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Los yerros de Santos

 

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Por: Luis Díaz

El Presidente no tiene credibilidad. Es un hecho innegable. Los acuerdos no produjeron confianza en un sector importante de la sociedad colombiana. La sensación es que el Presidente es capaz de aseverar cualquier cosa y después negarla. Un padre de familia no puede estar con discursos ambiguos, distractores, amenazantes. Con Santos no hay claridad. Se le reconoce como un estratega, moviendo fichas a conveniencia más de sus intereses personales, que los intereses de la nación que lo eligió.

Así salió Santos intimidando con guerra urbana a los potenciales votantes. Es él el comandante en jefe de las fuerzas militares, sería entonces el Presidente el responsable de defendernos y no de amedrentarnos. Recibió un mandato, que abandonó y cayó en las trampas del ego haciendo una ceremonia con invitados internacionales, con tintes de posesión presidencial. Esa ceremonia era solo válida después de que los colombianos se pronunciaran en las urnas. Ya se daba por sentado que los acuerdos serían aprobados. Mesura señor Presidente, es usted el responsable de conducir los destinos de una nación sin olvidar que tan solo es un servidor público. Hoy el pueblo colombiano le dijo NO a Santos y NO a las FARC. Es la primera vez que el pueblo se pronuncia en una decisión trascendental y sienta su voz de protesta ante unos acuerdos que empezaron mal: en Cuba y como facilitador Venezuela.

En el discurso de posesión de su segundo mandato, Santos hablo de unidad nacional, no obstante, le dio la espalda a importantes sectores que hoy se pronunciaron. Con los resultados obtenidos, el Presidente está obligado por mandato del pueblo colombiano a invitar a las diferentes fuerzas políticas que representan a todos aquellos que se sintieron por fuera en estos últimos cuatro años de diálogo. Las FARC ya no tienen cómo volver a la guerra, se sentarán nuevamente en la mesa de negociaciones, pero ahora, debilitados, con una actitud más humilde.

Somos la democracia más fuerte de América Latina y hoy quedó demostrado. Este es un llamado a la clase política dirigente que está acostumbrada a hacer cualquier cosa sin importar lo que el electorado realmente quiere. Hoy se abre una gran oportunidad para consolidar un acuerdo más digno y con equidad.

El Presidente tendrá que apuntarle en los últimos años de su mandato a la coherencia entre el discurso y lo que realmente ejecuta. Necesitamos sentir que hay un Presidente, que alguien dirige el barco por buenos mares, necesitamos sentirnos realmente representados como nación, necesitamos señor Presidente que no yerre más.

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