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La rana y el escorpión

'Drive', con Ryan Gosling.
'Drive', con Ryan Gosling.


Lorena Machado Fiorillo (*)

Hubo una vez un escorpión que le pidió a una rana que lo ayudara a cruzar el río en su espalda, pero ella reacia y terca, dudaba de que en el camino él le clavara su aguijón y la matara. El escorpión insistía en que si eso pasaba morirían ambos y era un riesgo que rayaba con la estupidez, así que por qué no emprender el viaje. Arrancaron como si fueran equipo, como si supieran que se estaban jugando la vida y, a mitad de camino, el escorpión picó a la rana, le impregnó todo su veneno. Mientras se hundían, mientras el aire se volvía agua, ella le preguntó ¿por qué lo hiciste? Y él, agonizando, le dijo “no tuve elección, es mi naturaleza”.

Así lo cuenta la fábula de Esopo pero así también, con grandes cargas de velocidad y violencia, sin cruzar la línea de la moraleja, lo cuenta ‘Drive’, la cinta que protagoniza un Ryan Gosling más rudo, el mismo que reemplazó a Hugh Jackman, el que en la preparación de su papel le dio por restaurar el Chevy Malibú de 1973 que aparece en la película, el que le da vida a un sin nombre, quien, por supuesto, tiene una chaqueta blanca con un escorpión en la espalda.

‘Drive’ tiene escenas fuertes e inesperadas. Hay una en particular, bastante bizarra y retorcida, que lo resume todo. El personaje de Gosling, un nato conductor, quien pasa sus horas como mecánico de un taller, como doble en las películas de acción, como fuente de escape para ladrones, ha llegado al máximo de su impotencia, al filo de la traición y va tras quien lo ha engañado. Va a un burdel, repleto de cientos de prostitutas en tacones y ligeros, va, con la rabia de alguien que ha visto dolor en los ojos de un niño, se acerca y coge al hombre, del que sólo sabe que lo apodan Cooks, y lo agarra por el cuello. Le pide información, lo estruja contra el piso, lo obliga a tragarse una bala, mientras todo lo demás de la escena permanece inmóvil, en un lapsus de temor casi infinito.

Esta cinta no se puede categorizar con los típicos títulos de películas sobre carros. Lejos está de ser una versión cruda de ‘Rápido y furioso’. No. ‘Drive’, aunque tiene volante y rapidez, se transforma en una especie de relato íntimo sobre un hombre de pocas palabras, algo solitario, que, cautivado por una mujer casada, quiere hacer las cosas bien, así, en un mundo de doble moral, eso implique robar a los malos.

Dirigida por Nicolas Winding Refn, a quien por cierto no le gustan los carros y ha reprobado el examen de conducción ocho veces, la película logra una narración brillante, resultado también de una banda sonora que la convierte en espectáculo visual. Hipnótica, de ritmos variados, de escenas que revuelven la bilis, ‘Drive’ logra abalanzarse hacia el vacío, hacia la duda, hacia la angustia.

Reparto: Ryan Gosling, Carey Mulligan, Bryan Cranston, Alberto Brooks.

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(*) Periodista de El Espectador, es la coordinadora de El Magazín y publica una columna sobre cine cada sábado en la versión del iPad de El Espectador.

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