Yo no conocía el sonido que hace un radar o equipo diseñado para encontrar y eliminar explosivos, o desminar.

Me parece curioso y hasta descabellado que, a pesar de vivir en un país de eternos conflictos, ese sonido no esté grabado en mi cabeza.

Tampoco me había cuestionado sobre el suelo, su memoria y todo lo que esconde en sus entrañas, todos los secretos de la humanidad.

Sólo me di cuenta de estos vacíos cuando visité la instalación “Desminar” de Tania Candiani en Fragmentos, Espacio de Arte y Memoria y me dijeron que lo que se escucha en el ambiente responde a la información que un artefacto llamado ‘desminador’ recopila del suelo.

¿Cómo es que nunca me interesó lo que tiene por decir el piso?

La verdad es que, aparte de escuchar las hojas secas, el barro o los charcos, nunca me pregunté por los sonidos del suelo.

Pero dicen que el arte tiene el poder o la facultad de cambiar vidas o puntos de vista, y eso fue lo que me pasó con “Desminar” porque la artista y la curadora Gabriela Rangel proponen un “análisis topográfico” del suelo de la Plaza de Las Tres Culturas (Ciudad de México) y del suelo de Fragmentos (Bogotá).

La Plaza de Las Tres Culturas está ubicada en el Centro Histórico de Ciudad de México y allí, el 2 de octubre de 1968, ocurrió la matanza del movimiento estudiantil de Tlatelolco.

Por su parte, Fragmentos es un espacio cultural ubicado en el centro de Bogotá conocido como “contra monumento” porque lo importante es el piso, que fue elaborado con las armas fundidas que pertenecieron a las Farc y que fueron martilladas por mujeres víctimas de violencia sexual durante el conflicto.

Es decir, “Desminar” analiza la memoria de la Plaza de las Tres Culturas y de Fragmentos y propone un diálogo poético entre los hechos sucedidos en México y en Colombia.

Para lograrlo, traducen a imagen y sonido los datos o la “memoria de la violencia” recopilados por el ‘desminador’.

“Esta es una co-curaduría. Yo trabajé con la artista en un diálogo sobre la historia de Fragmentos, sobre la historia general del conflicto armado y la violencia; es una especie de metafísica de la violencia. Nosotras partimos de esos principios para armar el discurso, pero en realidad Tania Candiani es una persona que trabaja el uso, vamos a decir, crítico y poético de la tecnología y por eso me interesó mucho trabajar con ella”, comenta la curadora Gabriela Rangel.

El espectador o visitante de Fragmentos escucha la mayor parte del tiempo los datos de Ciudad de México pero, durante ciertos momentos de esta instalación, el sonido cambia.

No se apaga, pero la fuente es otra porque un mediador de la sala prende el ‘desminador’ y lee cada lámina de metal fundido de Fragmentos con el objetivo de “reconocer las dolorosas historias que guarda cada placa, donde cada grieta surgida durante el proceso de forja se extiende como una herida que clama verdad, memoria, justicia y reparación”.

Mientras el mediador está con el artefacto en un espacio delantero de Fragmentos, en la sala principal, ubicada en la parte posterior, se proyecta una videoinstalación de gran formato con las imágenes y sonidos extraídos.

El aparato usa una cámara provista con un microscopio para recoger con el lente los surcos e incisiones que conforman la topografía de Fragmentos. Entonces, el aparato encuentra las huellas que dejó la guerra y el espectador escucha el rastro sonoro de esas heridas.

“Las imágenes ampliadas de esa topografía parecen un territorio fracturado, tal como lo fue Colombia y lo siguen siendo otras geografías. Desminar/minar, el extractivismo minero también deja incisiones profundas en el territorio. La gramática de la escucha como herramienta de la memoria, pero también como herramienta para entender el presente. La pieza propone darle voz a la inminencia de la violencia para que deje de ser inaudible”, expresa Tania Candiani.

Puntos rojos, círculos azules, cuadrados grises… imágenes nítidas o borrosas se proyectan una y otra vez en la pantalla mientras el detector de minas es trasladado de un lado a otro, a veces con paciencia y a veces con afán, para que no quede ningún lugar sin rastrear y sin ‘hablar’.

En la sala delantera de Fragmentos está en ‘desminador’ y allí sólo se escucha el audio y se ve la acción de ‘desminar’.

En la sala posterior se escucha audio y se ve el video que resulta de la acción de ‘desminar’.

Las dos salas están conectadas por un pasillo (y un hermoso jardín) en donde está una vitrina que exhibe la Caja Libro o el libro de artista que contiene textos sobre la obra escritos por la curadora Gabriela Rangel, un storyboard de la artista Tania Candiani, grabados sobre impresiones del piso de Fragmentos y la Plaza de Las Tres Culturas, y un tornamesa que reproducirá un vinilo con las grabaciones del registro sonoro del suelo realizado durante las primeras semanas de la exposición.

¿Dónde y cuándo?

Fragmentos, Espacio de Arte y Memoria (Carrera 7 No 6b-30 Bogotá)
Hasta el hasta el 28 de julio de 2024
Horario: martes a domingo de 9:00 a.m. a 5:00 p.m.
Entrada gratuita

[email protected] – @LiarteconArte 

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