El Magazín

Publicado el elmagazin

La pastorcita mentirosa

maría luisa piraquive fotoCarmen Socorro Ariza-Olarte

En honor más que de los niños y personas DIZ-QUÉ ‘discapacitadas’ que conozco, y me tocan directamente, en el de sus padres; quienes precisamente por tener hijos con algún problema fisiológico –más evidente que el de la Señora Piraquive, pues no nos digamos mentiras, los problemas psíquicos y mentales no son evidentes ni fáciles de detectar– terminan por convertirse, o bien a alguno de los milenarios credos o, a más no poder, a alguno de los recién inventados, dejándose embaucar por cualquiera de los cientos de habladores de mierda que a diario aparecen en nuestros oscuros escenarios públicos o, mejor decir, plazas político-religiosas, para aprovecharse precisamente del dolor y la desesperación de un pueblo sin más esperanza que la que le brindan los credos y sus pastorcitos mentirosos.
Por ellos, tocada en lo más profundo de mi ser y obligada precisamente por mi propia espiritualidad, la cual es un asunto tan privado que ni siquiera tiene nombre ni Dios ni menos, falsos maestros o pastorcitas mentirosas, me hago cruces tratando de poner a considerable distancia a aquellos que ya no escudados bajo la esvástica nazi, pero sí en partidos políticos financiados por bien camufladas organizaciones internacionales, u ONG’S, pretenden difuminar su credo para continuar así con las prácticas fascistas escondidas bajo la bandera de una dizque Iglesia Internacional buscadora de talentosos niños que bien uniformaditos con bermuda, corbata y saquito inglés dan muestra de una gran disciplina y se parecen mucho a los niños esos que jugaban en los grandes kindergarten del Tercer Reich. Y, para aquellos que no sepan o no conozcan el papel de este tipo de organizaciones en la expansión del credo nazi, los invito a consultar en las bibliotecas virtuales y demás… Y, ya para terminar, sí que es verdad que en el fin de los tiempos serán muchos los falsos profetas o, mejor decir, las pastorcitas mentirosas. Así que, para nuestra Fortuna, pareciera que se nos acerca el fin del Oscurantismo y de su séquito de inquisidores y pastores, pues por fin el pueblo parece estar sacudiéndose la ruana y cayendo en cuenta de lo engañado que lo han mal mantenido.
Un beso a mi Pamela, a mi David, a Juan Carlos y a todos los que han perdido sus miembros luchando por cuidarle el rabo a los habladores de… ¡paja!

Comentarios