El padre de Perséfone no era ni más ni menos que el gran dios Zeus, y a cuya hija Hesíodo describe en su Teogonía como una doncella de brazos blancos, ojos cristalinos y cabellos dorados, dotada de una increíble belleza, capaz de enloquecer hasta el mismísimo demonio. También conocida como Core (Proserpina para los romanos), Perséfone fue esa doncella que en la mitología griega sería raptada por Hades, rey del inframundo, y a quien su madre Deméter, diosa de la agricultura, se pasaría buscando con desconsuelo y hasta finalmente hallarla. Sucedió que un día Perséfone se paseaba recolectando flores por los campos de Enna o posiblemente recorriendo las llanuras de Nisa, rodeada de un séquito de ninfas y acompañada por Atenea y Artemisa, cuando de repente en un descuido un boquete en el suelo se abrió y de las profundidades brotó la figura seductora del demonio. Hades, su tío, estaba prendado de la belleza de Perséfone, y decidió que lo más fácil antes que convencerla sería secuestrarla, convirtiéndola sin más ni más en su esposa y por ende en la reina de los avernos. Perséfone descendió a las profundidades a bordo de un carruaje tirado por un par de yeguas. Enterada de la pérdida de su hija, Deméter bajó del Olimpo y buscó a Perséfone por todos los confines de la Tierra, hasta que Hécate, o quizás la Osa Mayor, le propusieron visitar a Helios, el dios sol, quien apostado en lo alto de las nubes seguramente habría sido testigo del rapto. Helios le contó a la diosa que en efecto su hija había sido trasportada al submundo, y así lo confirmarían algunos testigos que habitaban Hermíone y también la ninfa Cíane, quien acompañaba a Perséfone cuando fue asaltada por Hades y que sería castigada por Deméter convirtiéndola en sirena, luego de que ésta no hubiera hecho nada para evitar el secuestro. Deméter no soportaba la angustia generada por la pérdida de su hija, y fue por esto que la tierra fue devastada por una fuerte sequía y las plantas y animales comenzaron a morir, hasta que finalmente fuera Zeus quien tuviera que intervenir para planear el rescate de su hija. Le pidió a Hermes que se encargara de la tarea, que descendiera al infierno y reclamara a Hades por la presencia de Perséfone en la Tierra. Hermes cumplió con el cometido y logró liberar a Perséfone de las presas del Hades, pero justo cuando emprendían juntos la huida, la ingenua Perséfone caería en una trampa que su esposo le había tendido. Sea por inocencia o por engaño, Perséfone comió seis semillas de granada que Hades había preparado y que tenían el poder de retenerla en el infierno durante la mitad del año. Es así como se explica el tránsito de las estaciones, morando Perséfone en la Tierra mientras sea verano y primavera, y ocultándose en la oscuridad del infierno durante el invierno y el otoño que es cuando visitará a su marido. Y a pesar de que Perséfone fue llevada a la fuerza, Hades le tenía destinado su puesto de honor como la “Reina de Hierro”, apelativo que usaría Odiseo cuando estuvo de visita en el inframundo, según el relato de Homero en La Odisea. Fueron un matrimonio que pocas infidelidades tuvo, siendo tan comunes las infidencias entre las relaciones del Panteón griego. El relato más sonado es que la pareja no tuvo hijos, pero en algunas versiones aparecerán como los padres de las Euménides que habitaban el inframundo. Perséfone fue seducida por su padre Zeus quien se transformó en serpiente, y con él tuvo un hijo que fue asesinado por los titanes bajo órdenes de Hera, y que se conoce como Zagreo. En otra ocasión Zeus suplantaría la figura de Hades para acostarse de nuevo con su hija, y de donde nacería Melínoe. Perséfone aparecerá en otros relatos mitológicos. A la ninfa Minte la convirtió en la planta de menta, conocida también como “Hedyosmos”, luego de que ésta anduviera jugándoselas con su marido, y la misma suerte tendría Leuce y a quien transformaría en un álamo blanco. También tuvo que vérselas con la mismísima Afrodita, cuando la diosa le encomendara la tarea de cuidar del precioso Adonis, tras lo cual Perséfone quedaría prendada de tanta belleza y entró en disputa por la custodia del mancebo. El asunto lo resolvió Zeus, o hay quienes dicen que fue Calíope, y la solución fue concederle a cada una la custodia de Adonis durante seis meses al año. Al interior del Hades conspiró con Psique ayudándole a encontrar el cofre que Afrodita le había encomendado hallar en el infierno; y será deslumbrada por la música de Orfeo cuando éste viajó al Hades para rescatar a su difunta esposa, Eurídice, y a quien le permitió huir con ella con la única condición de no mirar a su amada a la cara hasta tanto no abandonaran los avernos. Orfeo violó la regla y jamás recuperaría a su amada Eurídice. Perséfone también sería el objeto de deseo de Pirítoo, quien en compañía de Teseo descenderían al inframundo con la intención de raptar a la esposa de Hades, quien simularía darles la bienvenida pero que acabaría atrapándolos bajo el yugo de unas serpientes anudadas. El mito de Deméter y Perséfone es el que da origen a los conocidos “misterios eleusinos”, un ritual de iniciación que se llevó a cabo durante siglos en todos los territorios que comprenden el mar Mediterráneo, ceremonia dedicada a “las dos diosas” que prometían el resurgir y la inmortalidad, y cuyos secretos debían ser custodiados por sacerdotisas que se encontraban a cargo de festividades como la de las Tesmoforias o la de las Antesforias. Varios templos fueron erigidos para venerarlas y rendirles culto, siendo uno de los más conocidos el de Locros Epicefirios, ubicado al sur de Italia. Las diosas eran invocadas para el cuidado de los campos, y así como para la protección del hogar, el cuidado de los niños y del matrimonio. La leyenda de Perséfone y su madre sugiere una cantidad de símbolos que son empleados por la psicología moderna para explicar la inocencia robada, el abandono del hogar de un hijo, el dolor de la madre por esta pérdida y así también como su eventual regreso.

PERSÉFONE

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