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Un hincha azul

El Caminante
El Caminante

Fernando Araújo Vélez (*)

Fue en la mañana de ese mismo día del estrellón cuando sacó del cuarto de su hijo los balones, las camisetas, banderines, relojes y peluches de Millonarios. En un arranque de decepción, desde sus 11 años, le había confesado que no le interesaba ya mucho si el equipo ganaba o perdía, si se iba al descenso o no. Y lloró. “Entonces saquemos todo lo que sea azul. Si ya no te importa…”, le dijo su padre, triste, inconsolable, vencido. Dos horas más tarde, iba rumbo a su oficina en su honorable camioneta. La luz de un semáforo sobre la Avenida 15 cambió. Él aceleró sin ver del todo. Otro carro se le fue encima. Ninguno de los dos alcanzó a frenar por completo. El ruido, el golpe, el miedo, los nervios, la tensión, la primera discusión, uno que otro insulto. “Es que yo soy la esposa de Xx”, dijo de pronto la mujer. Él pasó por encima de sus palabras y sus veladas amenazas, pero luego le contaría a su tía que Xx había sido un trascendente técnico de Millonarios.

Llegó la policía. Croquis, preguntas. Nadie cedió. “Que usted se atravesó”, “que usted se pasó en rojo”. Se citaron para conciliar al mediodía del día siguiente. Ella fue con su marido y un montón de señores vestidos de negro. Ninguno sonrió. Él, don Martín, asistió con su abogado. El conciliador sentenció que las partes debían conciliar. Él se negó. Ella se mantuvo en un imperturbable silencio. Sabía que más tarde o más temprano, su marido iba a amenazar de muerte a don Martín. Entonces sonreiría. Entonces sonrió.

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(*) Periodista, escritor y editor de El Magazín online y de la sección de cultura del periódico El Espectador. Además, tiene a su cargo la edición de los Lunes Festivos
 

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