La tortuga y el patonejo

Publicado el Javier García-Salcedo

Mockus vs. Santos: una ocasión inusual

Me sorprendió—con algunos bemoles—ver a Piedad Córdoba hacer un llamado a la abstención o al voto en blanco durante los comicios del próximo 20 de junio, a través de su página web y de su twitter. Me temo que la senadora se equivoca burdamente (así como todos quienes contemplan esta lamentable disyuntiva) y que su llamado ilustra cuan poco serias le resultan las presentes elecciones y cuan poco seso le ha echado al asunto. Pues, no nos equivoquemos, la cita que tenemos este 20 de junio posee una importancia histórica inequívoca: a 199 años y 11 meses de haber proclamado nuestra independencia podemos, nosotros ciudadanos de abajo, ponerle un ‘hasta aquí’ no-violento al tradicional imperio de la clase política colombiana.

Hasta donde sé no hay un evento comparable a éste en la historia de este país. Para comenzar, en ninguna otra elección presidencial se habían confrontado en segunda vuelta perfiles políticos tan disímiles. Santos, hijo de la crema y nata bogotana y hombre acostumbrado al poder, es un político sagaz y camaleónico que a buena hora supo arrimarse al palo uribista y proyectar una imagen de hombre fuerte gracias a su muy publicitado desempeño como ministro de defensa. Mockus, por su parte,  oriundo de una clase media ilustrada y homo academicus por vocación, llegó a la política casi por azar y abanderando un proyecto independiente al cual, como ilustra su reciente desencuentro con el Polo, sigue siendo fiel. Pero no solamente los perfiles y las carreras de estos candidatos son casi antagónicos; también el espíritu de sus programas y campañas camina por senderos opuestos. Santos propone una continuidad con respecto a las políticas implementadas por Uribe que le granjea gran parte de la simpatía que todavía despierta éste entre los colombianos y en las altas esferas del poder. Mockus, a contrapelo, propone una revisión de fondo de los métodos con los cuales las clases políticas tradicionales (incluido, por supuesto, el segmento uribista) han hecho prevalecer sus intereses (‘no todo vale’), cosa que lo hace acreedor del rechazo masivo por parte de éstas y de los sectores conservadores de la sociedad, ligados naturalmente a ellas.

Sin embargo, y pese a las apariencias, no todas son buenas noticias para Santos. La primera vuelta presidencial demostró que una ‘alianza ciudadana’ espontáneamente asociada en torno a un concepto común—la legalidad—es lo suficientemente vigorosa como para llevar a segunda vuelta a un candidato que hace apenas tres meses (!) parecía un pigmeo en el panorama de los presidenciables. Algo nuevo está sucediendo en Colombia. Toda esta gente está mandando un mensaje. “Las maquinarias también—y bastante claro”, dirán ustedes. Es cierto, pero eso no es algo nuevo. Lo nuevo es que un candidato proveniente de la academia fuerce la justa electoral hasta un segundo round, basándose casi exclusivamente en su calibre moral y en un programa enfocado hacia la recuperación de la credibilidad de las instituciones mediante el saneamiento del quehacer político[1]. Así las cosas, el duelo Santos vs. Mockus se antoja un duelo entre el ‘país político’ y el ‘país nacional’ (la distinción es de Gaitán), entre las maquinarias políticas y una ciudadanía súbitamente empoderada, atrevida. (La reciente huída en masse de liberales y conservadores a filas santistas confirma este diagnosis.)

En este contexto, respaldar el voto en blanco o la abstención en los próximos comicios es un acto de indirecta complicidad con el régimen de cacicazgo que hemos tardado dos siglos en acorralar. Manifiesta cortedad de miras; manifiesta cerrazón ideológica; manifiesta fatuidad. Significa darle la espalda no solamente al noble impulso transformacional conocido como ‘Ola Verde’, sino a la oportunidad histórica de decirle ‘ya basta’ a la mafia política colombiana. Un movimiento ciudadano y transparente ha llevado a un tipo inteligente y pulcro a encarar al delfín de un régimen corrupto. ¿Qué tanto nos impide tomar lo que a todas luces es la decisión adecuada?


[1] Agradezco a mi colega S. Rudas por una observación que me hizo reformular una primera versión de esta y otras frases.

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