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Nacimiento y caída de la prensa roja (Tercera entrega)

Stanislaus Bhor emprende un viaje tras las huellas de un extraño periodista (Jaime Ramírez), y pasa revista al periodismo revolucionario de los años 70s, a las fracturas ideológicas de la izquierda, a las sombras proyectadas de Camilo Torres (cura sublevado) y de Rojas Pinilla (dictador demócrata), a García Márquez y Orlando Fals Borda enfrentados al interior de una revista, y al fracaso de aquellos que tampoco hicieron la revolución. Serie en diez entregas, especial para El Magazín on-line.

 Gustavo Rojas Pinilla

 

Gustavo Rojas Pinilla: El dictador demócrata

Sin comprender a Camilo Torres, es difícil comprender a nuestro preboste, y a muchos cerebros fugados a las filas de la guerrilla. Los fines que consiguieron fueron los mismos: el sacrificio. Los medios que utilizaron se parecían: ambos hicieron una declaración de principios con palabras, ambos fundaron un periódico, ambos terminaron enfilados cuando las palabras fueron insuficientes y decidieron pasar a las acciones. El radicalismo son las acciones, no las palabras. Camilo Torres murió antes que Jaime Ramírez pudiera conocerlo en las montañas de San Vicente de Chucurí y el panorama político se enrareció en Colombia. Nadie parecía tener una voz disidente capaz de tomar la mortaja de Camilo y revestirse con su proyecto político de oposición al Frente Nacional, hasta que empezó la campaña presidencial para 1970. Entonces algunos aprendices de revolucionario que habían quedado en orfandad con la muerte del cura vieron surgir una influencia inesperada y de mayor peso que el desmoronado Frente Unido: la Alianza Nacional Popular, ANAPO.
Es ahí cuando entra Rojas, el oxímoron: un dictador convertido en demócrata.

A él se le oyó por primera vez reivindicar a Camilo y a los curas rebeldes:

«No es rebeldía porque el clero joven está siguiendo las instrucciones de su santidad. Al contrario es una sumisión a las directrices del romano pontífice que ha visto que la salvación de la iglesia está en seguir la doctrina de Cristo. Es decir que el sacerdote está al lado del pobre, del necesitado para poder ayudar y no al lado del poderoso.»

En palabras de sus detractores, Rojas era ahora un perro que quería vestirse con las pieles del zorro, y para simularlo mejor, caminaba en las puntas de los pies con un rabito hirsuto y peludo, pero mostrando afilados dientes. Sabía que la oligarquía industrial lo puso en el poder cuando la oligarquía latifundista sintió amenazados sus intereses. Sabía que cuando los intereses de los industriales volvieron a estar seguros, la misma oligarquía le arrebató el poder con paros y protestas y jeremiadas, dejando en claro que había sido sólo un títere usado de pacificador. Ahora pretendía hacerse al gobierno por la elección popular, y para ello intentó cautivar a lo que llamaba, en su marxismo no leído, «las masas», a las ingentes hordas de hambrientos que no habían recibido del Frente Nacional la acostumbrada piltrafa de carne humana con que la plutocracia contentaba al pueblo. Pinilla ofreció a Camilo Torres una cuota burocrática en su futuro gobierno a cambio de adherir la propuesta del Frente Unido a la Alianza Nacional Popular, pero Camilo Torres rehusó y un mes después se vinculó a la guerrilla. El Frente Unido se desmoronó tras la muerte de Camilo. Entonces el dictador demócrata retomó a título personal la plataforma ideológica del Frente Unido, maquilló la reforma agraria, la parlamentaria, el plan económico y la reforma a relaciones internacionales y la predicó como propia (usando matices y medias tintas que para Camilo Torres hubieran sido demagogia pura):

«Sin perseguir a los ricos hay que ayudar a los pobres, porque los pobres constituyen la inmensa minoría de la nación… es necesario darle garantía al capital para que puedan invertir y hay que darle garantía al trabajador para que gane lo suficiente para poder llevarle la paz al hogar humilde…»

Quería ser identificado con el cura, como protector de los pobres y de los trabajadores. Por eso usaba el mismo decálogo, pero borrando sutilmente el socialismo revolucionario de las tesis de Camilo y poniendo en su lugar contradicciones imperdonables. Y eran las tesis del Frente Unido las que habían convertido en proyecto político las arengas y proclamas de una guerrilla (el ELN en Simacota):

«La educación se encuentra en manos de negociantes que se enriquecen con la ignorancia en que mantienen a nuestro pueblo.

La tierra es explotada por campesinos que no tienen dónde caerse muertos.

