En contra

Publicado el Daniel Ferreira

El jinete extraviado

El jinete extraviado, de Camila Bordamalo. 2015. Reseña.

el jinete extraviadoCepeda Samudio definió el cuento como la irrealidad de la realidad. Lo hace en un breve ensayo que figura al final de En el margen de la ruta, su compilación de periodismo. También distingue ahí el cuento del relato y despeja el género de redundancias en frase hechas como cuando uno dice “cuento moderno”. Si el relato se concentra en un hecho, el cuento se desarrolla dentro del hecho mismo. Si uno acepta esta definición de cuento de nuestro mayor cuentista, El jinete extraviado de Camila Bordamalo se sitúa en la tradición del cuento puro.

Por la distorsión de la realidad en que están inmersos los personajes, por la elasticidad del tiempo, por la selección de los escenarios narrativos que pueden estar situados en espacios privados o en las antípodas de Colombia, por apelar al sujeto colectivo en narraciones urbanas despersonalizadas (el sistema de transporte, las filas bancarias, el andén), por la multiplicidad de los temas que provoca una contingencia (el karma, el caos, la catástrofe, la vida amorosa, los viajes, Bogotá), por el uso de juegos de espejo donde un historia contiene otra, por su inclinación al catálogo, de oficios raros (ferroviarios, coleccionistas, mochileros), de caracteres humanos anómalos, de obsesiones gastronómicas o conceptuales (el “si mismo”, el cotidiano acto de tomar café), por esas imágenes que por sí solas contienen ya espacio y tiempo y conflicto y personajes (hormigas congeladas a propósito, la circulación del dinero en las constelaciones familiares femeninas, aquella casa atemporal por la que se escurre el tiempo), por todo eso los cuentos de Camila Bordamalo son estrategias de aproximación a la circunstancia.

La circunstancia puede ser lo cómico que envuelve una situación dramática, lo catastrófico que no se puede predecir, lo extraordinario que rodea cualquier viaje, lo fantasmagórico que vive en cualquier casa, lo truculento de las obsesiones mentales. Estas circunstancias siempre se completarán en el lector, no en el cuento, que parece inacabable. Este efecto crea contrastes dramáticos, simbologías inversas, crea pluralidades de sentidos posibles.

Enumero observaciones sueltas que se me ocurrieron al leerlos. Una casa puede convertirse al mismo tiempo en un refugio contra el apocalipsis y una trampa sentimental. Un desplazamiento por la ciudad puede absorver distintas vidas y distintos personajes. La obsesión puede ser una telaraña. Las paranoias son limitaciones del sujeto frente a su realidad. Los personajes más etéreos y fugaces de la vida cotidiana pueden hacer que el sujeto que los contempla llegue a dudar de su propia existencia en una dimensión física. Un viaje puede provocar una transformación psíquica. Un cuento puede tratar sobre el propósito de hacer un cuento, o sobre la negativa a hacerlo, o sobre las posibilidades múltiples para narrar un hecho del pasado imaginándolo como un acto del porvenir.

El cuento breve provoca grandes desafíos conceptuales. Tal vez porque se niega a ser encasillado en categorías literarias que lo abarquen (ver Ficción Súbita, Anagrama). De su cercanía con la poesía (por el modo de observar), o de su vecindad con las viejas fabulas morales o parábolas bíblicas (que juntas suman una larga tradición) el cuento breve ha eliminado la moraleja o enseñanza implícita. Sobre su extensión también se pueden entretejer muchas teorías literarias que resultarán insuficientes. El cuento breve no se define por una cuestión de longitud narrativa. Es una estrategia de aproximación al magma del pensamiento, de la percepción, del significado cambiante de las cosas.

Italo Calvino anticipó varios caminos por los que transitarían las narraciones de nuestro milenio. La primera de ellas era la rapidez. Pero la rapidez no resulta de la brevedad como pareciera, sino de la densidad expresada brevemente. Esta es una característica general de El jinete extraviado: la densidad de las piezas.

En uno de los cuentos de este libro, Conocí al máximo jefe de la mafia, Camila Bordamalo logra cuestionar todos los disfraces, prejuicios, las dobles caras, el envés y doble sentido que pesa sobre el vocablo gastado “mafia” y sugiere de modo indirecto que hay múltiples significados para la misma idea. Este cuento parodia un reportaje a un mafioso singular que reproduce todo el sistema de la mafia en su afición por los encendedores. El efecto que provoca, puede indicar que no hay significados establecidos, significados que no estén constantemente en mutación, en este mundo. Solo hay posibles lecturas, posibles escrituras, posibles definiciones, o posibles realidades.

Tal vez el resultado caótico de la realidad nacional reside en eso: la imposición de las significaciones únicas. La literatura una vez más puede dinamitar ideas estáticas y el orden de la vida con unas pocas palabras.

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