Ella es la Historia

Publicado el Milanas Baena

Eva Braun (1912-1945)

Será recordada por haber tenido que convertirse en la compañera sentimental de un monstruo. La mujer detrás del demonio, la Primera Dama del Tercer Reich, la que se casó con el hombre que estaba casado con su país, aquella a la que el líder dictador miraba con complicidad en alguna foto, la “rubia tonta” que según algún biógrafo será una decepción para la historia, y cuyo único mérito sea tal vez el seguir con lealtad a un gran tirano durante dos mil doscientos ochenta días. Hija de un maestro de escuela y una costurera, la familia de los Braun vivía los mismos apuros que estaba padeciendo toda Alemania a causa de la hiperinflación económica. Eva fue educada por monjas en un liceo católico, mostrando un desarrollo cognitivo promedio y un interés particular por el atletismo, el patinaje, el esquí y la natación. A los 17 años consigue trabajar en el estudio del fotógrafo oficial del partido nazi, Heinrich Hoffman, al principio como modelo y vendedora, para después convertirse en asistente y fotógrafa de cabecera. Estaba en lo alto de una escalera acomodando unos libros cuando ingresó por la puerta “un señor de cierta edad, con un gracioso bigotillo, abrigo claro de género inglés y un gran sombrero de fieltro en la mano”. Fue así como conoció a ese político prominente y prometedor que lo primero que hizo fue reparar en sus piernas. Hitler había convivido con su media sobrina en un apartamento en Múnich, hasta ese fatídico día en que la encontraron muerta a causa de un disparo en el paladar. Se había suicidado usando el arma de Hitler, y desde entonces el Führer no volvió a involucrarse en una relación sentimental, hasta que conoció a esa jovencita alegre, fogosa y cándida, a la que en todo caso investigaría para cerciorarse que en su ascendencia no estuvieran los contagios de la estirpe judía. Comienzan una relación siempre discreta, distante, que a Eva le resulta insoportable, y por lo que atentará en dos ocasiones contra su propia vida. El 1932 se dispara en el pecho con una pistola de su padre. Eva reclamaba a Hitler darle una categoría a la relación que superara la simple condición de amantes. Un año más tarde Braun empieza a trabajar como fotógrafa y esto le permite acompañar más de cerca al Führer durante sus viajes y compromisos. En 1935 Eva vuelve a reclamar la atención de Adolf consumiendo un frasco entero de barbitúricos. Le escribe un comunicado: “Si no tengo respuesta antes de las diez de la noche, me tomaré mis veinticinco pastillas”. El futuro líder de la próxima guerra mundial no quiere perder a su Eva, y le ofrece un apartamento en Múnich que será también su estancia cuando éste se encuentre en la ciudad. Al año siguiente Hitler se muda con toda su corte a una lujosa residencia que manda a construir en las cumbres de las colinas alpinas. Eva Braun vivió entre Múnich y los Alpes, aislada de las circunstancias de guerra que involucraban a medio mundo y que lideraría su propio amante. Coqueta y vanidosa, vestía zapatos italianos y trajes franceses pretendiendo emular a las estrellas de cine, fumaba cigarros y bebía vino mientras se pavoneaba frente a los espejos y hablaba de moda, coches y cría de perros. Braun servía como anfitriona de los eventos que se celebraban en la concurrida residencia del dictador, y a menudo invitaba a sus familiares a permanecer largas temporadas alejados del bullicio citadino. En uno de los videos caseros vemos a Eva tranquila frente a un río, agitando los pies mientras los sumerge en el agua, y como absolutamente ajena, distante e ignorante de este mundo que se cae a pedazos por voluntad de ese hombre al que cada noche espera en casa mientras ella chapotea con sus pies en el río. La pareja no se demostraba afecto en público y mucho se discute si tampoco en su intimidad. En su residencia tenían dos habitaciones y dos baños intercomunicados a través de puertas, y era costumbre del Führer quedarse a solas con Eva en su estudio antes de que cada uno tomara por caminos distintos hacia sus propios dormitorios. Ella bebía vino mientras que él, abstemio consumado, tomaba el té. Por esa misma época Braun asiste por primera vez a un congreso del partido nazi como parte del equipo de fotógrafos, y para los más allegados al dictador empieza a quedar claro que Eva no sólo es un miembro más del séquito personal que suele acompaña a Hitler, sino que se trata de su compañera sentimental, y que por lo mismo comenzará a ser tratada como alguien