Los pequeños y medianos productores ven arruinadas sus economías ante la cruel competencia y el acaparamiento de los créditos del capital extranjero y sus secuaces vendepatrias.

Las riquezas de todo el pueblo son saqueadas por los imperialistas norteamericanos.»

El único punto que el dictador demócrata dejó como estaba fue la educación: debía ser obligatoria. Pero no estuvo de acuerdo en llamar expropiación latifundista a la reforma agraria, porque sabía que por menos que eso lo podían volver a derrocar. Se declaró enemigo de los monopolios pero no prometió eliminarlos, habló de un programa de vivienda barata y de la nacionalización del banco de la República, pero no de vivienda obligatoria ni de nacionalización de los servicios públicos ni de la industria. Anunció la eliminación de las embajadas para reorganizar el ministerio de relaciones exteriores y habló de una cobertura total, durante su posible gobierno, de servicios hospitalarios gratuitos. Con ese traje tejido de ideas prestadas disfrazó la precariedad de su proyecto, recorrió la costa, Caldas, Risaralda, Quindío, Antioquia, el Valle del Cauca. Sus capitanes (el ex dictador no tenía en las alas de su movimiento jefes de campaña sino “capitanes”, ni asesores, sino “mandos medios”, ni seguidoras, sino “comandos femeninos”) lo ensalzaban como el sucesor de una línea de caudillos visionarios cuya estirpe se remontaba a José Antonio Galán (un traidor), pasaba por José Hilario López (un draconiano), Rafael Uribe Uribe (un fascista), y acababa con el último caudillo del pueblo: Jorge Eliécer Gaitán (caudillista).

En noviembre de 1969 Rojas Pinilla viajó a Santander y desde la ciudad obrera (Barrancabermeja), se desplazó en helicóptero a hacer visitas en los pueblos aledaños. Uno de esos pueblos era San Vicente de Chucurí y allí lo esperaba Jaime Ramírez y los staffs de El Trópico junto a la turba de pobres que arengaba a su favor. La manifestación fue multitudinaria. La gente acudió más por ver al viejo general que  el 13 de junio de 1953 dio el golpe de estado y envió brigadas del ejército a cubrir las zonas rojas que la policía chulavita arrasó, obligando al pueblo a organizarse en cuadrillas. Con la presencia del ejército y el desmonte de la policía partidista, Roja había logrado detener las matanzas que siguieron a la muerte de Jorge Eliécer Gaitán y que en San Vicente de Chucurí dieron lugar al encono y al nacimiento de una guerrilla indomable: la de Rafael Rangel, ancestro inmediato del Ejército de Liberación Nacional.

La gente de Chucurí veía a Rojas Pinilla como un salvador. No sabían de qué, pero sentían que en su presencia estaban salvados.

Jaime Ramírez, por su parte, tampoco olvidaba ese 13 de junio del golpe militar. No tanto por los relativos alcances del hecho, como porque era la primera vez que un acto trascendental y político coincidía con la fecha de su onomástico.  Era dado a estos encuentros del azar y de la astrología. En su periódico siempre hubo espacio para las travesuras del hado. En cada número podía leerse un mosaico de efemérides y datos curiosos que redactaba él mismo como por desentrañar la providencia oculta en los hechos numinosos, en coincidencias sobrenaturales:

«Dos presidentes de Estados Unidos, Kennedy y Lincoln estaban empeñados en los derechos civiles para los negros. Lincoln fue electo en 1860 y Kennedy en 1960. Ambos fueron asesinados un día viernes. Ambos fueron asesinados en presencia de su esposa. Los asesinos: De Lincoln, John Wilkes Booth, nacido en 1839. De Kennedy, Lee Harvey Oswald, nacido en 1939. Ambos, Booth y Oswald fueron asesinados antes de ser ajusticiados. Lincoln y Kennedy perdieron hijos mientras vivían en la Casa Blanca. El secretario de Lincoln, cuyo nombre era Kennedy, instó a que no fuera esa vez al teatro en el cual fue ultimado. El secretario de Kennedy, cuyo nombre era Lincoln, instó a que no fuera esa vez a Dallas, Texas, en donde sería ultimado. Ambos presidentes fueron sustituidos por hombres de apellido Jhonson. Ambos Jhonson eran sureños y demócratas. Ambos Jhonson sirvieron al senado de los Estados Unidos en sus épocas antes de convertirse en presidentes. Andrew Jhonson nació en 1808 y Lincoln B. Jhonson nació en 1908.»

