Ella es la Historia

Publicado el Milanas Baena

Joséphine Baker (1906-1975)

Persiguió siempre la independencia. Después de la escuela acompañaba a su madre a las casas de la gente rica en las que ésta trabajaba como lavandera. A los 13 años ya parecía una mujerona decidida a vivirlo todo de una vez, y es así como abandona sus estudios para casarse con un chiquillo un año mayor que ella, y al año siguiente ya se habría convertido en una adolescente con estado civil de divorciada. Ese mismo año gana su primer concurso de talentos, y desde entonces su baile, su canto y su espectáculo musical no será jamás interrumpido hasta el día de su muerte. Un año más tarde conocería a su siguiente esposo, el guitarrista de blues Willie Baker, de quien tomaría ese apellido con el que más tarde sería reconocida, pero a quien también acabaría por abandonar al año siguiente, cuando ya cansada del trasegar por los bares de mala muerte, decide probarse en grande y viajar a Nueva York para presentarse ante las puertas del exclusivo Music Hall de Broadway. Al director no parece convencerle lo suficiente como para ofrecerle un papel destacado en el elenco de su próximo show, pero poco a poco Joséphine se irá ganando el protagonismo inevitable que la hacía relucir en el escenario por encima de todos los demás artistas. Durante los próximos dos años estará de gira presentando la comedia musical Shuffle along, y cuya performance particular llama especialmente la atención a la esposa del agregado comercial de la embajada de Estados Unidos en París. El diplomático advierte el potencial que hay en esta “Perla Negra”, como sería apodada, y le propone protagonizar un espectáculo en París en el que se incluiría a una orquesta de jazz, y que sería conocido con el nombre de Revue Négre. En esta obra musical empiezan a gestarse los intereses de Baker por resaltar y reivindicar los derechos de las negritudes y de los colonizados de todo el mundo. Nacía una estrella de talla internacional. La sensualidad de sus bailes exóticos seducirán a Europa mucho más que a los estadounidenses, y la cultura del viejo continente quedaría prendada de la danza poderosa y desinhibida de Joséphine Baker, que salía a escena vistiendo tan solo un taparrabos incipiente tejido con fibras de plátano. Se destacaba del resto de las bailarinas y casi desnuda bamboleaba sus caderas al ritmo del charlestón, se revolcaba sobre el escenario como una gata en celo y dislocaba sus huesos en posiciones desequilibradas y temerarias, se contorsionaba como furiosa y poseída generando en el público una agitada conmoción imposible de evitar. Los franceses se habían dejado encantar por los ritmos desconocidos del jazz y la música popular de los negros afroamericanos, y en especial se resalta la actuación de esta “Venus de Bronce” con su pieza de baile, provocadora y escandalizadora, que fue conocida como Danse Sauvage (Danza salvaje), y con la que conquistó la fama internacional. Ninguna mujer en el mundo fue tan fotografiada durante la década de los veinte como le ocurrió a Joséphine Baker. Regresa de Europa y abre las puertas de su propio club, Chez Joséphine, y en cuyos espectáculos tendrá como protagonista la presencia indomable y caprichosa de un leopardo que se consagraría como el temible e inquietante distintivo de la banda local. Para 1930 graba sus primeros discos, logrando un éxito destacado con la canción J’ai deux amours. Unos años antes había incursionado en el mundo del cine con su primera película, La sirène des tropiques, y en 1934 aceptaría un par de propuestas entre las muchas que por aquel entonces le llovían, participando en dos grandes producciones y convirtiéndose así en la primera mujer negra en protagonizar una película de alto presupuesto en la industria del cine estadounidense. Las películas Princesse Tam Tam Zouzou no tuvieron el impacto y la acogida que esperaban sus productores, y sin embargo este fracaso no hizo mella en la carrera artística de Baker, quien entendería que lo suyo era convocar al público en escena para cantarles y bailarles en vivo. Por aquel entonces se destacó también como modelo y animadora de fama