En contra

Publicado el Daniel Ferreira

El sombrero de José María Córdova

En octubre de 1829 el general José María Córdova se sublevó contra el gobierno de Bolívar, en Antioquia. Tal decisión parecía confirmar su participación en la conspiración de septiembre del 28 para asesinar al presidente (nunca probada). Soliviantó a un ejército de reclutas y ocupó el altiplano de Rionegro al considerar que sustituir la Constitución de 1821 era instaurar una tiranía. De Bogotá partió a Antioquia el general O’ Leary con el batallón Rifles para reprimir la sublevación. José María Córdova quien fue subalterno de Serviez y Santander en la campaña del Arauca y Apure y formó parte del Estado Mayor de Bolívar en Angostura, que se batió en Pisba y siguió a las tropas de Barreiro hasta la rendición española en el puente de Boyacá, que participó en la liberación de su provincia natal, Antioquia y luego en el sitio de Cartagena y en la liberación del Magdalena, la de Panamá y luego pasó a la campaña del sur bajo las órdenes de Sucre, con cuyos hombres arrasó a Pasto, ganó en Pichincha para liberar a Ecuador y dio la carga decisiva en Ayacucho para librar al Perú y el Alto Perú (Bolivia), dio su vida en Santuario, Antioquia, protagonizando así la primera guerra civil que anunciaba la disolución inminente de La Gran Colombia y que anticipaba las guerras civiles porvenir.

¿Cómo es que un militar, monumentalizado en prócer por sus acciones a favor de la libertad de un pueblo, acaba desprestigiado por su última acción que pareciera contradecir sus anteriores hazañas heroicas?

Jandey Marcel Solviyerte ha escrito la novela El sombrero del general, basándose en la vida y muerte de José María Córdova, dando respuestas a esta incógnita (respuestas literarias, porque la literatura siempre puede responder a la historia).

El estilo de la novela se ordena como una crónica histórica focalizada en la figura de Córdova. El relato biográfico traza un contrapunto cronológico con la efeméride permitiendo seguir paso a paso las acciones militares de los americanos patriotas desde el desembarco en 1815 del «pacificador» español Pablo Morillo quien encabezaba la expedición que buscaba recuperar para la corona del rey Fernando VII las provincias Capitanía General de Venezuela y La Nueva Granada perdidas para España desde 1810. La crónica sigue entonces los movimientos de ambas fuerzas durante la proclamada por Bolívar “Guerra a Muerte”, pasando a la campaña del Arauca hasta la liberación definitiva de la Nueva Granada en el Puente de Boyacá, luego sigue el sitio de Cartagena, la campaña en Quito y Perú y cierra con la rebelión del general Córdova contra la presidencia plenipotenciaria (dictadura) de Bolívar.

La minuciosidad de los hechos históricos, como las descripciones de los movimientos militares, órdenes y acciones decisivas en las batallas principales de la campaña libertadora como Pisba, Pichincha, Bomboná, Ayacucho, los espacios geográficos construidos con imágenes homéricas, los detalles poéticos de los escenarios más agrestes de los llanos, cordilleras, selvas, páramos y punas andinas y la reconstrucción imaginaria de escenarios domésticos y palaciegos, sumando todo esto al perfil, ideales y carácter de los personajes históricos de quienes fueron los fundadores de las cinco naciones libertadas por los ejércitos de Simón Bolívar, permiten la construcción de una novela histórica en toda regla. Si bien el intento del autor por ofrecer síntesis de datos históricos con el fin de dar explicación a una secuencia de acciones va ralentizando la narración y dilata el seguimiento del personaje principal, la novela consigue un efecto más interesante que el de solo narrar la vida de Córdova: consigue una interpretación libre (aunque fundamentada) de lo que pudieron ser las sucesivas componendas federalistas y centralistas, santanderistas o bolivarianas, que dieron nacimiento a La Gran Colombia y luego paso a la desintegración, en cinco naciones, que son ahora las repúblicas de Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú y Bolivia.

Hay personajes históricos en los que se percibe cierta animadversión, como en Manuela Sáenz descrita como una intrigante palaciega, o los edecanes extranjeros de Bolívar, que conforman una cohorte de emisarios de las potencias europeas que alimentan la fantasía de una monarquía americana. El enemigo de la España Imperial, los jefes militares, es observado con imparcialidad, sin aplicar anacronismos o chovinismo contras las huestes y sus protagonistas históricos. Los excesos de ambos bandos, las degollinas patriotas como la espantosa de Tenerife, o la masacre que cometieron los españoles contra los pueblos inermes de Charalá o los tres años del régimen del terror son mencionados como las manchas más sangrientas de la efeméride nacional. La novela no escatima ni suaviza las manchas y cicatrices de la campaña libertadora. La masacre de Pasto (Noche de los Rifles, 1822) y la Nefanda noche septembrina son hechos expuestos con lupa sobre detalles no precisamente esclarecedores (porque las fuentes históricas del autor pueden ser controvertidas) pero es valioso el esfuerzo por tocar factores determinantes y aproximarse a las fuentes directas, las cartas y ordenanzas, para buscar el trasfondo de los hechos. Hay un maniqueísmo que convierte un desacuerdo político en tensión dramática. La constitución dictatorial de Bolivia impulsada e impuesta por Bolívar con todo tipo de componendas como mecanismo legal para hacerse a un absolutismo andino y poder gobernar el inmenso país de La Gran Colombia, y la defendida constitución de Cúcuta, legalista y federalista refrendada por Santander pareciera ser el factor que según esta versión novelada de la historia dio paso a la disolución de la segunda república. Una tesis que los historiadores reaccionarios y bolivarianos intentarían refutar, si acaso leen esta entusiasta novela santanderista. Lo irrefutable es que la campaña libertadora arrebató el territorio al yugo imperial europeo (tal como es narrado) y aunque después se haya fraccionado la república por otros factores, como la ambición de Páez y Flores y el expansionismo peruano y la muerte de Sucre, el no acordar una carta constitucional que expresara los principios que llevaron a la independencia fue una constante que marcaría el tiempo de guerras civiles subsiguiente al tiempo evocado en la novela.

