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Satisfaction, cinco notas que sacudieron al mundo

 

 

Fernando Araújo Vélez

Eran unos cuantos entre millares de millares. Unos cuantos que le apostaban al color en lugar del blanco y el negro y el gris, que le apostaban a la vida en lugar de la costumbre y que vivían cada minuto como si fuera el último. Sus miedos eran el hastío, y por ello solían decir, como Baudelaire, “prefiero la infinitud del goce en un instante a la eterna condena del hastío”. Eran flores del mal para los conservadores, que se cruzaban de acera cuando los veían aparecer. Flores del mal para los guerreristas, que intentaban callarlos para seguir haciendo negocio con sus guerras en Vietnam y en África. Flores del mal para los moralistas, que habían heredado el bien y el mal de sus antepasados para seguir traficando con almas muertas en vida. Flores del mal para los represores, que encarcelaban a los gays, a los marihuaneros, a los borrachos y a las putas. Eran flores del mal en plenos años 60, y protestaban, en plenos años 60, cantando, gritando I can’t get no, Satisfaction.

Su grito, su canto, el riff de cinco notas que marcaba la canción desde el comienzo y que seguía repitiéndose a medida que aumentaban la insatisfacción y la rabia y la indignación, comenzaron a ser desde el 6 de junio del 65, cuando salió el primer sencillo a las tiendas de discos en los Estados Unidos, el grito y el canto de una nueva generación, hastiada de los preceptos y las imposiciones. I can’t get no, Satisfaction, fue una frase amuleto que hacía posible lo imposible, una de aquellas frases de aquellos años, como “Seamos realistas, pidamos lo imposible”, o “prohibido prohibir”. Era, fue, es una flor del mal, una droga sin droga, el poder de luchar contra todo y contra todos, y la fuerza para derribar muros aparentemente infranqueables. “Fue la canción lo que realmente hizo a los Rolling Stones, pasamos de ser una banda más a ser una inmensa, monstruosa banda.Tiene un título cautivador. Tiene un riff de guitarra cautivador. Tiene un gran sonido de guitarra, que era original en aquella época. Y capta el espíritu de los tiempos, lo que es muy importante en este tipo de canciones, que era la alienación”, diría Mick Jagger años más tarde. “Sólo hay una canción en Los Rolling, el resto son variantes que van surgiendo”, afirmaría Keith Richards tiempo después.

Entonces contó que la melodía, el riff de su guitarra, se le había aparecido durante un sueño en La Florida, que se había despertado con el sonsonete en la mente y la había grabado en una cinta y se la había tocado luego a Jagger. “Mick escribió todas las palabras que decían algo, y yo, el gancho”. Pasados unos días, le entraron dudas sobre la música, sobre su sueño, sobre la letra, sobre todo. Mientras más la tarareaba, más se le parecía a ‘Dancing in the street’, una famosa canción de ‘Martha and the Vandellas’. En un momento, se opuso a que la grabaran, pero London Records, la compañía discográfica con la que trabajaban, lanzó el sencillo sin su aprobación definitiva. Después alguien insinuó que el título era una especie de plagio de ‘I don’t get no satisfacción from the judge, de Chuck Berry, pero la fuerza, la violencia de los Rolling Stones, sus interpretaciones, su sonido, su rebelión, se tragaron las críticas y los debates. No podía haber análisis en medio de un huracán de insatisfechos.

La historia de Satisfaction era la historia de miles de adolescentes en los 60, y luego fue la historia de millones en los 70, todos, hastiados del capitalismo salvaje, de las guerras, del racismo y la exclusión, del tener que callar y callar y callar. Al comienzo, era violencia, romper, hacer y seguir haciendo. Los Stones cerraban sus conciertos con Satisfaction, y lo seguirían haciendo por los años de los años. Después, los críticos comenzaron a hablar y a ubicarla en sus listas. Y Satisfaction pasaba del 100 al 80, del 80 al 45, de ahí al 98 y etcétera, hasta que la tormenta se calmó y dejó ver a través. Entonces, Art Garfunkel dijo que era la segunda mejor canción de rock de todos los tiempos, sólo superada por Like a rolling stone, de Bob Dylan. Los críticos hicieron venias, Satisfaction pasó a ser El himno, y los memoriosos recordaron una frase de Newsweek que hablaba del riff de Richards como “Cinco notas que sacudieron al mundo”.

 

 

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