intocable. Sin embargo todo parece indicar que Eva no tenía la clásica influencia del amante en las posturas políticas del marido, e incluso muchos testigos se atreven a afirmar que nunca pasaban las noches juntos y que no era tenida en cuenta para ninguna de las decisiones del Führer. La mujer no jugaba ningún papel destacado en los asuntos del Tercer Reich, los líderes fueron siempre figuras masculinas, y en el caso de Hitler le resultaba más conveniente mantenerse soltero, ya que solía ejercer en las mujeres cierta atracción inevitable que resultaba más atrayente si provenía de un hombre sin compromiso matrimonial. Eva nunca estaba presente en las reuniones ni hacía parte de las conversaciones, no opinaba, y en lo particular a ella no parecía importarle gran cosa los avatares y tribulaciones bélicos. Su primera aparición en público al lado del Führer ocurre en 1936 durante las ceremonias inaugurales de los Juegos Olímpicos de Berlín, y tendría que esperar hasta 1944 para que finalmente se oficializara el noviazgo, toda vez que la hermana de Eva contrajo matrimonio con un alto funcionario del partido, y esto le sirvió a Hitler como excusa para formalizar públicamente la relación. Sin embargo Eva nunca comulgó enérgicamente con el partido nazi, y sus preocupaciones consistieron en llevar una vida protegida y privilegiada al margen de la guerra, para concentrar sus esfuerzos en satisfacer los caprichos del dictador mientras ella se la pasaba escuchando música, practicando deportes y asistiendo al cine. Eva quería complacer a Hitler hasta el punto de pedirle a sus médicos se ingeniaran la forma de retrasarle la menstruación en cuanto se enteraba de una visita inesperada del dictador. Apolítica, su primera debilidad ante una decisión de esta índole fue en 1943, cuando las leyes de guerra total supondrían también la prohibición de ciertos cosméticos que utilizaba, y por lo que el Führer tomó las precauciones de ejecutar las leyes sin afectar exclusivamente los cosméticos de su Eva. Durante la guerra Braun se dedicó a documentar la vida del dictador y a entrevistar a los personajes cercanos que lo rodeaban, y es a ella a quien se le debe una cantidad de reportajes, documentales, cortometrajes y fotografías sobre el líder nazi y sobre el gobierno que regía durante el Tercer Reich. Cuando se enteró del atentado fallido para acabar con la vida del líder, Eva le envió un comunicado insistiéndole acerca de su compañía incondicional: “Desde nuestro primer encuentro juré seguirte a cualquier lugar hasta la muerte. Solo vivo por tu amor”. Su lealtad máxima se puso a prueba cuando se desplaza hasta Berlín para acompañar a su amado en los últimos confines de un bunker. Toda su familia logra escapar de Alemania, pero Eva decide encarar el final de la guerra que ya entreveía un fatídico final para los nazis ante la inminente cercanía del Ejército Rojo, y es así como toma la decisión de viajar a Berlín para acompañar hasta las últimas a su fiel compañero de batalla. “Sólo la señorita Braun y mi perro me son fieles y están a mi lado”, diría así el Führer. Durante la medianoche del 28 de abril, bajo la potestad de un sacerdote y ante la presencia de dos testigos, Eva Braun y Adolf Hitler se juraron fidelidad absoluta y se prometieron estar juntos hasta la muerte. Eso sucedería tan sólo unas horas después. Hitler mandó quemar su correspondencia personal y dejó un último manifiesto: “Mi esposa y yo, a fin de escapar de la vergüenza de la retirada y la capitulación, hemos elegido la muerte.” Eva firmó el acta matrimonial empezando a escribir su apellido por la letra B, a lo que corrigió inmediatamente suscribiendo el nuevo apellido con el que seguiría presentándose por el resto de lo poco que le quedaba de vida: Hitler. La pareja celebró con un modesto desayuno, y unas horas más tarde sus cadáveres estaban siendo calcinados por las fuerzas secretas nazis en un intento por no dejar rastros de sus líderes. Blondi, el pastor alemán del Führer, había sido sacrificado un día antes, y los dos perros de Eva, de raza terrier escocés, serían sacrificados unas horas después de que muriera su dueña. Eva mordió una cápsula de ácido prúsico y Hitler se disparó en la sien derecha; ella tenía 33 años y él 56. El mundo no se enteraría de esta mujer y de su relación amorosa con el hombre que lideró una guerra mundial sino después de que esta misma guerra hubiera terminado con todo, hubiera terminado con ambos.

Eva Braun

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