se encargaron de restaurar “Yuruparí”, conservación que también lidera Proimágenes y la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano.

En cuanto a las palabras destacadas puedo decir que me gustó mucho porque, por un lado, te obliga a subir la mirada (ya que están escritas muy cerca al techo) y porque, como si fuera un zoom, uno debe acercarse y alejarse de la pared para ver todo, pero también para apreciar el detalle porque estas palabras destacadas están ligadas a las fotografías expuestas.

Aprendí, por ejemplo, que bishana es un alimento ancestral y representativo de la comunidad Kamëntsa del Valle del Sibundoy (Putumayo). Curaca es un término inca que significa cacique o gobernador, pilandera es el personaje femenino que participa en un baile de un carnaval, furruquero es quien interpreta el instrumento de origen indígena furruco y que la verbena generalmente se realiza de noche y está asociada a un santo.

 

Transmedia con QR

Como dije antes, “Yuruparí, retratos de un pueblo” cuenta con soporte multimedia al que se puede acceder vía código QR. Generalmente, yo los abro en mi celular pero los exploro en mi casa, así que cuando llegué del borondo abrí el link y me percaté que hay un sitio web que recoge la exposición por medio de los lugares: Cauca, Putumayo, Nariño, Meta, Casanare, Chocó, Bolívar y Atlántico-Córdoba.

Cada territorio tiene sus fotografías y textos que abarcan el legado, la cultura, la identidad, el arte, la tradición o la herencia. Es una oportunidad para ver la exposición si no se está en Bogotá o si no se tiene tiempo de ir hasta el centro.

Para hacer de esta exposición una experiencia más viva, los organizadores programan cada semana la proyección de capítulos o fragmentos de “Yuruparí”, conferencias y talleres.

El documental que se fusiona con la antropología y la etnografía dan la palabra a quien generalmente no aparece en televisión o en cine, y a los espectadores nos permite conocer otros estilos de vida que deben ser reconocidos para lograr la identidad nacional.

Pocos trabajos de este género llegan a la pantalla grande (recientemente se estrenó “Un grito en el silencio” de Priscila Padilla o “Cantos que inundan el río” de Germán Arango -Luckas Perro-), pero es cuestión de nosotros darles la oportunidad de verlos para alargarles la vida y mantener viva la historia y la memoria que en sí mismos preservan.

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