Ella es la Historia

Publicado el Milanas Baena

Marie-Louise Giraud (1903-1943)

Marie-Louise Giraud será recordada por haber perdido la cabeza. Desde antes de la Revolución Francesa ya el país contaba con una legislación estricta que se oponía al aborto. La Alianza Nacional contra la Despoblación desaprobaba la fabricación y el uso de anticonceptivos, y se había encargado de generar una conciencia en la que a través de folletines propagandísticos se emparentaba al aborto con una tortura medieval. La masacre de los inocentes fue ese libelo que se difundió de manera gratuita por toda Francia describiendo los horripilantes y escabrosos métodos de aborto que incluían la asfixia, la mutilación, el aplastamiento, el asesinato de un ser al que “se le está robando su existencia”, ya que “asesinar a un niño prenatal es robarle sesenta años de vida”, concluía el pasquín de propaganda. El Código Napoleónico había elevado el aborto a la categoría de crimen, pero la posterior legislación republicana consiguió durante algunos años que nuevamente fuera tipificado como un delito. En el debate predominarían las ideas de quienes consideraban que el aborto debía ser tratado como un crimen, y para 1920 sería promulgada la ley con la cual se castigaría a los médicos y personas involucradas que asistieran un aborto, así como a la mujer que abortaba, sentenciándolos a prisión y a las penas más severas, según fuera el caso. Durante esta década se incrementarían los abortos clandestinos, así también como el temor a la despoblación francesa, siendo que para finales de la década de los treinta se avecinaba la guerra, y desde hacía más de un siglo Francia venía mostrando cifras de natalidad muy por debajo de las de sus vecinos. Convencidos de que las razones eran más que suficientes, la legislación que castigaba el aborto se endureció aún más cuando fuera declarado un crimen contra la seguridad del Estado, y que como tal debía pagarse con la pena capital. En 1942 el gobierno del Mariscal Pétain dio a conocer la Ley 300, y en la que bastaba la presunción de haber sido partícipe del delito para que el acusado pudiera ser sentenciado a muerte. Los procesados serían considerados, según rezaba el Artículo 2, como “autores, coautores o cómplices cuyas actividades amenazan al pueblo francés.” La ley calificaba así a los abortistas como “asesinos de la patria”, y al aborto como a un “crimen en contra del embrión, la sociedad, el Estado, la raza”, en un intento por conservar el ideal a seguir de la familia numerosa y el amparo de la maternidad. Al mismo tiempo la ley habilitaba la posibilidad de efectuar el aborto por la vía de un médico competente y calificado, toda vez que la vida de la madre se viera comprometida. En adelante empezaría una cacería de las faiseuse d’ anges (creadoras de ángeles), que era como se les conocía a las mujeres que practicaban los abortos. Un año antes, y por efectos de la guerra, había sido creado un tribunal extraordinario con jurisdicción especial para procesar cierto tipo de crímenes en corto plazo e imponer penas que no estuvieran contempladas en el Código Penal. Ama de casa, lavandera de oficio, esposa de un marinero y madre de dos hijos, Marie-Louise Giraud trataba de ganarse la vida, para lo cual a parte de lavar trapos y prendas ajenas, hacía ocasionalmente de ama de llaves o alquilaba alguna habitación de su casa para que las prostitutas pudieran ejercer su oficio. Fue así como se probó con éxito en la práctica del aborto, y los primeros abortos que realizó no los hizo por dinero sino por ayudar a algunas de estas prostitutas que habían quedado embarazadas. Es así como se convierte en una abortista experta que finalmente será capturada y enjuiciada con la pena más severa. Después de haber practicado veintisiete abortos, un tribunal ad hoc condena a muerte a esta “creadora de ángeles”, siendo un castigo que resultó en todo caso sorpresivo, puesto que hasta entonces se había mostrado cierta tolerancia al momento de imponer la más estricta condena para los abortistas. Lo único que podría librar a Marie-Louise de la ejecución sería que el mismo presidente Pétain la condonara. Quienes defendieron la condena protestaban arguyendo que la pena de muerte era “necesaria” dado el tremendo acto de “inmoralidad” cometido por Giraud. Dado el contexto politizado, Pétain se negó a revocar la sentencia y a seguir adelante con el cumplimiento de la Ley 300. El 30 de julio de 1943, en el patio de la cárcel de La Petite Roquete, de París, Marie-Louise Giraud sería guillotinada, convirtiéndose en la última mujer en perder la cabeza bajo el amparo de la legislación francesa. Sólo un año más tarde, luego de liberar a Francia de los dominios conquistados por la ocupación nazi, la Ley 300 sería finalmente derogada.

Marie-Louise Giraud

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