mundial. Joséphine emprendió una nueva gira por Estados Unidos, pero esta vez sus espectáculos no tuvieron la asistencia de un público que le reprochaba su marcado acento francés. Deja de lado sus compromisos en América y se muda a París, donde una vez más se casará, esta vez con un magnate de la industria azucarera y perseguido judío durante la ocupación nazi. La “Venus de Ébano”, como era también conocida, se había consagrado como un ícono indiscutido de la música, y su reputación fue incrementándose toda vez que demostraba en sociedad que se trataba de una mujer no solamente exótica y virtuosa en el canto y en la danza, sino también un alma interesada en discutir y participar de los asuntos políticos, y en donde cada vez cobraría mayor protagonismo. Al inicio de la Segunda Guerra Mundial Baker se convierte en un agente secreto de contraespionaje, encomendándosele tareas como la de emplear las partituras musicales para encriptar códigos y enviar mensajes en clave. Se une a la resistencia francesa y ofrece esporádicos e improvisados espectáculos para alentar los ánimos de las tropas, y luego pasa a integrar las Fuerzas Aéreas Francesas, destacándosele con el rango de subteniente auxiliar, y prestándose también para formar parte de la Cruz Roja Internacional. Por su compromiso con las tropas francesas es condecorada con el máximo honor militar, La Croix de Guerre, y unos años después recibirá La Legión de Honor de manos del general Charles de Gaulle. Pero estos honores y distinciones no serían suficientes para que Joséphine Baker sintiera haberlo vivido todo, ya que lamentaba no poder tener hijos por haber tenido que someterse a una histerectomía después de haber dado a luz a un niño muerto. A pesar de haberse casado varias veces, también fueron públicas las relaciones sentimentales que mantuvo con algunas mujeres, como es el caso de la escritora francesa Colette o la leyenda de su encuentro con Frida Kahlo. Por esa época vuelve a casarse, en esta ocasión con el director de orquesta Jo Bouillon, con quien compraría una enorme casona en la cual pudiera albergar a su enorme familia adoptiva de diferentes etnias. Baker adoptó a doce huérfanos de distintos orígenes y procedencias y bautizó a esta familia como La tribu del arco iris. Para mantener los costos de su familia, la cantante y bailarina tendría que volver a la actividad artística y multiplicar su trabajo, ofreciendo durante años una cantidad de espectáculos en el circuito de los cabarets de París. Antes de oficializar su retiro se despide con una gira internacional; sin embargo dos urgencias la llevarán en los años siguientes a retomar los micrófonos: la falta de dinero, y su apoyo a los movimientos que tienen por bandera la lucha por los derechos civiles. Viaja a Cuba y a Estados Unidos para participar de mítines y encuentros en favor de los derechos de los afroamericanos, y realiza cuatro presentaciones en el Carnegie Hall con el ánimo de recaudar fondos para esta causa. En 1963 se unió a Martin Lutherking, participando en la marcha en Washington por el trabajo y la libertad organizada, y a la muerte del líder político se le ofrecería presidir este movimiento que Baker se negó a asumir. Los problemas de dinero no le dieron tregua a una vida dedicada siempre al espectáculo. Estas dificultades económicas la llevaron a perder la casa donde vivía con su tribu, a lo que la actriz Brigitte Bardot respondió enviándole un cheque con el que pudiera liberarse de esta deuda. La también actriz Grace Kelly, y por aquel entonces reina de Mónaco, puso a disposición suya una casa en Mónaco para que Joséphine pudiera estar tranquila y celebrar con su familia los últimos años de su vida. En 1975 sufre un derrame cerebral. Siendo recordada con mucho respeto por todos los distintos ámbitos de la sociedad, es enterrada en Mónaco con todos los honores militares. Fue la primera mujer afroamericana en integrar una sala de conciertos en Estados Unidos, y la primera estadounidense en recibir honores militares durante sus funerales. Joséphine Baker había nacido para ser la primera.

Joséphine Baker

 

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