Ella es la Historia

Publicado el Milanas Baena

Mae West (1893-1980)

“Cuando soy buena, soy muy buena; pero cuando soy mala, soy mejor.” Deslenguada, irónica, boquisucia, Mae West representa a la mujer pícara de Hollywood, la diva voluptuosa pero que se ganaría un reconocimiento por su intelecto y perspicacia, por su humor satírico y controversial y por ser también una dama que se daba el lujo de andar por la vida con el desparpajo de decir siempre lo que le surgía de las entrañas. “Creo en la censura; he hecho una fortuna gracias a ella”. En cada una de sus líneas compuestas para el cine o el teatro, Mae West buscaba polemizar: “Aquellos que son escandalizados, deberían serlo con más frecuencia”. Famosa por sus frases pícaras  y controversiales: “¿Dices que hay diez tipos esperándome en la puerta? Despacha a uno de ellos, hoy estoy cansada.” El ambiente en el que creció fue propicio para gestar a una mujer que sabía mirar a los hombres de tú a tú porque conocía su lenguaje. Su padre tuvo varios oficios, desde boxeador y detective privado, pasando por vendedor de caballos viejos para carruajes, y era conocido por pelearse con frecuencia y rodearse de personas de malos modales, y quienes servirían de inspiración a la pequeña Mae, que desde niña acompañaría a su padre en estas andanzas elucubrando desde ese momento los divertidos diálogos que escribiría después y con los que llenaría teatros y salas de cine, ya que la clase media estadounidense se vería plenamente identificada con sus personajes e historias. Su madre, dedicada al mundo del modelaje, la alentaría para que desde muy pequeña participara en concursos de baile y canto, ganando varios de estos eventos y haciéndose conocer en los escenario por vestirse y maquillarse con un estilo vampiresco. Sin duda que jamás le faltarían pretendientes, aunque sólo se casó una vez, siendo muy joven, con un aspirante a actor que años más tarde, ya separados, volvería para reclamarle parte de su fortuna. “El matrimonio es una gran institución, pero no estoy preparada para una institución”, decía, agregando que no debes casarte “con un hombre para reeducarle; para eso existen los reformatorios”, y advertía a la mujeres: “No llores por un hombre que te deja; el siguiente caerá por tu sonrisa”. En 1927 comienza a convertirse en figura pública y en una notable comediante cuando escribe, dirige, produce y protagoniza la escandalosa obra teatral llamada Sex, por la que sería condenada a pagar diez días de prisión. Los motivos de la condena eran “corromper a la juventud”, por lo que Mae West no se sentiría del todo inocente, y todo este escándalo solamente serviría para engrandecer su figura de chica mala. Mae rompía con el modelo ejemplar que debían seguir los actores y actrices de Hollywood. A la cárcel se presentó en limusina, y su entrada estuvo precedida por un camino en el que algunos iban esparciendo pétalos de rosas, y como todo un evento publicitario Mae West sacaría provecho de esta situación, y al finalizar su presidio concedió una entrevista para narrar sus anécdotas durante los días de cautiverio, por la que cobraría la no despreciable suma de mil dólares. Contaba que en la cárcel vestía con medias de seda y trajes de gala, en vez de portar el uniforme de presidiaria, y era así como Mae le sacaba partido a toda situación. “Las chicas buenas van al cielo; las malas van a cualquier parte”. De cualquier forma provocadora, West lanza su nuevo proyecto teatral en Nueva York, The drag, en el que tratará al homosexualismo como el eje primordial de su obra, y por el que nuevamente sería condenada y en este caso censurada con un veto por parte de las asociaciones guardianas de las buenas costumbres. Sin embargo Mae conseguiría presentar varias de sus obras, en las que estará siempre presente la procacidad irónica e inteligente, la vulgaridad descarnada e inquisidora y la gracia y comicidad picante que sabía imprimir en cada una de sus líneas. Decía que la forma más inteligente de evadir la censura era presentar algunos diálogos con contenido sexual explícito y un lenguaje agreste que inmediatamente llamara la atención del censor, desatendiendo así los parlamentos en los que de manera sutil lograba infiltrar la ponzoña, el humor y el cuestionamiento que al final quería generar en el público. En 1928 su éxito teatral Diamond Lil haría que Hollywood pusiera sus ojos en ella, y unos años más tarde la productora en quiebra Paramounten le apostó todo a Mae y la contrató para protagonizar la película Night after night, que alcanzó un increíble éxito en taquilla y consiguió sacar a flote a la depreciada empresa productora. Su debut en el cine llega cuando Mae casi tiene 40 años. No interpreta a las jovencitas tontas e ingenuas, ella suele encarnar a la mujer madura y con experiencia suficiente como para proferir esas líneas matadoras por las que se caracterizaría siempre. Fue contratada para un papel secundario, pero acabó reescribiendo no sólo los diálogos de su personaje sino también el de todo los demás miembros del elenco y por poco termina contando otra historia distinta. El verdadero protagonista, George Raft, diría respecto a esta Mae West que acabó comiéndose el escenario, el equipo de trabajo y la pantalla por entero: “Ella nos robó las escenas; todo menos las cámaras”. Lo suyo era una cuestión de actitud. No se destacaba por la belleza de su rostro, no se trataba de una mujer imponente por su estatura -ya que apenas alcanzaba el metro y medio de altura- y definitivamente no encajaba con el estereotipo de la diva clásica. Sin embargo Mae sacó como siempre el mejor partido de su figura voluptuosa que bien sabía moldear con sus vestimentas ajustadas e insinuantes, y ese pelo teñido de dorado y sus pestañas postizas y esos tacones de quince centímetros que la hacían desfilar con un caminado peculiar. “Cuida tus curvas; pueden ser peligrosas, pero no las evitarán… La curva es más poderosa que la espada.” Durante los rodajes evitaba estar cerca de otras mujeres que pudiera opacarla, y prefería mantenerse rodeada de un círculo exclusivamente masculino con el que se identificaba mejor. Ella guionaba, producía, dirigía y hasta se encargaba de la escenografía, e incluso contrataba al resto del elenco. Un día vio pasar a un desconocido actor mientras barajaban propuestas para una próxima película. Mae lo eligió con solo verlo pasar: “Si sabe hablar, lo quiero en mi película”, dijo. Es así como se daría a conocer el célebre y reconocido Cary Grant. La misma suerte correría otro desconocido que se le cruzó por aquel entonces en su camino, y que luego el mundo entero conocería por su nombre: Anthony Quinn. Para 1935 la reconocida estrella es la mejor pagada de la industria del cine mundial. Su carácter punzante y mordaz no era sin embargo un reflejo de lo que sucedía en su vida personal. Mae solía ser mesurada, equilibrada, familiar. No acostumbraba asistir a fiestas, no bebía ni fumaba, y a donde tuviera que establecerse solía viajar con su padre y sus hermanos, dotándolos siempre con trabajos y comodidades. “Todo lo pruebo al menos una vez, dos veces si me gusta, y tres veces para asegurarme”. Mae West también hace participaciones en programas radiales donde vuelve a polemizar con su humor de doble sentido. “Amo a mi prójimo. Y si es alto, apuesto y devastador, será mucho más fácil.” “Cuando las mujeres van torcidas, los hombres van rectos hacia ellas”. Escandalizaba una y otra vez con sus textos y citas que serían tildadas por muchos como inmorales y libertinas. “El buen sexo es como una buena partida de bridge: si no tienes una buena pareja, debes tener una buena mano.” “El sexo con amor es lo mejor de la vida; pero sin amor tampoco está tan mal.” “No dejes a un hombre dudando demasiado tiempo; puede encontrar la respuesta en otra parte.” Hablaba sin tapujos ni tabúes, su ingenio y creatividad no tenían miramientos a lo hora de juzgar el papel de la mujer en la sociedad, presentando un modelo femenino capaz de hablar sobre tantos asuntos que parecían vedados a las mujeres. “¿Llevas una pistola en el bolsillo o te alegras de verme?” Su esplendor en el cine duró poco. Mae regresó a los tablados y en sus espectáculos recibía los vítores, aplausos y elogios de un público que la adoraba. Una parodia picante sobre Catalina de Rusia logró casi las doscientas funciones, y así mismo sus otras obras lograron muchísimo éxito, por lo que no se dejaría volver a tentar de nuevo con las tantas propuestas que le llovían para regresar al cine. Rechazó varios papeles que acabaron consagrando a las actrices que los interpretaron, pero no correspondían con esa mujer lenguaraz, dicharachera y hablantinosa que era el sino genuino de Mae West. Para finales de los años cincuenta The New York Times aseguraba que Mae West era una institución estadounidense como el presidente Grant o como el barrio de Chinatown, y que era obligatorio ir a verla al menos una vez en la vida. Hábil para los negocios, ella misma se encargaba de financiar sus propios montajes, y durante toda su vida supo invertir con acierto su dinero. A finales de la década de los cincuenta publica su libro de memorias, Goodness had nothing to do with it. “Soy una mujer de pocas palabras, pero mucha acción”, escribió West. A sus 85 años regresa al cine con una actuación que resultó decepcionante hasta para ella misma, olvidando quizás eso que pensaba hace unos años y en lo que pareció equivocarse interpretando roles que ya no le correspondían: “Muestra tu mejor imagen, ¿quién dijo que el amor es ciego?” Pero ya Mae West no tenía nadie más a quien enamorar porque el mundo entero se había enamorado de ella, y ya nada importaba si en el plató se movía con dificultad o si es cierto que tuvieron que susurrarle los textos al oído de la desmemoriada anciana. Aparece en la portada de un álbum de The Beatles, Salvador Dalí la retrató en su cuadro Retrato de Mae West que puede utilizarse como apartamento surrealista, y en la obra Allá cuelga mi vestido o New York, de Frida Kahlo, hay una explícita referencia a la actriz estadounidense, y su esposo Diego Rivera decía haber lamentado no conocerla más que a través de una pantalla, y esto por citar sólo algunos ejemplos de un mundo artístico que la ha enaltecido como a un ídolo. Sabia en sus recomendaciones, consejos y disertaciones: “Lo que importa no son los hombres de tu vida, sino la vida que hay en tus hombres.” También sensible, honesta y directa: “Quiéreme cuando menos lo merezca, porque será cuando más lo necesite.” Mae West muere a sus 87 años a causa de varias embolias, si es que podemos afirmar que un espíritu tan vivo puede de alguna forma morir, o al menos sabemos que para una vividora como ella con una sola vez bastaba: “Sólo se vive una sola vez, pero, si hiciste las cosas bien, una vez es suficiente.”

Mae West

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