El Peatón

Publicado el Albeiro Montoya Guiral

La luz vaga

La Candelaria está llena de fantasmas. Y yo soy uno de ellos.

Avenida José Asunción Silva, Bogotá, foto de Albeiro Montoya Guiral.

 

DIARIOS DE EXTRAVÍO

Alba López

Bogotá

II

That my heart belongs to daddy
And my daddy belongs to my heart
Ella Fitzgerald

La luz vaga… opaco el día,
la llovizna cae y moja
con sus hilos penetrantes la ciudad desierta y fría.
José Asunción Silva, Día de difuntos

2001

Hoy alguien me preguntó por qué me gustaba el café, ¡la berriondera que me dio escuchar esa pregunta!, justo en el día de mis quince años. Papá se la pasaba agarrado con mamá para lograr echarnos cafecito en el tetero. Ay, mi viejo, siempre queriendo que seamos como vos y yo que, aparte de mis veinte tazas de café al día, no te saqué más… tal vez, eso sí, mi amor por las rosas y mi costumbre de hablar con las plantas.

José moría. El disparo no lo mató de inmediato, entrecerraba los ojos distinguiendo la musa que en cada alborada de mayo venía a saludarlo, pero ahora la veía impotente ante su dolor, no tenía ya la boca roja ni las mejillas sonrosadas, estaba vestida de luto, vestida de azulidad. José dijo: “gotas amargas” y el pulso de la noche cesó.[i]

Me cuentan que papá me llevaba al cafetal cuando yo no sabía caminar. Me llevaba en el canasto, los granos iban cayendo en el fondo hasta que me tapaban los pies y yo me echaba a llorar. Él me sacudía la miel, las hojas y las  hormigas pequeñas. Y me besaba la frente. La camiseta me quedaba oliendo a yerbas y al día vivo.

Así, cuando su madre y su hermana volvían de misa, tropezaron con Julito en la Calle de la Paloma. ¿Oye, qué haces tan madrugado por acá, vienes de visitar a José?, le dijeron creyendo que así era, porque traía la guitarra. Julio las miró absorto. Estaba borracho. No dijo nada y prosiguió tambaleándose por la calle como un fantasma más y desapareció. Cuando las mujeres entraron a la casa se prometieron que bajo ningún pretexto despertarían a José porque se la pasaba de lo más raro y cansado, además era bueno que durmiera, así fuera en el día, porque desde hace mucho tiempo no dormía. Nunca había dormido lo suficiente, pero ahora no dormía nada, y estaba delgado, lo cual agregado a su barba largamente obstinada, le daba un aspecto fúnebre, lánguido, muy dispar con su vitalidad de la juventud y con su risa de ayer cuando Adriana era su novia. Antes de que la impía se casara con ese tonto iletrado de mano dura, venido de Antioquia a quien, bendito sea mi Dios, las mujeres prefieren sobre cualquier poeta culto y bello allá muy debajo de sus harapos o su frac.

Por eso pongo este puesto de tintos aquí en La Candelaria. Me gusta este barrio, dizque está lleno de fantasmas y de duendes, o algo así, dizque por la calle María Mercedes Carranza a veces puede verse el fantasma de un poeta. Lo había matado uno de sus amigos, por envidia, y nadie escuchó el disparo. Imaginate vos, cómo en el caserío que era Bogotá hace cien años no se iba a escuchar un disparo. Si en Partidas, cuando los paracos cogían a bala a la gente, nosotros seguíamos escuchando ese sonido por mucho tiempo… lo hemos seguido escuchando toda la vida, aquí, tan lejos. ¡Cómo no iban a escuchar un solo y mísero disparo en esa época, home!

Las mujeres con pies aéreos entraron a la cocina y se encerraron. Allí hablaron en voz alta y dieron manubrio a la caja de música hasta hacer sonar una canción alegre. Estuvieron toda la mañana en sus quehaceres, seguras de que el poeta no despertaría, pues el sonido no era capaz de atravesar la tapia con que se había construido la cocina e ir a despertarlo vilmente. Sin embargo, a su hermana no le quedaba claro qué hacía el señor Flórez tan temprano en La Candelaria. Vio a su madre zarandear tenuemente al hombre y su orquesta que estaban inmersos en la caja de música y prefirió escuchar esto que a su mente desconfiada.

Papá, hoy me dicen que soy mujer, por fin, y yo no entiendo qué es eso de ser mujer. Si me dieran a escoger, todo lo daría por ser como vos y solo como vos.

 

***

[i] El texto en cursiva pertenece a Erótica, posible relato publicado ya donde imagino cómo habría sido la muerte de J.A.S. el 24 de mayo de 1896. Alba estaba de cumpleaños el día que vio por primera vez la casa donde vivió el poeta sus últimos años y donde, dicen, se suicidó. Ella tenía un vestido de flores hermoso, empezaba a vender café en la calle, y caía la lluvia.

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