Ella es la Historia

Publicado el Milanas Baena

Margaret Bourke-White (1904-1971)

A lo que más se le parecería es al personaje de ficción de Luisa Lane, la intrépida reportera del diario de Metrópoli, pero que no necesitó de un Superman que viniera a rescatarla y que aun así no vaciló para acudir siempre al frente de batalla. Su armamento de guerra fue una cámara fotográfica: fue la primera mujer en participar de un escenario bélico en ejercicio del oficio periodístico. La valiente reportera no dudó cuando recibió el llamado de la fuerza aérea estadounidense; y ante sus osadas acrobacias de vuelo, en las que solía colgarse de los pies para lograr las más arriesgadas tomas, Margaret sería apodada como “La indestructible”, y en adelante sobrarían los méritos para demostrar que ciertamente se trataba de una mujer a prueba de todo. A sus 15 años escribió en su diario su más íntimo deseo: “Quiero hacer todas las cosas que las mujeres nunca han podido.” Esta indómita neoyorquina sería criada por unos padres que se interesaron en despertar en su hija el amor por el conocimiento. Heredó de su padre ingeniero una visión metódica, calculada, medida, además de una pasión particular por la tecnología. En 1927 se graduó de bióloga en la reconocida Cornell University, y desde entonces se le revelaría su destino toda vez que lo viera con claridad plena a través de la lente de una cámara: “Después de que encontré una cámara jamás me sentí como una persona completa a menos que estuviera haciendo o planeando fotografías”. Margaret se matricularía después en la Universidad de Columbia y así mismo continuaría su trasegar por cuatro universidades más. Al morir su padre, Margaret trabajó como mesera y bibliotecaria para poder pagar así por sus estudios, y finalmente decide apostarle a su vocación y abrir en Cleveland un estudio de fotografía en el que trabajará por comisión. Precisa, ambiciosa y apasionada, la prometedora fotógrafa consiguió prestado un equipo de cámaras y lámparas y se dedicó a tomar fotos por su propia cuenta, especializándose principalmente en la fotografía industrial, en donde retrató las maquinarias de las grandes empresas y todos los artilugios de la deslumbrante ingeniería, además de los operarios y la parafernalia que involucraba el revolucionario mundo de la industria, siendo una pionera en sus técnicas en cuanto al manejo de la luz, y logrando ciertos efectos que hasta entonces no se habían experimentado en la fotografía. Pronto las revistas se interesarían por conocer el ojo detrás de estas ingeniosas perspectivas tan poco habituales, este contenido simbólico en los elementos presentes, la intensidad del sujeto retratado en escena, el juego de contraluces en los objetos reflejados y estas hazañas en la captura de imágenes que solamente podían lograr el ojo meticuloso y creativo de Margaret Bourke-White. Se convierte así en la primera mujer en trabajar para la afamada revista Life, siendo una de sus atrevidas fotografías la que utilizó la revista para publicar su primera edición, y que en adelante sellaría una relación que perduró por más de veinte años. La revista Fortune tampoco desaprovechó el virtuosismo de sus imágenes, y en 1930 la envió a la Unión Soviética para que documentara la creciente industria de los soviets orgullosos de sus progresos. La exquisitez de su trabajo consiguió el objetivo de glorificar la industria de la naciente nación que pretendía destacarse como una gran potencia a nivel mundial. Simpatizante de los soviets, la fotógrafa sería autorizada para visitar a Stalin y realizarle una serie de fotografías, entre las que se destaca un primer plano del rostro del mandatario y que a la postre acabaría inmortalizándolo en uno de sus más reconocidos retratos. Así relata la historia de dicho suceso: “Me dije a mí misma que no podía irme de allí sin una foto de Stalin sonriendo. Pero, cuando le vi, me dio la impresión de que su cara estaba esculpida en piedra. No pensaba mostrar ningún tipo de emoción. Me volví loca tratando de conseguirlo: me tiré al suelo y adquirí todo tipo de posiciones absurdas tratando de conseguir un buen ángulo. Stalin observaba mis esfuerzos y finalmente esbozó algo parecido a una sonrisa, así que conseguí mi foto.” Un año más tarde Margaret publica su primer trabajo compilado en un libro que tituló Eyes on Rusia, y sumado a la obra que años atrás ya había conseguido lograr documentando la Gran Depresión estadounidense, Bourke-White ya tendría más que méritos suficientes para ganarse un puesto en la historia de la fotografía. Pero las más audaces aventuras aun esperaban por ella. Realiza un peregrinaje fotografiando la vida y las costumbres rurales del campesinado estadounidense, y en 1937 recoge su trabajo en un libro titulado You have seen their faces. En 1939 contrae matrimonio con un reportero, y juntos serán los únicos periodistas extranjeros que estarán en Moscú durante el momento más crítico de la Segunda Guerra. Margaret se convertiría en la primera mujer corresponsal de guerra a la que se le permitió trabajar en zona de combate. Una vez acabada la guerra viajó al campo de concentración de Buchenwald en compañía del heroico general Patton, y allí capturaría las imágenes más crueles y horripilantes que dieran un testimonio de los horrores que ocultaba el nazismo. Parte de este material sirvió como prueba ante el juicio que se llevó a cabo contra los criminales de guerra. “Usar una cámara era casi un alivio. Esta interponía una ligera barrera entre el horror delante de mí y yo misma”. Para terminar de comprender estas atrocidades de las que había sido testigo, publica sus fotografías de la guerra en un libro titulado Dear fatherland, rest quietly. Para finales de los cincuenta su odisea continúa en la India, donde pretende documentar los conflictos étnicos y sociales que atraviesa el país luego de la expulsión de los ingleses. Allí logra entrevistarse con Ghandi y consigue robarle un par de imágenes unas horas antes de que éste fuera asesinado. Se traslada al sur de África para documentar las operaciones en las minas de oro, y luego se desplaza a Corea para captar con su lente las prácticas de combate y los entrenamientos de las guerrillas. Acudía donde estaba latiendo el peligro inminente. Margaret Bourke-White no sólo es considerada la primera reportera que hizo presencia en un conflicto bélico, sino un símbolo de la liberación femenina que ya no limita a la mujer a desempeñar ciertos oficios y a considerársele incapaz para realizar ciertas tareas. Margaret demostró que la mujer está a la misma altura competitiva de los hombres y que por lo mismo bien puede plantearse de cara a todos los peligros. En la cumbre de su carrera comenzará su lucha contra el Mal de Parkinson, enfermedad que la llevará a someterse a pruebas experimentales que la dejarán con discapacidades del habla y problemas motrices. Después de diez años de padecer esta enfermedad, Margaret Bourke-White mirará una última vez a través de una cámara para abandonar este mundo a la edad de los 67 años. Fue una fotógrafa que supo explotar el potencial estético de la imagen documental, y a través de su trabajo llevó el papel de la mujer a otro nivel donde ahora figurará como protagonista. “Nada me atrae tanto como una puerta cerrada”. Con estas palabras comienza su libro Momentos de la Historia, revelando de esta forma su carácter inquisidor y curioso, y ese espíritu combativo que la llevaría a abrir con una cámara fotográfica todas las puertas que el camino le tuviera deparadas. Quiso narrar la historia de una época por medio de la imagen, quiso ser, como ella misma lo expresó, “el ojo de su tiempo”.

Margaret Bourke-White

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