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¿Reinas corchadas?

https://www.youtube.com/watch?v=Uo1KaFhPZyg

 

Sara Malagón Llano
@saramala17

Ayer la señorita Huila, Laura María Saavedra Gómez, le concedió una corta entrevista al canal RCN (si es que a eso se le puede llamar entrevista). En el video, que desde entonces es tendencia en redes sociales, la periodista le pregunta a la candidata a señorita Colombia: “¿Quién fue Nelson Mandela?”. Las opciones, añadidas luego en una edición del video, son: A) Un líder sudafricano; B) El que inició el Concurso Nacional de Belleza; C) Un jugador de fútbol. Ignoremos el error ortográfico de la segunda opción que salió así, como si nada, y como suele pasar, en pantalla (“el que inició”, en vez de “quien inició”, como si Mandela fuera una cosa) para enfocarnos en que esa habría sido la opción que escogiera Saavedra y que la condenó al señalamiento colectivo y masivo: «Es la persona que inició el Concurso Nacional de Belleza», respondió.

La reacción inmediata (que es también la más fácil y la más obvia) es pensar “qué tonta es la señorita Huila”, y por ahí derecho, “qué tontas son las reinas, qué ignorantes”, por no usar un lenguaje más violento. Sin embargo, examinemos el hecho más de cerca.

En primer lugar hablemos del formato de la “franja” en que fue hecha la pregunta. Se tituló “Reinas corchadas”, y como si no fuera lo suficientemente humillante, la reina tuvo que responder a la pregunta mientras bailaba hula hula: todo un espectáculo. Un segmento de esa índole tiene un único propósito: poner en ridículo a una aspirante al título de la más bella de manera intencional, deliberada, y, seguramente, con miras a elevar el rating, a hacer que el video sea visto y compartido miles de veces en internet.

¿Qué hace un periodista haciéndole ese tipo de pregunta a una reina? ¿Qué espera encontrar, qué espera probar o reafirmar? Al parecer, que la mayoría de las señoritas que se presentan a ese tipo de concursos no tienen los conocimientos que la harían pasar por alguien inteligente o medianamente educado. Hemos sido testigo de ello muchas veces, tanto en concursos internacionales como en los nacionales, pero el deseo de seguir escarbando y señalando ese fenómeno, en el marco de un concurso que premia la apariencia física por encima de todo, permanece. A pesar de los intentos fallidos de tapar la naturaleza banal (y dañina) del Reinado con el supuesto peso de las respuestas que dan las candidatas en el marco del concurso oficial, sigue siendo un concurso que evalúa a las candidatas por su supuesta belleza y perfección física. No es y nunca será un concurso que mide el coeficiente intelectual de las participantes. Sin embargo, se acentúa siempre ese lado del asunto, sólo para dejarlas en ridículo, humillarlas. Amarillismo puro. Tal vez al país le gusta regocijarse en la ignorancia del otro para sentirse un poquito mejor con su propia imbecilidad.

Otras consecuencias de ese tipo de “periodismo” son las siguientes: se perpetúa el prejuicio que relaciona la belleza con la estupidez, al ventilar mediáticamente la ignorancia de algunas concursantes y sugerir razonamientos como: “Si es bella es necesariamente bruta”, cosa que nos lleva a un segundo punto: la idea de que no ser inteligente y ser ignorante son la misma cosa. No son lo mismo, y tanto lo uno como lo otro son condiciones u opciones legítimas de vida. No todos son inteligentes, y no todos quieren saber y conocer. Pero sobre todo, no todos intentan pasar por sabios y cultos, en medio de esta cultura ignorante y altanera.

Por otro lado: ¿Cuáles son acaso esos conocimientos de “cultura general” que las reinas y todos los demás tendríamos que conocer? ¿Por qué las reinas deben saber lo que otros saben? ¿Por qué deben tener las mismas preocupaciones?  Y además ¿dónde está la línea entre aquello que hace o no parte de la “cultura general”? ¿Quién da el visto bueno, quién decide si el otro sabe lo suficiente para presentarlo como una persona socialmente aceptable, intelectualmente hablando? En este caso es una periodista que pretende mostrar y señalar la ignorancia de su entrevistada. Quiénes son más imbéciles: ¿Aquellos que se ponen a sí mismos en posiciones de saber para exponer y acribillar al otro, o aquel que no sabe porque, tal vez, no le interesa saber?

Me pregunto por qué los periodistas no les hacen las mismas preguntas a otros blancos apetitosos. ¿Qué pasaría si se les hicieran a nuestros héroes nacionales de hoy, a los jugadores de fútbol, después de un partido? ¿Será que sabían quién era Nelson Mandela antes del escándalo público de la señorita Huila? ¿Y si se le hubiera hecho la misma pregunta, y hubiera respondido mal, estaría siendo igual de criticado públicamente? Algo más allá, algo muy grave, se esconde en las ansias de ridiculizar a estas mujeres.

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