Ella es la Historia

Publicado el Milanas Baena

Francis Ellen Watkins Harper (1825-1911)

Francis nació libre, hija de padres libertos, en Baltimore, Maryland. Pero nada sabrá de estos ya que quedaría huérfana a los 3 años, y fueron sus tíos maternos, la familia Watkins, quienes se encargarían de su crianza. Su tío, ministro de la Iglesia Episcopal Metodista Africana de Sharp Street (AME), destacado abolicionista y activista en favor de los derechos civiles, sería sin duda la influencia principal que alentaría el espíritu inteligente y combativo de Francis. Asistió a la Academia Watkins para Jóvenes Negros (donde más adelante también sería profesora), a la par que trabajaba como costurera y que daba sus primeras puntadas entretejiendo palabras. En 1839 comienza a probarse como escritora publicando sus primeros poemas, en los que ya denunciaba las atrocidades de la esclavitud, y los cuales serían publicados en algunas revistas de corte abolicionista como el Frederick Douglass’ Paper. Y con apenas 20 años, la prometedora poetisa publicará su primer libro de poemas y versos escritos en prosa, Forest leaves, teniendo muy claro desde sus inicios a quién dedicaba su poesía: “Déjame cantar para los niños pequeños, antes de los pasos perdidos, himnos dulces de amor y deber, para flotar sobre la carretera de la vida. Música para calmar todo su llanto, hasta la guerra y el crimen cesará; y los corazones de los hombres se harán tiernos rodeando al mundo de paz.” Para 1850, y una vez fuera aprobada la Ley de Esclavos Fugitivos, los Watkins se vieron obligados a abandonar la ciudad y trasladarse Ohio, donde Francis encontró empleo como profesora de costura en el Seminario de la Unión, en Wilberforce, siendo la primera mujer en oficiar como maestra en dicha institución, y a pesar de los muchos que se oponían a que una mujer hiciera parte del cuerpo de profesores. Por esos días Francis se muda a Little York, Pensilvania, donde también trabajará como maestra, y empezará a labrar el camino que la posicionará como una destacada abolicionista. En 1852 Francis se encuentra viviendo en una estación subterránea del ferrocarril, que servía como una ruta de escape para los esclavos fugitivos, y que sería una fuente de inspiración para muchos de sus poemas. Es así entonces cuando pretende llevar su descontento al activismo político, y para 1853 comienza a participar en la American Anti-Slavery Society, destacándose muy pronto por el poder de su oratoria y sus capacidades retóricas, y que pronto empezaron a relucir a través de sus discursos. Para 1854, en New Bedford, Massachusetts, su voz cobra popularidad, enarbolando los ánimos de los asistentes, con uno de sus más famosos discursos en contra de las leyes de discriminación racial, y que se conoció con el título de La educación y la elevación de la raza de color. El éxito de esta proclama la llevaría a una gira de conferencias como representante de la American Anti-Slavery Society, que en principio se circunscribió al condado de Maine, y que luego la llevaría durante los siguientes seis años a recorrer el país de este a oeste, viajar al norte, y superar las fronteras para hacer presencia en Canadá. Ese mismo año de 1854 publica su segundo libro, Poemas sobre temas diversos, obteniendo desde el principio un reconocimiento de la crítica y una gran aceptación por parte del público, por lo que tendría que ser reimpreso en varias ocasiones, y parte de sus ganancias las donó para subvencionar los gastos de operaciones del ferrocarril subterráneo. Se destacan los versos del poema titulado La madre esclava: “Él no es suyo, aunque ella, por él, soportó los dolores de madre; él no es suyo, ¡aunque su sangre corre por sus venas! Él no es suyo porque manos crueles pueden arrancarle la única corona de amor que zurce su corazón roto.” En sus discursos solía leer pasajes de su libro, y aunque su mensaje tenía el enfoque de denunciar el atropello histórico que venían padeciendo las negritudes, también hacen parte de su canto las proclamas en torno al feminismo, la maternidad, la familia, las clases elitistas, la muerte, el humanismo. “Permítanme hacer las canciones para el pueblo, canciones para el viejo y para el joven; canciones para agitar como un grito de batalla donde quiera que se canten… Permítanme hacer canciones para los cansados, en medio de la fiebre por la vida y por la preocupación, hasta que el corazón relaje su tensión”. Uno de sus poemas más destacados lo presentaría en 1858, Bury me in a free land, y un año más tarde el relato breve, Las dos ofertas, publicado en la Anglo-African Magazine, tendría como logro el ser considerado el primer cuento publicado por una mujer negra. Ese mismo año la revista, en el marco de la Guerra Civil, publicaría un ensayo escrito por Francis con el título de Our greatest want, escrito en el cual evidenciaba las similitudes entre la persecución bíblica de los judíos cuando huyeron de Egipto, con las actuales persecuciones a las que eran sometidos los negros. En 1860 contrae nupcias con Frances Harper, un hombre viudo con quien dos años después tendría a su primera hija, y que la llevaría durante un tiempo a alejarse de los escenarios públicos para concentrarse en su labor de madre. Cuatro años después será ella quien enviude, quedando a cargo de su hija y así también de los hijos de su difunto marido. Nada de esto impidió que una vez acabada la Guerra Civil Francis regresara al ruedo político, y la fuerza de sus discursos impulsarían las causas que defendía y que serían propagadas por la