La tortuga y el patonejo

Publicado el Javier García-Salcedo

Escepticismo y relativismo

En la zona de comentarios de la entrada anterior (“¿Por qué un blog de filosofía en El Espectador?”) leí algo que me pareció podría dar pie a una pequeña e interesante discusión filosófica. A continuación cito el fragmento en cuestión, cuyo autor es el usuario alias «sablemocho»: «Bien por una ventana en donde se invita al sano escepticismo, a saber que todo es relativo y que aun la verdad mas «absoluta» tiene un menos». Lo primero que debo decir es que me procura satisfacción saber que sablemocho juzga buena la existencia de este blog. Sin embargo, quisiera hacer una aclaración con respecto al sentido del escepticismo al que mi anterior entrada invitaba.

Sablemocho hace una amalgama entre el escepticismo y la posición según la cual «todo es relativo» que, me parece, es desafortunada. Para mostrar por qué, permítanme hacer una distinción muy general con respecto a las actitudes que podemos tener ante una determinada oración. (Consideraré que una oración es un ítem lingüístico capaz de ser verdadero o falso, como por ejemplo «Julio César cruzó el Rubicón en el año 49 A.C.».) Una actitud “oracional”[1] muy difundida es la creencia. Cuando creemos una oración le damos nuestro asentimiento, o le damos crédito, a esa oración. Como se puede apreciar, la creencia posee un carácter fundamentalmente afirmativo[2] que se manifiesta en el hecho de que al creer una oración asumimos que esa oración es verdadera y que su negación es falsa. Si yo creo que Platón fue gordo en un determinado momento de su vida, entonces estoy asumiendo que Platón no fue flaco en ese mismo momento de su vida.

Otra actitud importante es la duda. La duda tiene la peculiaridad de ser una actitud que no posee un carácter asertivo con respecto a la oración que se ha puesto en duda. Por el contrario: la duda mina el crédito que le damos a una determinada oración en un determinado momento. Ahora bien, supongamos que yo dudo, o soy escéptico de, que Dios exista; ¿significa esto que le doy crédito a la oración «Dios no existe»? No; dudar que Dios exista significa solamente pensar que no se posee la evidencia suficiente para creer que Dios existe, lo cual no es equivalente a pensar que se tiene la evidencia suficiente para apoyar que Dios no existe. Por tanto, cuando uno duda una oración uno no está necesariamente dándole respaldo a la negación de esa oración, pues uno puede muy bien dudar que Dios exista y también que no exista. Esto lo expresamos cuando decimos que no sabemos si Dios existe o no. Desde luego, podría ser que, después de todo, lo más acertado fuese creer que Dios no existe; empero, para establecer tal cosa sería necesario mostrarle al escéptico que tal creencia se encuentra también desprovista de dudas razonables. Si esto no se logra, ni tampoco se logra establecer que Dios sí existe más allá de toda duda razonable, entonces el consejo del escéptico es que nos mantengamos en la duda—que no creamos ni la oración «Dios existe» ni la oración «Dios no existe». En jerga filosófica, esta actitud se conoce como la suspensión del juicio.

Ahora podemos volver al comentario de sablemocho y entender por qué su amalgama entre escepticismo y relativismo es desafortunada. El relativismo radical que sablemocho parece promover se basa en la idea de que la verdad de una determinada oración es siempre relativa a un contexto—a una persona, a una cultura, a un lenguaje, etc. No obstante, en la medida en que se basa en el afirmación de la oración «todo es relativo» (o de la falsedad de «hay algo que no es relativo»), su posición tiene muy poco de escéptica. Puede ser que sablemocho tenga buenas razones para dudar que haya algo que no sea relativo, no lo sé. Sin embargo, el paso de la duda acerca de si existe algo que no sea relativo a la creencia de que todo es relativo es el paso del escepticismo al no-escepticismo, o al dogmatismo, en términos técnicos. Y ese paso es algo que sablemocho no ha justificado, algo que dejó pendiente.

Pues bien, antes de cerrar esta entrada quisiera ofrecer un sencillo (aunque, me parece, eficaz) argumento en contra del tipo de relativismo que sablemocho parece abanderar. Como vimos, la idea de sablemocho parece ser que no existen verdades absolutas, en el sentido en que la verdad de una oración es siempre relativa a un determinado contexto (a una persona—“lo que es verdad para mí es falso para ti»—, o a un pueblo—»lo que es verdad para nosotros es falso para ellos»—, o a un tiempo, etc.). Supongamos que esto es verdad; ¿qué decir, entonces, de la oración «todo es relativo»? ¿Es su verdad también relativa, o no? Si no lo es, entonces «todo es relativo» es una verdad absoluta. No obstante, si «todo es relativo» es una verdad absoluta, luego es falso que todo sea relativo. Contradicción. Supongamos ahora que la verdad de «todo es relativo» es relativa. En tal circunstancia, sería relativo que todo es relativo, lo cual significa que en ciertos contextos sería verdad que todo es relativo, y en otros no. Pero entonces no todo sería relativo, puesto que habría contextos en los que no todo es relativo. Por tanto, si asumimos que la verdad de la oración “todo es relativo” es relativa, entonces se hace necesario concluir que es absolutamente falso que todo es relativo. De nuevo, contradicción.

La conclusión de este argumento es que la idea misma de que todo sea relativo resulta indefendible, pues es auto-refutatoria. Ojo: esto no significa que todo sea absoluto—lo que sea que ello quiera decir. Significa que hay al menos una cosa, una oración, cuya verdad no es sensible al contexto. (El mismo razonamiento se aplica, mutatis mutandis, al concepto de “falsedad”.) Y una de estas oraciones es, precisamente, “no todo es relativo”.


[1] El término usual en filosofía es «proposicional».

[2] El término “asertivo” sería más indicado, pues especifica que la actitud en cuestión está dirigida hacia (la verdad de) una oración.

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