Ella es la Historia

Publicado el Milanas Baena

Simone Veil (1927-2017)

Marcada por el holocausto, Simone Veil jamás pudo olvidar los estragos que padeció en el campo de concentración nazi de Auschwitz: “Sesenta años después todavía me atormentan las imágenes, los olores, los gritos, la humillación, el viento y el cielo lleno del humo de los hornos… desde 1945 estoy desprovista de ilusiones”. Estaba destinada a sobrevivir para encarnar grandes empresas: tras el alcance de sus logros y hazañas sería recordada con respeto por Francia y el mundo, como esa mujer a la que el presidente Macron honraría después de su muerte, diciendo que Simone Veil había “encarnado los valores más elevados y lo mejor de Francia”. En sus últimos años de vida fue galardonada con el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional, por ser la mujer que personificaría la batalla “por la defensa de la libertad, la dignidad de la persona, de los derechos humanos, la justicia, la solidaridad y el papel de la mujer en la sociedad moderna”. Sin embargo su ruta no estaría exenta de obstáculos y avatares que bien pudieron haberla detenido en su camino, como fue el caso de sus padres y hermanos, quienes no lograron sobrevivir al exterminio judío. Antes de haber sido deportada al campo de concentración, Simone ya había conseguido el título de bachiller, por lo que decide continuar con sus estudios universitarios, toda vez que ha sobrevivido a la guerra. Incursiona en el mundo del Derecho y las Ciencias Políticas, y es entonces cuando conocerá al amor de su vida, Antoine Veil, un año mayor que ella, y con quien contraerá matrimonio a la edad de los 19 años, y con quien permanecerá hasta ese momento lejano en el que tuvo que ser la muerte quien finalmente los separara. Comienza a destacarse durante la guerra de Argelia, donde empezó a revelar su carácter enérgico y combativo en pos de los derechos humanos de los prisioneros de guerra. A finales de los años sesenta empieza a ocupar puestos públicos en diferentes ministerios, y unos años más tarde, durante el gobierno del primer ministro Jacques Chirac, Veil se convierte en la primera ministra en la historia de Francia. Durante los próximos años ejercerá como ministra de Salud, Seguridad Social y Familia, pero su lucha política más destacada, y por lo que sería finalmente reconocida en todo el mundo, sería su lucha por la promulgación de la ley que permite a las mujeres ejercer su derecho a interrumpir voluntariamente el embarazo. Años atrás había aprobado una polémica ley que permitía el libre acceso a los preservativos, sin embargo la legalización del aborto comportaba una polémica mucho más profunda y visceral, por lo que en adelante Veil sería objeto de insultos y amenazas, como lo evidencia ese mensaje que alguno rayó en las paredes de su casa: “Veil = Hitler”. Por sus posturas para defender lo que ella consideraba un derecho de la mujer a elegir sobre su propia vida, sería atacada por los más altos jerarcas de la iglesia católica, así también como por los más altos rangos de la comunidad judía. “No podemos seguir cerrando los ojos ante los trescientos mil abortos que, cada año, mutilan a las mujeres de este país, que ofenden nuestras leyes y humillan a aquellas que los padecen”, decía Veil unas semanas antes de conocer las decisiones del órgano legislativo. Para 1975, y tras largos debates que derivaron en una tensa y apretada votación, la mayoría de los legisladores favorecieron la lucha de Veil, y a pesar de sus tantos detractores, acabaron por aprobar la ley que despenalizaba el aborto en Francia. Sus enardecidas declaraciones le valieron el reconocimiento de una mujer temible con una seguridad inflexible, una combatiente implacable a la hora de argumentar y defender sus posicionamientos, sin dejar de lado esa belleza felina y una actitud maternal que terminaba doblegando a cualquiera. En 1979 fue elegida presidenta del Parlamento Europeo de Estrasburgo durante las primeras elecciones por sufragio universal, cargo que desempeñó hasta completar con éxito su cuatrienio. Para finales de los años ochenta Veil se había convertido en una de las figuras más populares de Francia, pero no sería sino hasta comienzos de los años noventa cuando retornaría al entorno político, asumiendo esta vez el mando del Ministerio de Justicia, y años después fue nombrada ministra de Sanidad y de Asuntos Sociales. Desde 1998 y hasta 2007 sirvió como miembro del Consejo Constitucional de Francia, y en adelante no se detuvo en lo que fueron sus causas más notables: velar por los derechos de la mujer y reivindicar la memoria del pueblo judío. En 2005 se conmemoró el sexagésimo aniversario de la liberación de Auschwitz. La intervención de Veil con su discurso, homenajeando a las víctimas del holocausto y haciendo una denuncia de las crueldades de la guerra, sería para muchos una contradicción en el pensamiento de alguien que fuera la encargada de liderar el movimiento en pro del aborto, tal cual lo expresó un líder de la comunidad judía: “Ella es una de las principales responsables de una destrucción en curso de la vida humana que excede por mucho a la de los nazis”. A pesar de todo esto Simone nunca se detuvo. En su historial se suma un incontable prontuario de distinciones y premios. En 2008 es invitada a ser miembro de la Academia Francesa. No le interesó ocupar el cargo presidencial, sabía que su labor había sido cumplida y sus esfuerzos se habían consumado en hechos fructíferos: “El hecho de haber construido Europa hizo que me reconciliara con el siglo XX”. Supo bien por qué luchaba. Mantuvo como símbolo una espada en la que estaban grabados el número “78651”, que nunca quiso borrar de su antebrazo; el lema de la revolución francesa: “Libertad, igualdad y fraternidad”; y la proclama insignia de la Unión Europea: “Unidos en la diversidad”. Sus intensos ojos azules se apagan a la edad de los 89 años; cuatro años antes había muerto su esposo Antoine. Nos deja un legado ejemplar de la lucha inagotable. Así dijo la carismática y hermosísima Veil: A pesar de un destino difícil, soy, sigo siendo una optimista. La vida me ha enseñado que con el tiempo el progreso vence siempre. Es largo, es lento, pero en definitiva, en él confío”.

Simone Veil

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