Ella es la Historia

Publicado el Milanas Baena

Anaïs Nin (1903-1977)

Tuvo su vocación clara y la mantuvo en firme: había nacido para consagrarse como una escritora de renombre. A lo largo de su vida publicará algunas novelas por las que será aplaudida tanto por el público como por la crítica, y sin embargo la historia la recordará más por su valioso aporte a la psicología femenina, que conseguiría gracias al hábito permanente e inquebrantable de llevar con dedicación un diario íntimo que escribió desde que tenía 11 años. Por aquellos días su padre abandonaría el hogar, y esto desataría en la pequeña Anaïs la necesidad de contarse a sí misma sus tribulaciones y experiencias y de exorcizar emociones y sentimientos a través de la palabra escrita. Desde entonces no declinaría jamás en la imperiosa urgencia de decírselo todo a la intimidad de esos diarios que reúnen más de treinta y cinco mil páginas de manuscritos. Esta francesa fue el fruto de una mezcla variada de culturas: su madre una cantante de origen francés y danés y su padre un compositor cubano de ascendencia española. A sus 19 años se casa en La Habana con un acaudalado banquero que, más que un esposo, serviría como su mecenas y un apoyo incondicional durante toda su vida. Juntos se mudan a París, y allí Anaïs pasará los días entre las lecturas de D.H. Lawrence, sus clases de flamenco y danza española y los ahítos y prolongados ratos de aburrimiento. Es el momento que había esperado entonces para dedicarse a escribir y convertirse en una reconocida novelista. En 1930 publica un primer ensayo en donde estudia la obra de su admirado D.H. Lawrence. Ese mismo año conoce a Henry Miller, con quien protagonizará una relación pasional e intelectual que después del tiempo se convertiría para el mundo del arte como en una especie de mito. Hay una admiración mutua que los lleva a insistir en el vínculo de la amistad por medio de una correspondencia vitalicia. Inician así un ir y venir de acaloradas misivas que sostuvieron durante toda sus vidas, y en la que además se verá involucrada la presencia comprensiva y amigable de la esposa de Miller, con quien Anaïs mantiene una inusual relación de amistad. Este triángulo pasional es descrito por Nin en uno de sus diarios amorosos titulado Henry, su mujer y yo. Allí describe la forma en que se conjuran los placeres carnales e intelectuales entre el afamado autor de Trópico de Cáncer, su esposa June y la autora de los relatos. Queriendo ahondar en la profundidad de su psique, Anaïs se somete a un tratamiento de psicoanálisis que la llevará a descubrir un universo inexplorado en el que también dejará algunos aportes. Años más tarde trabajará como psicoanalista en Nueva York, y estas experiencias de su arribo a Estados Unidos, la separación de su amante Henry Miller y su posterior amorío con el reconocido psicoanalista Otto Rank, serán descritos al detalle en otro de sus diarios amorosos titulado Fuego. Pero antes de viajar a América Nin se reencuentra con su padre, y entorno a su figura desarrollará una idílica relación romántica que algunos sugieren derivaría en el enamoramiento, e incluso en el incesto, y que Nin manifiesta en uno de sus diarios amorosos más polémicos, titulado precisamente Incesto. “Cuando vuelvo a mi cuarto para coger una foto, Padre me sigue y permanecemos pegados el uno al otro, sin atrevernos a besarnos, sólo cuerpo con cuerpo.” Así describe Anaïs una situación que bien podría diagnosticar el clásico “Complejo de Electra”. En estos diarios se permite narrar también la traumática anécdota de un aborto involuntario que sufrió en un estado avanzado de embarazo. Influenciada por el Kamasutra, Anaïs Nin publicaría en 1939 una serie de relatos eróticos compilados bajo el título Delta de Venus, convirtiéndose en la primera mujer en incursionar en el mundo de la literatura erótica. Sus intrigas de corte surrealista se sostienen sobre una trama de alto contenido sexual, donde el deseo, la sensualidad y el voyerismo estarán acosando constantemente las pasiones que experimenta sus personajes. En una pequeña buhardilla instala una precaria y rústica imprenta con la que pretende editar sus propios libros y los de sus amigos. Es así como publica Invierno de artificio, y unos meses después da a conocer la novela que había comenzado