incansable conferencista itinerante, que también aprovechaba para publicar artículos y poemas en revistas, todos ellos relacionados con los sentimientos y motivaciones que despertaban sus luchas. Durante años destacó la importancia de la educación para que su pueblo superara la opresión de siglos: “El conocimiento no está de acuerdo con la esclavitud. Nos haría muy sabios. Pero algunos de nosotros trataríamos de robar un poco de libro. Y juntar palabras, y aprender por las buenas o por las malas.” Para 1866 vuelve a ser protagonista cuando pronunció uno de sus más recordados discursos, en el marco de la Convención Nacional de los Derechos de la Mujer: “Todos estamos Unidos en un gran paquete de humanidad, y la humanidad no puede pisotear a sus miembros más débiles sin recibir la maldición en su propia alma. Lo intentaste en el caso del negro… Ustedes mujeres blancas hablan aquí de derechos. Hablo de los males. Yo, como mujer de color, he tenido en este país una educación que me ha hecho sentir como si estuviera en la situación de Ismael, mi mano contra todos los hombres y la mano de todos los hombres contra mí… Si bien existe este elemento brutal en la sociedad que pisotea a los débiles, le digo que si hay alguna clase de personas que necesitan ser sacadas de sus aires y egoísmo, son las mujeres blancas de América.” Para 1872, cuando el país vivía la Era de la Reconstrucción, Francis viaja al sur y trabaja apoyando la mejora de las condiciones de vida de los esclavos libertos, siendo esta experiencia y los testimonios recogidos lo que inspiró los versos de su siguiente libro, publicado ese mismo año, Sketches of southern life. Un personaje principal, la exesclava “Tía Chloe”, será quien narre sus vivencias a lo largo del libro escrito en prosa. Su tercer libro la perfilaba como una de las mujeres más destacadas al interior del movimiento abolicionista y así también como una figura importante para el feminismo. En 1883 encabeza la dirigencia de la Unión Nacional de la Templanza Cristiana de la Mujer de Filadelfia y Pensilvania, y donde participaría por siete años en la organización de eventos, campañas y reuniones que lograran concientizar a los gobiernos de la necesidad de un cambio en la legislación que segregaba y discriminaba los derechos de una parte de su sociedad. Durante los próximos años se interesó por abordar temas sobre la sexualidad, el sexismo y el clasismo, y que se vieron reflejados en una serie compuesta por tres novelas publicadas por el periódico The Christian recorder: Minnie’s sacrifice, Sowing and reaping y Trial and triumph, y que para 1994 serían recogidas en un solo volumen. Sin embargo sería en 1892, a sus 67 años, cuando compartiría una de sus novelas más recordadas y emblemáticas, Iola Leroy, o Shadows Uplifted. Empleando un método creativo, la identidad del personaje principal será develada solamente al final de la novela, sugerido a partir de la muerte de su padre, un esclavo negro. Madura en su técnica y decantado su pensamiento, poseedora de un sinfín de conocimientos que argumentaran su causa, y con la solemnidad que le concede la edad, Francis aborda temas como el mestizaje, el “passing” (cuando la pigmentación no se relaciona con la etnia) y la responsabilidad social, entre otros temas que girarán en torno al abolicionismo. Para 1894 ayuda a fundar junto a Mary Church Terrell la Asociación Nacional de Mujeres de Color, en la cual serviría como vicepresidenta en el año de 1897. Durante estos años Francis tuvo la oportunidad de codearse con otras abolicionistas representativas del momento, así también como otras escritoras, feministas y sufragistas destacadas de aquella época, tales como Mary Shadd Cary, Ida B. Wells, Victoria Earle Matthews, Susan B. Anthony y Kate Davis Chapman. Otro tema recurrente en sus escritos sería el del sufragio femenino y la importancia para la sociedad de la mujer como parte activa del contexto público y político. Es reconocida por ser una de las pioneras del periodismo afroamericano, publicando decenas de artículos y columnas en diversos periódicos y revistas, y no declinaría hasta que le pudiera el aliento dictando conferencias y participando de todo lo referente a su persecución más prístina: un mundo donde todos los humanos gocen de iguales deberes y derechos, así tan simple, sin ningún tipo de exclusión o discriminación. Y de esta manera se mantuvo activa hasta sus 86 años, y para 1911 muere a causa de una insuficiencia cardiaca. Fue enterrada en el cementerio de Eden, y sus restos reposan junto a los de su hija, la cual habría muerto dos años atrás. A lo largo de su vida Francis Ellen Watkins Harper publicó alrededor de ochenta poemas, y en cada uno la huella histórica que nos cuenta de las vicisitudes y tribulaciones del esclavismo. Sus versos están casi siempre compuestos en cuartetas rimadas, y su narrativa en prosa se expresa con un estilo sencillo en el que recoge la tradición oral y referencias bíblicas, y que le ha valido el aprecio de un pueblo que se identifica con sus escritos y poemas. Muchos han sido los honores póstumos que le rinden a su nombre y a su obra y que buscan recordarla, y de allí que sean varias las organizaciones e instituciones afroamericanas bautizadas con su nombre. Sin embargo no era su interés el reconocimiento, ni la fama, ni la gloria: “No pido ningún monumento, orgulloso y alto para arrestar la mirada de los transeúntes; todo lo que anhela mi espíritu anhelante es no enterrarme en una tierra de esclavos.”

FRANCES ELLEN WALTKINS-HARPER

 

Comentarios