No nació al interior de una mina, pero su infancia la vivió toda en ese ambiente ennegrecido de las minas, caracterizadas por el estado deplorable de sus trabajadores y las tantas penurias que en el día a día tendrían que soportar. Nació en la comunidad Catavi, Pulacayo, en la zona del Potosí, donde se ubicaba la mina llamada “Siglo XX”.

Tuvo por padre a un excombatiente de la Guerra del Chaco que luego se convirtió en dirigente sindical Benemérito de la Patria, pero que a la postre acabaría oficiando para la policía minera en la labor de sastre. A los diez años, y debido a las condiciones de insalubridad del sector, la madre morirá, y será la misma Domitila la encargada de ayudar a su padre a velar por el cuidado de sus cinco hermanos menores. Su trabajo en las minas de estaño era el que acostumbraba destinársele a las mujeres, que eran las labores de palliri, encargadas de amontonar las piedras, seleccionarlas y luego hacerlas polvo hasta decantar el mineral.

En 1952, casada ya con un minero, y con quien tendría varios hijos de los once que tuvo en total (y de los cuales cuatro morirían), Domitila comenzó a mostrar su liderazgo cuando pasó a integrar el Comité de Amas de Casa del Distrito Minero Siglo XX, convirtiéndose muy pronto en su secretaria ejecutiva.

Como activista procuró la mejora de los salarios haciendo parte de la Campaña Internacional por el Salario Doméstico, siendo reconocida su frase: “Todas somos amas de casa”. Este comité fue determinante al momento de reunir a las mujeres casadas con mineros en distintas locaciones de todo el país, y el conjunto de tantas voces reunidas conseguiría poner en jaque la dictadura de Víctor Paz Estenssoro, y así también los otros gobiernos autoritarios que tuvo que padecer el pueblo boliviano durante varias décadas.

El Comité sirvió también como un órgano de ayuda a los sindicatos de los mineros que estuvieron durante tanto tiempo luchando para mejorar sus condiciones de trabajo. Para 1967 la ya consagrada portavoz del movimiento es detenida y torturada, incriminándosele de subversiva, luego de haber sobrevivido a la barbarie que acabaría siendo la represión militar ordenada por el dictador René Barrientos Ortuño, cuando envió a las tropas de su ejército a que aplacaran el descontento de los mineros de Catavi y Llallagua, quienes se habían rebelado exigiendo a los dueños de las minas cesarán ya con la desmedida explotación. Y si bien consiguió sobrevivir a la que se conocería después como “La masacre de San Juan”, los golpes que le propiciaron durante sus días en prisión, provocaron que Domitila perdiera el hijo que se gestaba en su vientre.

La misma escena volvería a repetirse muchas veces en diferentes centros mineros, como aquella en la que el general Hugo Banzer Suárez, ya consagrado en el poder, y quien permanecería allí durante casi toda la década de los setenta, envió a un pelotón para que apaciguaran como mejor sabían hacerlo los ánimos caldeados de los ingratos trabajadores. Domitila y otros huelguistas se guarecieron en una mina, pero se vieron obligados a salir cuando Domitila acabó dando a luz a un par de mellizos, uno de los cuales no sobrevivió al ambiente tóxico en que nacería en lo profundo de un socavón.

Una voz que quisieron acallar, y que, al no conseguirlo, lo que lograron sus enemigos fue que se escuchara más fuerte. Domitila gritó. Y fue así como en 1975 tuvo la gran oportunidad de hacerse conocer a nivel mundial, y no desaprovechó la ocasión. Se celebraba en México el Año Internacional de las Mujeres, y siendo la única mujer de clase obrera presente en el evento, Domitila viajaría representando al Comité Minero del Siglo XX para denunciar que la carta magna que fundamentaba las Naciones Unidas, y a la que se suscribía su país, era ciertamente una constitución que parecía favorecer principalmente a los ricos. Sin embargo su discurso se concentró más en la condición de la mujer, destacando la importancia de la igualdad de sexos, para lo cual es preciso entender que la lucha no es contra el hombre, ya que es en pareja que podían hacerle frente al verdadero combate, señalando que ese enemigo finalmente era el mismo sistema, la opresión económica y el dominio capitalista. “La primera batalla a ganar es dejar participar a la compañera, al compañero y a los hijos en la lucha de la clase trabajadora para que este hogar se convierta en una trinchera infranqueable para el enemigo.”

