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Nos han dado el mundo

 

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Jorge Sánchez

Ahora lo único que escuchamos es ladrar a los perros. El chico nos ha dicho que los soldados se acercan y todos nos hemos sentado a esperar, mirándonos las caras; como buscando una respuesta al miedo o quizá buscando el valor que nos falta para enfrentar la muerte.

Ahora todo está perdido. El chico ha llegado con la noticia atravesada en la garganta y nos ha robado todo, dejándonos sólo el miedo a una muerte que cada minuto parece más verdadera, una muerte que el viento acerca con su olor salitroso de sangre y destrucción. Y yo todavía escucho la voz del capataz repitiendo una y otra vez: “Lárguense de mi tierra. Ahí tienen el mundo, se los doy enterito”

Muchos se levantaron sin decir nada y se fueron, algunos incluso tiraron los rifles primero y luego escupieron esa tierra que tanto daño les había ocasionado. Una tierra roja por la sangre que dejaron.  Así fue.

-Nos han dado el mundo -dice uno de los hombres, mientras se levanta.

-Sí -responde otro-, es mucha tierra.

-Señores, nos han dado el mundo -, grita el hombre de pie. -No es justo que muramos por este pedazo de tierra que ya de tanta sangre ni se podrá cultivar. Yo me largo y les recomiendo que hagan lo mismo.

Todos nos miramos, confundidos. Sé que muy dentro algo nos dice que escapemos, que dejemos todo este sufrimiento y busquemos suerte en otra parte de ese mundo que ahora es nuestro y de nadie. Ese mundo árido que tanto tememos. Mientras vemos como lentamente los dos hombres desaparecen hasta ser dos puntos lejanos y tristes en el horizonte, el chico se levanta y dice:

-Yo les haría caso, esos soldados vienen con ganas de todo y no respetarán a nadie.

Ahora el chico también se convierte en un pequeño punto lejano. Nosotros nos quedamos sentados mirando nuestras máscaras llenas de miedo, tan distintas todas y tan iguales a la vez. Sentimos las pisadas lejanas de los soldados; la muerte viene con botas y camuflada.

Un pequeño hombre me mira, tiene bigote y sombrero. No logro reconocer quién es, tal vez uno de esos que envió el Negro para ayudarnos. No lo sé. Nos miramos y todo es tan irreal, todo es un lenguaje de miradas, un grito furioso, un devenir de la muerte y perderlo todo. Nos miramos y en él me reconozco; somos un mismo miedo, una misma tristeza ante la nada que nos espera. Nos miramos y reímos.

El hombre se levanta y de un grito calla a los perros:

-Nos han dado el mundo, maldita sea. Devolvámoselo.

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