El Magazín

Publicado el elmagazin

Nos enseñan a hacer obleas, ¿y el arequipe?

jaime garzón

 

Irina Yusseff

Jaime Garzón,  abogado de profesión, periodista por convicción y humorista de corazón, no solo fue un crítico político sino un eterno convencido de que la paz no la tienen que hacer los dueños del poder, la paz la hacemos todos.

Para él, el gran problema de los colombianos es la actitud cómoda ante todo, el conformismo y la ley del menor esfuerzo, todo esto traducido en un pesimismo colectivo: “uno baja el vidrio y bota el papel porque ‘como eso no es mío’” o “¿para qué llego a las ocho si nadie va a llegar?”. Por eso nos importan cero el medio ambiente, cero el patrimonio y cero los derechos y los deberes que tenemos como ciudadanos.

Para Garzón todo radica en la falta de identidad con el país, es decir, el país es de los colombianos, tenemos soberanía sobre él porque es nuestro; sin embargo, le entregamos esa potestad a personas que en vez de dirigir el país se lo digieren. No hay conciencia colectiva, pues esperamos que el problema lo resuelvan otros, entonces le echamos la culpa a los gobernantes, cuando la culpa es nuestra por haberlos elegido.

¿Por qué sucede esto? Porque Colombia es un país vendido. En Colombia nos venden todo. Nos venden las elecciones, nos venden las noticias, nos venden la educación y los colombianos compramos y tragamos entero. Es más cómodo comprarlo hecho que fabricarlo. Para qué buscamos la verdad si de eso se encargan los medios, para qué proponemos cambios si de eso se encargan los políticos, para qué exigimos nuevas formas de enseñanza si de eso se encargan las universidades ¿para qué? Eso es salirse del estado de confort en el que estamos.

Jaime Garzón siempre hizo énfasis en dos temas importantes, que son la base fundamental para llegar a alcanzar la conciencia colectiva que tanto nos falta: la educación y los medios de comunicación. El humorista plantea que la educación en Colombia está formando ciudadanos esquematizados, preocupados por llenarse de tantos conocimientos como puedan para luego poder presumir una infinidad de títulos y reconocimientos.

Es verdad, el sistema educativo es tan absurdo que en vez de enseñar a los estudiantes a entender el país, su historia y el entorno que los rodea, en vez de formar espíritus librepensadores, autocríticos y autónomos, se empeñan en que se aprendan de memoria las preposiciones, los elementos de la tabla periódica y el abecedario en inglés. Es como si se tratara de pensar lo mínimo y aprenderse lo máximo. “Nos enseñan a hacer obleas, pero ¿y el arequipe?

Asimismo sucede con los medios de comunicación, que a pesar de tener la función de ser un puente eficaz entre la realidad del país y el pueblo, se han convertido en la ventana promocional de los más poderosos. “En este país nos venden todo” y los medios son los principales vendedores. Alimentan la conformidad y mediocridad de los colombianos, porque si el noticiero dice que todo va bien, todo va bien.

Como el sistema educativo forjó personas con buena memoria, pero con pereza mental, los medios de comunicación tienen que continuar con ese legado. Entre menos implique pensar, más rating. Y a mayor rating mayor oportunidad para tener a las personas ocupadas y sumisas. “Nos comemos todo lo que nos dicen los medios” y creemos que es verdad porque al fin y al cabo para eso están. No nos inquietamos por ir más allá, nos quejamos de que no hay líderes, pero nos quedamos sentados a esperar que uno aparezca.

Por esta y muchas otras razones, Jaime Garzón siempre incitó a los jóvenes, a la universidad y todos los que ven en su forma de contar la realidad una oportunidad para entender el país, a no quedarse como espectadores, a actuar en vez de criticar, a proponer en vez de renegar y a pensar en vez de buscar el canal con más rating. Solo así se logrará un cambio.

Hoy, 15 años después de su muerte, los dueños del poder siguen digiriéndose al país, el rating de los programas anti-pensar sigue en aumento, los medios de comunicación se hacen millonarios a costa de los políticos y los colombianos siguen cómodos esperando que alguien más les solucione la vida. De vez en cuando se vislumbra la posibilidad de cambio, la lucha de algunos y la perseverancia de otros, pero la paz, la democracia y el cambio son trabajo de todos, no de algunos.

Comentarios