Su participación en este evento logró ponerla en la mira de varias personas que estaban interesadas en contar de primera mano los horrores que tenían que soportar los obreros de las minas bolivianas. Si me permiten hablar… Domitila, una mujer de las minas de Bolivia, de la escritora Moema Viezzer, sería el libro testimonial en el que se recogen las memorias de una mujer que vivió en carne propia los sufrimientos de los mineros, una mujer que nació en la miseria, que perdió a su madre y a varios de sus hermanos a causa de las condiciones de vida de su comunidad, que fue perseguida y tuvo que exiliarse, y que sin embargo mostró siempre un combate pacífico. También se destaca otro libro que recoge otros relatos: ¡Aquí también Domitila!

En 1978 cuatro mineras reclamaron al gobierno de Banzer que liberara a los mineros y disidentes políticos que tenía presos y les permitieran retornar a sus puestos, que no era mucho pedir, y pedir de paso el regreso del sistema democrático de elecciones en Bolivia. A esta protesta se sumó Domitila, y el puñado de rebeldes serían apoyadas por los sacerdotes Xavier Albó y Luis Espinal, con quienes comenzaron frente al arzobispado de La Paz una discreta huelga de hambre que iría extendiéndose hasta alcanzar las instalaciones del diario Presencia, y a la que en pocos días irían sumándosele otras bocas, y hasta contar a miles de hombres y mujeres que se apostaron en la calle para protestar con hambre. Ante la presión internacional el régimen del general Hugo Banzer Suárez acabaría aceptando las condiciones de los manifestantes, suceso que desencadenó su posterior deceso en el poder.

De nuevo en democracia, ese mismo año Domitila se convierte en la primera mujer en aspirar al puesto de vicepresidenta, siendo la fórmula del líder campesino Casiano Amurrio, que disputó el máximo cargo como representante del partido Frente Revolucionario de Izquierda (FRI). Finalmente en las urnas no saldrían favorecidos, y sin embargo quedaría ya el antecedente de una mujer que abría camino para que otras mujeres se animaran a participar en cargos de elección popular.

En la década de los ochenta Domitila tuvo que huir de su país para exiliarse en Suecia, de donde regresaría un tiempo después para establecerse en Cochabamba, y desde allí apoyar una nueva iniciativa para la fundación de un centro académico que brindara enseñanza a las mujeres más pobres de Cochabamba, y extendiendo su proyecto a la región de Quillacollo.

Es por esto que Bolivia la destaca no solo como una líder sindical sino principalmente como una defensora de los derechos femeninos. Estaba convencida de que Bolivia se liberaría del yugo ancestral que oprimía a su gente y saqueaba a sus tierras, pero esto siempre y cuando supiera reconocer el valor y la importancia de la mujer en esta lucha: “Si la mujer está politizada, si ya tiene formación, desde la cuna educa a sus hijos con otras ideas y los hijos serán otra cosa.”

En el 2004 fundó la asociación política conocida como Movimiento Guevarista. También fue fundadora de la Escuela Móvil de Formación Sindical que lleva su nombre. “Entonces me di cuenta de que en el país hacía falta la formación política. Los mineros estaban solos: los campesinos también. Empecé a dar charlas, era necesario seguir la lucha. Entonces creamos un pequeño grupo que al principio llamamos Escuela Móvil, porque íbamos a un lado y otro. Luego nos hicimos este lotecito, una casita, aquí un cuartico. Y empezamos a trabajar… Evo está en el poder, está alfabetizando al país. Pero la gente necesita la alfabetización política, porque si no sabe dónde hay que ir, cómo hay que ir, entonces no va a poder apoyar nunca, más bien va a estar contra las medidas que va a tomar el gobierno.” Con méritos suficientes, en el 2005 Domitila fue postulada para el Premio Nobel de Paz.

Debido a un cáncer pulmonar, a sus 74 años, Domitila Barrios Cuenca (que ya para el final de su vida no se presentaba como Chungara) no pudo ganarle la batalla a la muerte, y se despide de estas tierras en el año de 2012. El Gobierno de Evo Morales decretó un duelo nacional de tres días, además de concederle de manera póstuma la Orden del Cóndor de los Andes,

y ese mismo año sería inaugurado su busto en el Cementerio General de Cochabamba donde reposan sus restos. La entonces Ministra de Comunicación la despidió en su entierro refiriéndose a ella como “una de las más importantes representantes de la lucha por la democracia en Bolivia.”

En Memorias del fuego Eduardo Galeano la trae a la memoria: “Recuerdo una asamblea obrera, en las minas de Bolivia, hace ya un tiempito, más de treinta años: una mujer se alzó, entre todos los hombres, y preguntó cuál es nuestro enemigo principal. Se alzaron voces que respondieron “El imperialismo”, “La oligarquía”, “La burocracia”… Y ella, Domitila Chungara, aclaró: ‘No, compañeros. Nuestro enemigo principal es el miedo, y lo llevamos adentro’. Yo tuve la suerte de escucharla. Nunca olvidé.”

DOMITILA BARRIOS DE CHUNGARA

 

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