La Gran Colombia, el país naciente de las ex colonias españolas, se tornó un nido de conspiraciones a solo cinco años de la campaña libertadora. La constitución de Bolivia redactada por Bolívar, como sustitución de la constitución de Cúcuta (1821), fue uno de los hechos que hicieron que fuera una quimera la consolidación de la unión. Los federalistas liberales encabezados por Santander y la cohorte reaccionaria de que se rodeó Bolívar hicieron irreconciliables los fundamentos constituyentes de los pueblos reunidos en una entidad territorial supranacional que abarcaba desde el istmo de Panamá y el Caribe, pasando por los Llanos del Orinoco, las cordilleras, hasta las nieves perpetuas del ande en el alto Perú y las selvas de Bolivia. Tal era la envergadura del territorio descolonizado. Un país de tal inmensidad habría podido convertirse en una potencia moderna, pero se atomizó dando paso a cinco naciones que enfrentaban solas los desafíos de convertirse en pueblos libres y asumir sus propios destinos históricos.

Córdova es el héroe de la novela. Su heroicidad deriva de la habilidad y desempeño como militar en la campaña libertadora, dando cargas decisivas y acumulando experiencias tácticas que harían escuela. Otros personajes históricos, por contraste, resultan en la novela héroes con pies de barro. La figura de Bolívar, su habilidad como militar, es cuestionada y en episodios que coinciden con hechos de la historia, puesta en duda; su proceder es cuestionado con alusiones a cartas y documentos donde otros generales le recriminan acciones fallidas o caprichos soberbios que se contaban en vidas; lo delicado y controvertible resulta de las acusaciones de traiciones patrióticas, como entregar al precursor Miranda a los españoles, o ser partícipe de acciones degradantes de la campaña: participar en matanzas cuando no estaba presente como la masacre de Pasto; se le cuestiona el ordenar retiradas en momentos en que (según la táctica novelesca) se debía ordenar avances y retiradas, teniendo como saldo un costo en vidas al que el libertador era indiferente, como si los cálculos de una acción de guerra pudieran valorarse desde el presente tomando por base evidencia histórica y no el momento en que las acciones bélicas estaban desarrollándose. De todos modos, la figura de Bolívar es tan fantasmal como ambivalente, un libertador de pequeña estatura pero con ínfulas imperiales, ensalzado y bañado en epítetos con oxímoron adjunto, con lo que se le demerita ensalzándolo y resulta controvertido en sus ordenanzas por los subalternos como Santander, Páez o Serviez. El Bolívar de esta novela es el libertador pero después de la campaña deviene en un presidente tirano, un héroe cuya gloria y creación se le escurre como arena en las manos. En cambio, el narrador omnisciente propone a Córdova en otro nivel de empatía, mostrándolo como uno de esos muchachos entusiastas que forjaron la patria dando a cambio la vida. Forjado en el crisol de la guerra, el Córdova de esta novela fue valeroso, leal y eficaz en la batalla, todo un patriota a quien impulsaba el anhelo de libertad y no la venganza, sujeto a pasiones humanas y exonerado de crímenes de guerra como la masacre de Pasto o el asesinato de subalternos por actos más de soberbia que del servicio. Córdova es el héroe reivindicado, pero hay cosas que enlodan una vida y la dejan marcada para siempre.

Decidida la campaña libertadora con el triunfo de Bolívar en Boyacá, se creó La Gran Colombia. A la unión de Venezuela con La Nueva Granada se sumó la de Panamá y Ecuador. Más adelante, tras la derrota del Virrey del Perú, la constitución de Bolivia permitió a Bolívar gobernar el Alto Perú (Bolivia) por la interpuesta presidencia de Sucre y, luego de la intervención militar en el Perú (que ya independiente de España había anexado territorio que perteneció a la Real Audiencia de Quito, Ecuador), buscar un gobierno centralista que alcanzará a regir fugazmente los destinos de lo que serán cinco naciones. El sueño de Bolívar de construir una gran nación que se situara en el mapa político del mundo de igual a igual con las potencias, La Gran Colombia, duró una década, desde el Congreso de Angostura en 1819 y la constitución de Cúcuta en 1821 hasta la separación de Venezuela en 1829. El sombrero del general, de Jandey Marcel Solviyerte, es una novela que permite al lector situarse en la perspectiva de aquella época bélica y las distintas tensiones del ámbito político que campeaban cuando el destino histórico de la nueva nación, La Gran Colombia, se gestó. Una singular epopeya, la gesta y caída de Córdova, que guarda una metáfora inquietante sobre la libertad: si se conquista, ha de ser para todos.

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El sombrero del general*, Jandey Marcel Solviyerte, Ediciones Cosa Nostra & Ediciones Letra Dorada, 2020.

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