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Transeúntes en una vida

 

caminos

Luisa Fernanda Viatela Lozano 

Y caminar, caminar mirando hacia el paradero de bus, mirando de vez en cuando hacia atrás para ver si viene el que me sirve, el que me puede llevar al trabajo, creo que es mejor caminar un poco más. Caminar y ver en el suelo ese botón de flor amarilla que yo solía reventar en su cabeza o que por simple manía pisaba, si lo veía en el suelo, para hacerlos sonar.

Recuerdo que una vez le dije, “no creo en las promesas pero siento que contigo podemos prometer una y mil veces no separarnos, estaré cuando tus papás decidan irse a conocer la otra vida y vuelvas a casa y no los encuentres porque ya no volverán”.  Prometiste estar cuando los míos no estén y mi hermano se vaya, prometimos no abandonarnos, seguir caminando sin importar lo que se presentara. Creo que entiendes por qué no creo en las promesas.

En cierta ocasión íbamos a comer una ensalada de frutas, es más, varias veces fuimos por una. Cuando caminábamos, nos percatábamos de lo diferentes que éramos y que a pesar de todo, seguimos siendo; te gusta la piña y comer mango, yo prefiero la manzana y quizá la mandarina, cualquier cosa con lo que evite untarme los dedos; te gusta conocer muchas personas a diferencia de mi, que prefiero quedarme con apenas los necesarios… y eso, después de no cumplir promesas quisiera no apegarme a nadie.

¿Qué es creer?, si soy yo quien debe responder diría que creer es lanzarse por el peñasco con los ojos vendados y quedar a ‘lo que Dios quiera’; por otro lado siento que a estas alturas es meterme al rio sin saber nadar y aún así creí, creí en nuestras diferencias y creí en nuestras similitudes; recuerdo que nos gusta la lluvia, hablar, escuchar música, aconsejarnos o simplemente disfrutar el silencio (a ti no tanto como a mí).

Caminar, caminando, caminaba, caminábamos y en medio de una película que vi, la protagonista decía, “El viaje más largo empieza con un primer paso”. Siempre en los primeros pasos hay personas, familiares, conocidos y amigos, estos últimos se convierten de una u otra manera en tu espejo, sea el que muestra lo que eres o lo que no quieres ser y aún así planeas, sueñas, trazas metas e ilusiones con esos ‘amigos’. He llegado a entender que todos nos limitamos a creer en el presente y llenarnos de promesas basándonos en él, contemplando posibles futuros dándolos por hecho sin prevenir.

Unos cuatro, cinco o seis años de amistad que llegan a un final no es prueba de que nunca se es amigo, simplemente retiñe con tinta de sepia, tinta de recuerdo, que las personas van y vienen, unos que van, vuelven y unos que vienen no se van, pero de la forma que sea no quiere decir que no existan o que dejen de existir, solo es la forma en que la vida, el destino o lo que sea nos dice: Hay un ahora y un después, el ahora se siente hasta casi palpar pero el después no, el después vendrá pero no asegura que llegue con quienes están acá, el después puede llegar mientras los que ahora están, se van.

 

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