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Un fetiche

 

 

 

 

Ilustración de Carolina Martínez
Ilustración de Carolina Martínez

Las versiones modernas de las historias sobre la realeza son sólo un collage de grandes paisajes, vestuarios y bandas sonoras.

Lorena Machado Fiorillo (*)

No se acercan siquiera a mostrar cómo un terapista de lenguaje, sin ningún título que lo validara, ayuda a un rey tartamudo a preparar sus discursos. Tampoco hay algún personaje suficientemente denso que lo obligue a uno a estar allí, absorto, en una especie de escena voyeur sin salida. No. Las últimas películas sobre la realeza con protagonistas femeninas son simples pero yo -que le huyo a la transmisión de las bodas reales a las 4 de la mañana o en cualquier otro momento- no dejo de verlas. Y lo más infame, de repetirlas.

Puede que tras ellas exista uno de esos nombres medio inmortales (Sarah Fergusson, Sofía Coppola, Martin Scorsese) pero el guión original se desvanece, se desdibuja. Al fin de cuentas termina siendo vil reproducción de un relato que ha sido contado muchas veces  y que tiene su encanto, precisamente, en haber hecho parte de la historia real. Fuera en Inglaterra o Francia, en el siglo XVI o XIX, esas heroínas existieron y revolucionaron al mundo. Ya tuvieron mérito. Los intentos de llevarlos a la pantalla deben ser tan osados que marquen una diferencia frente a sus antecesoras.

Fue por eso que ‘María Antonieta’ (2006) causó revuelo. Ocho años atrás Cate Blanchett, la australiana, se daría a conocer por su interpretación de la reina Isabel I en ‘Elizabeth’, una cinta que retumbó en los Oscar, en los Globos de Oro, en los Bafta y mantuvo –a pesar de varios deslices históricos- los tintes de la época. Incluso, lo ratifica la música compuesta por David Hirschfelder -con gran instrumentación y coros exagerados- que está muy lejos de la versión de Coppola, quien le dio salpicadas de rock a la desesperación de la soberana francesa. Se escuchaban los Strokes, The Cure, Phoenix y detrás se encontraba Versalles, igual de frío y pomposo.

Quizá  con esa cinta se originó el despliegue de adaptaciones que tenían entre su larga nómina de actrices a jovencitas que han interpretado papeles muy flojos o ninguno verdaderamente rompedor. A excepción, por supuesto, de Helen Mirren y su espléndida actuación de Isabel II en ‘La reina’ y años después de Natalie Portman con ‘El cisne negro’, las demás hasta ese instante habían cautivado por la belleza que las convertía en musas. Allí estaban Kirsten Dunst con María Antonieta, Scarlet Johansson y Natalie Portman siendo las hermanas Bolena, Keira Knightley –quien ya había ganado fama por ‘Piratas del Caribe’- dándole vida a la doblegada Georgiana Spencer y hubo una, Emily Blunt  quien le dio a la reina Victoria un matiz distinto al del luto eterno.

Sin duda, estas películas siguen siendo previsibles. De pronto románticas, idílicas y con una fotografía impresionante por los sitios en donde se desarrollan, sin embargo, ligeras. No serán un instrumento útil para historiadores (¿por qué tienen que serlo?) pero sí son un referente de vestuario y sólo por él ganan el Oscar. Nombres como Sandy Powell, Michael O’ Connor y Milena Canonero son los que lo reciben y son los mismos que las ponen a resonar dentro de una oferta que sí tiene respaldo en el guión.

Échele un ojo a:

La joven Victoria (2009)

La duquesa (2008)

La otra Bolena (2008)

María Antonieta (2006)

La reina (2006)

Elizabeth (1998)

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(*) Periodista de El Espectador.

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