Decidido a hacerse con una entrevista exclusiva a Rojas Pinilla, lo abordó por dicha casualidad: su cumpleaños que coincidió con el 13 de junio del golpe de Estado: “Fue el mejor regalo de cumpleaños que me han dado”, dijo, y al viejo ex dictador le hizo gracia, sonrió al concejal y empezaron una charla animada en la que el dictador demócrata se mostró interesado por el periódico del preboste: El Trópico.

Después de la concentración de la plaza, del whisky de marras, el almuerzo calórico excedido en yuca rehogada y plátano frito y los discursos en los que la oratoria caudillista y el espíritu proselitista del ex dictador conectaba con los presentes que interrumpían con ovaciones, Jaime Ramírez quedó perplejo de ver que las tesis de Camilo Torres no desaparecieron tras la muerte, sino que venían revertidas al discurso de Rojas y la ANAPO. No vio en ello la artimaña electorera. Sintió que Rojas era el salvador que requería la verdadera revolución. Se obnubiló oyendo al caudillista, que a veces era draconiano y a veces fascista. Al final de la manifestación, el propio Rojas Pinilla le ofreció a Jaime Ramírez ser el candidato a la asamblea departamental por su partido, y María Eugenia Rojas (la capitana, hija del general) concretó con Jaime Ramírez que El Trópico se pondría al frente de la campaña que el partido había dispuesto para cautivar el voto de su electorado a nivel nacional. Dicha estrategia consistía en voluntarismo: adelantar brigadas de salud gratuita a los sectores más alejados de las poblaciones y de los campos. Ramírez aceptó la propuesta y se ofreció a dirigirla, no sólo por ser su profesión la de dentista, sino porque le permitía hacer proselitismo por su reciente elección como concejal del municipio y sus aspiraciones para ser presidente de dicho cuerpo.

Fue entonces cuando empezaron los problemas, dimisiones y renuncias al interior del periódico.

San Vicente de Chucurí: El Trópico

Fue en septiembre de 1968 cuando un grupo de ciudadanos notables de aquel pueblo despeinado en la Cordillera de los Cobardes fundaron el quincenario El Trópico. Cuatro años atrás, en ese mismo pueblo, se fundó el Ejército de Liberación Nacional, ELN. En zona rural de ese pueblo murió Camilo Torres. Y en ese pueblo fue donde se radicó el dentista Jaime Ramírez después de un breve trotamundeo por Colombia hacia 1950. La planta oficial del periódico que figura en el primer número está compuesta por José Joaquín Forero Navas (Director); Jaime Ramírez Ramírez (Gerente de publicidad); Luis José Otero Ardila (Gerente Tesorero); Baltasar Quijano Ossa (Jefe de Redacción), Genaro Gómez Serrano, David Rueda Quijano, Luis Alfrero (sic) Otero Gómez (Consejo de Administración). Está fechado el 1 de septiembre, editado en Bucaramanga en Servicio de Linotipo, y desde entonces promete ser un periódico con pluralismo de credo y sin sesgo político.

«Los directivos de El Trópico tenemos nuestro color partidista, y para satisfacer curiosidades

repetimos que el Director, así como Jaime León Pinilla y Edmundo Orduz Monroy,

pertenecemos al Partido Liberal, y José Joaquín Forero Navas y Luis José Otero Ardila, al

conservador. Pero unidos, eso sí, para exigir lo que San Vicente merece y para solicitar

cambios de funcionarios ineptos así sean de cualesquiera de los partidos políticos.»

Un año después, tras la visita del dictador demócrata, los staffs mudan de composición: el director baja de rango a segundo reglón, el Gerente de Publicidad asciende a Director y Propietario, y en el resto de la plana empiezan a desaparecer los nombres. Dos años más tarde la planta original desaparece y sólo firma el Director (Jaime Ramírez) y el reportero gráfico (Edmundo Ordúz Monroy). Tras dos años y los percances de un encarcelamiento, hacia 1972, el propietario sigue siendo el mismo Jaime Ramírez, pero el Director es ahora una mujer (su esposa, Gabriela Rueda), el redactor Luis Enrique Puentes y el reportero grafico Edmundo Ordúz; a cinco años del primer número ya no queda ni redactor, ni reportero gráfico y sólo firma el periódico su directora: Gabriela Rueda de Ramírez. Arriba, en un lugar de relevancia, figura el nombre de Jaime Ramírez, como fundador único, se edita en Editorial Nueva Jornada de Bucaramanga y se fecha en San Vicente, sábado 18 de octubre de 1975. Es el último número. Al menos el último que pudimos leer.

¿Qué ocurrió desde la declaración de principios del primer número donde cada miembro develaba su orientación política hasta su última etapa donde el periódico circula en la clandestinidad pregonando la rebelión popular?

¿Por qué desertaron sus fundadores?

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