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The Castles, un sueño a puro pedal (Emergentes XLIX)

Por: Andrea Garzón Garzón

A esta banda musical, colombiana de pura cepa, la conforman cuatro jóvenes entre los 17 y 21 años de edad, de apellido Castles. Sus diferentes personalidades han hecho de su música un compendio de melodías y letras que va más allá de las modas y lo efímero.

Conocí de cerca un grupo de cuatro jóvenes que viven, crean, sueñan y hasta transpiran música. Parece raro, pero no lo es, ellos están conectados desde los diez años con este arte. Cada acorde, cada melodía, es fruto de un suceso significativo que los invita sin más premios a escribir, componer y producir canciones.

Los vi subir al escenario y mientras terminaban de afinar sus guitarras observé un público fiel que esperaba con ansias entonar sus canciones. Apenas pasaron unos minutos cuando The Castles llenó con su buena energía el lugar. Varias fans se pararon frente a ellos y con los nervios propios de la situación del lanzamiento de su último sencillo, cantaron con chispa, esa misma chispa de la que confieso también me dejé contagiar.

Al salir del escenario, llegué con los Castillo al lugar donde le dan vida y ritmo a la letra de sus canciones: su casa. En la pared de la sala se encuentra la imagen del grupo musical. Está dibujada con tiza desde el piso hasta el techo. La obra me trae enseguida a la cabeza la imagen de The Beatles en aquellas épocas doradas de éxito y conquista.

Y esencialmente, es a través de la admiración por The Beatles que se originó la banda hace diez años, cuando los Castillo, por entonces unos niños, se descubrieron como músicos y encontraron sus roles dentro del grupo. Desde entonces, la disciplina y la entrega por subirse a cada escenario ha sido plena. Cada día tiene diez horas de preparación musical, cada día llega con nuevos retos para estos cuatro artistas con estilos diferentes: el bohemio, el amante de la onda fitness, el creativo y el romántico.

Estamos en un país en que la mayor parte de la gente quiere ganarse la vida fácilmente, donde las luchas parecen estériles si no dan frutos inmediatos, especialmente cuando se trata de dinero y reconocimiento. La fama y el éxito de muchos artistas se logran como un bingo luego de que lanzan una canción “pegajosa” que se pone de moda y que a veces tiene más valor que los años de esfuerzo y talante. Hoy en día el éxito de canción a canción es efímero, las letras van quedando en el olvido y los ritmos suelen esfumarse con el viento. The Castles busca ser una excepción.

A esta banda musical, colombiana de pura cepa, la conforman cuatro jóvenes entre los 17 y 21 años de edad. Diferentes personalidades se convierten en The Castles, familiares que llevan diez años unidos con un fin en común, el sueño de vivir la música y por medio de la música dar vida a los demás. Su unión y las horas de preparación los han llevado a ser uno solo, a ocuparse en la construcción de un futuro promisorio para la banda y a salvaguardar la buena relación y no desmoronarse como familia, a pesar de los años y los diversos temperamentos.

Llegamos al tema que está en boga, La profesora, su último sencillo, en el que, a propósito, Juan Diego, el menor del grupo y vocalista principal, cuenta de aquella vez que sintió amor por su maestra, un amor inocente que lo llevó a escribir y componer una canción vivificante para muchos. En el video de esta canción se refleja el vivo ejemplo de cómo “pedalear” por los sueños lleva a la conquista del éxito.

Un niño llamado Gabriel, hijo de la persona de confianza que forma parte de la familia de los Castillo y que es considerado como un hermano menor para ellos, es el protagonista de este video, que recrea el esfuerzo de un niño por conquistar a su profesora, quien ha perdido a su perro. Gabriel interpreta al estudiante. Tiene un portentoso parecido a Nairo Quintana, no solo en el físico, pues no para de pedalear en su bicicleta hasta no recuperar a la mascota y dibujar una sonrisa en el rostro de la maestra.

The Castles se sienten orgullosos de su trabajo hasta hoy. Saben que no ha sido fácil pero recuerdan con enorme satisfacción aquella vez que compartieron tarima con Manuel Medrano, uno de los artistas colombianos más sonados en el mundo. También, permanece en su memoria afectiva el logro que fue estar de gira en México y Colombia, como resultado del “temple y arranque” que tienen como grupo.

Estos jóvenes no ven la música como un simple sueño adolescente, ven la música con efusión cada vez que enganchan sus guitarras, cada vez que redoblan las baquetas y cada vez que suena una historia. Son jóvenes a los que el camino les ha enseñado que la fama, el reconocimiento y el público fiel se ganan por medio de esfuerzo, el mismo esfuerzo que vi, que escuché y por el que me dejé seducir.

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