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¡OMG!

 

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Julián Mora Oberlaender
@jomorao

Dios me habló en un sueño. Escribo lo que me dijo, o lo que entendí. Es difícil porque rara vez me acuerdo de mi sueños y no es fácil traducir desde idiomas desconocidos. Me dio la tranquilidad de no estar condenado por no haber creído en un dios durante todos estos años, ya que entiende que hasta ahora no me había dado evidencia que me convenciera.

Está de acuerdo en que las personas confiemos en nuestros sentidos, intelecto y capacidad de razonamiento. Ver para creer. ¿Por qué tardó en manifestarse? La cantidad de llamados que recibe a diario no le deja tiempo. Resulta abrumador que a cada momento le interrumpan con un ¡OMG! o, lo que es igual, un ¡Dios mío! cuando salta una araña o canta Justin Bieber. Si las personas dejaran de atribuirle cada evento aparentemente inexplicable o milagroso y se deshicieran de la pereza de delegarle tantas decisiones podría tener conversaciones serias con todos, como me pasó a mí.

Recalcó que es innecesario darle crédito y agradecerle por todo, ya que no se involucra en nuestro destino tanto como algunos creen. El reggateón es la prueba de eso, pues si la decisión fuera suya nunca lo hubiera permitido. Eso sí, tenemos pendiente darle las gracias al cirujano que salvó un paciente, al ingeniero al que no se le cayó un puente y al agrónomo que logró una buena cosecha.

Le pregunté por la frase de Einstein: “Dios no juega a los dados”. Y por la respuesta de otro físico, Stephen Hawking: “Sí juega a los dados pero a veces donde no lo vemos”. Dice que poco después del Big Bang dejó los juegos de azar, que los dados se juegan solos. Que siempre va a haber aspectos impredecibles y aleatorios en la naturaleza pero no son su responsabilidad.

Tiene un gusto enorme por los cambios, por la evolución y la innovación. Ve grandes posibilidades surgiendo desde la biotecnología, la nanotecnología y la computación. Siendo un ser eterno resultaría tremendamente aburrido que todo estuviera estático desde el principio del tiempo. Las especies cambian, las personas cambian, y las personas transforman las especies. La tecnología le resulta apasionante, no solo como entretención sino como medio para vivir mejor.

No está de acuerdo con el uso de algunos términos que intentan acercar la ciencia a la gente. Expresiones como medicinas milagrosas le resultan contradictorias. O el concepto de la Eva mitocondrial africana para explicar que todos los humanos compartimos un mismo linaje que se originó en ese continente. Prefiere que a Eva la dejemos en el Jardín de las delicias porque África siempre ha estado lejos de ser un paraíso. Le falta compasión y mucha ciencia y tecnología para acercarse a ese ideal.

Entiende que las personas se reproduzcan y que así llegáramos a los siete mil millones. Pero no que nos hagamos la vida más difícil de lo necesario. Teniendo creatividad, razón e historia sugiere que trabajemos, hagamos más ciencia y creamos en lo que vemos y podemos demostrar.

Eso me dijo. O al menos eso soñé que me dijo, que es lo mismo.

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