a escribir en París tras el reencuentro con su padre, veinte años después de que éste la abandonara, y que tituló con el nombre de La casa del incesto. En la década de los cuarenta, en un intento por solventar sus gastos, y en compañía de su amigo Henry Miller, Anaïs escribe narraciones de un corte más bien pornográfico, que vende por un dólar cada página a un supuesto coleccionista anónimo. En 1947 logra cierto reconocimiento con la publicación de En una campana de cristal. Para 1955 se casa por segunda vez, sin haber concretado legalmente su divorcio, y sin romper nunca con la relación casi paternal que sostuvo siempre con su leal amigo el banquero. Anaïs vivía dos vidas en las que compartía a veces con uno, a veces con el otro, y que la llevaban a alojarse de un opulento apartamento en Nueva York a una estancia modesta en California. Nin declaró su gratitud con su esposo el banquero, a quien no le importaba incluso cubrir con los gastos de Anaïs durante sus momentos de ausencia, y a quien la escritora decide no incluir ni mencionar en sus diarios por ese mismo respeto que le merece. Por esta época la escritora profundizará en la comprensión de los motivos que la han llevado a ser quien es, y en otro de sus diarios amorosos titulado Más cerca de la luna, describe estas emociones y sus circunstancias, decantando muchos de sus pensamientos en torno a sus complejas relaciones sentimentales. Esta doble vida la mantuvo hasta que alcanzó el reconocimiento de un público mucho más amplio a través de la publicación de sus diarios íntimos, en donde en todo caso censura algunos episodios y nombres de personas, en un intento por proteger su identidad. Para evitar los escándalos que ya salían a la luz, y debido a complicaciones de salud por un tumor cancerígeno en los ovarios, Anaïs se establece en California, abandonando definitivamente a su querido banquero. En 1970 publica algunos de sus lascivos personajes que hasta entonces permanecían inéditos por considerarlos ella misma como caricaturescos, pero que al final aparecerían compilados bajo el título de Pajaritos. Anaïs Nin es considerada sin duda alguna como la precursora de la literatura erótica occidental. Hasta el momento escaseaban los textos eróticos escritos por mujeres, y Anaïs Nin hace su aparición en la historia de la literatura para abrirle camino a todas las demás que en adelante quisieron también explorar sin tapujos las palabras de la sensualidad y el erotismo. Se le reconoce por esto como una pionera de la liberación femenina a través de la literatura y la palabra escrita. Sus escritos no son sólo relatos de su intimidad, sino que constituyen el testimonio del pensamiento de su tiempo. En 1973 el Philadelphia College of Art le otorgó el doctorado honoris causa, y un año más tarde el Instituto Nacional de las Artes y las Letras la honraría con la distinción de miembro honorífico. Después de que sus cenizas fueran desperdigadas sobre las aguas de la bahía de Santa Mónica, los polémicos diarios de Nin cobrarían un nuevo significado y serían reeditados. Esta vez se permitirían dar a conocer los secretos que Anaïs no se atrevió a revelar en vida, y aparecerán los nombres de las personas que permanecían ocultas y que con el pasar de los años también irían muriendo, y a estas ediciones sin censuras de sus diarios se le conocen hoy como las versiones “inexpurgadas”. Los diarios de Anaïs Nin son también la narración de una aventura en su intento por consagrarse como escritora, además de un instructivo análisis de la literatura que se permitió estudiar y que nutrió sus propios relatos. Sus últimos diarios publicados reúnen en un solo volumen los episodios de varios años transcurridos y contienen más páginas que los anteriores. En sus comienzos la Segunda Guerra Mundial aparecerá como el telón de fondo sobre el que ocurren sus historias, y en sus otras anécdotas serán descritas las situaciones que viviría en su continuo trasegar entre Francia, México y Estados Unidos. También se dan a conocer los Diarios de infancia y Los diarios tempraneros, que recogen las primeras líneas de esa prometedora escritora, y en cuyas memorias ya se entrevé su determinación por perseguir con convicción un modelo de mujer independiente y realizada en su vocación artística. Y así fue.

Anaïs Nin

Comentarios