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Un asunto embarazoso

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Por: Oscar Seidel

Todos en el pueblo están consternados con la noticia que el comerciante Abraham  está embarazado. El rumor que ha corrido como mecha de polvorín se debe a la locuacidad del mensajero del laboratorio de la bacterióloga Débora, quien abrió el resultado del examen que días atrás se había tomado don Abraham, y se lo comentó a sus amigos con quienes se reunía todos los días en el parque.

Si bien la bacterióloga Débora no le atinaba a veces a los diagnósticos, ya que se había equivocado afirmando que una mujer tenía el antígeno prostático alto, o que un hombre  resultó con infección en la matriz, en está ocasión ella juraba que esa era la muestra que le habían hecho llegar, y que sus conocimientos le daban para sostener que estaba en lo cierto.

Lo que don Abraham no había contado era que debido a un síntoma de cistitis, el médico Salomón  le había sugerido hacer un examen de orina para medir el nivel de infección en la próstata. Puesto que no podía demorarse dado que no confiaba en sus dos hijos David y Elías, quienes le ayudaban a vender en su almacén de telas, se le olvidó llevar la muestra en ayunas, lo cual obligó a que su esposa Magdalena le facilitara una muestra de ella para no perder la cita en el laboratorio, y obviamente el dinero pagado por el examen.

Como la burla en el pueblo era insostenible dado que los clientes le compraban a don Abraham solo por reírse a carcajadas del pobre viejo, éste decidió entablar una demanda penal a la bacterióloga Débora por daños causados en su moral y en su virilidad. En los descargos ésta última careó a don Abraham para que llevara una muestra de él, pero para no gastar su valioso tiempo en el juicio, don Abraham tuvo que confesar que la muestra llevada días atrás al laboratorio había sido de su esposa; afirmación que dio pie para que la bacterióloga  diagnosticara  con propiedad que entonces Magdalena a sus cincuenta años estaba embarazada.

Fue entonces que el juez conminó a Magdalena a decir la verdad, y con ello declarar el juicio cerrado. Ella dijo que don Isaac el dueño del almacén de telas más grande del pueblo, le suministraba mercancías para surtir el almacén  de su marido a precios cómodos y pagaderos a sesenta días, a cambio de los favores sexuales. Al oír esto don Abraham cayó al suelo por un ataque al corazón y al bolsillo, dado que siempre creyó en la fidelidad de su esposa para hacer negocios.

En la cama del hospital, agonizando y casi ciego, don Abraham quiso vengarse de esta afrenta y mandó a llamar a su esposa y a sus dos hijos, con el pretexto que iba a repartir la herencia. Estos llegaron presurosos dejando el almacén cerrado. “A ti Magdalena te dejo de herencia el almacén de Isaac”. Pero Abraham si eso no es tuyo, respondió Magdalena. “Por eso mismo te lo dejo, para que él responda por ti y por el hijo que viene”, contestó Abraham. Aquí están David y Elías? preguntó el viejo moribundo.”Si papá aquí estamos” respondieron en coro los hijos.”Entonces no les dejo nada, por no estar cuidando el almacén que es lo único que aprecio”, y de manera súbita se levantó de la cama, tomó un segundo aire, y se fue a abrir las puertas de lo que lo era en realidad su pasión diaria.

Cali, Abril 02 del 2016.

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