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La idea en juego, lo que olvidó decir Vargas Llosa

Mario Vargas Llosa. Foto: EFE
Mario Vargas Llosa. Foto: EFE

Gonzalo Medina *

En su discurso pronunciado ante la Academia Sueca de las Artes, para recibir el Premio Nobel de Literatura 2010, el peruano Mario Vargas Llosa hizo su propio corte de cuentas con la vida y se ocupó de su primera experiencia con la lectura y la escritura en Bolivia; de su encuentro con el padre que creía ya fallecido; de su amor eterno con su prima Patricia Llosa, su mujer hace 45 años; y además tuvo tiempo e inspiración para atacar a los gobiernos de Nicaragua, Cuba y Venezuela, manifestando su decepción con todos ellos por las expectativas transformadoras que cada uno le produjo en su momento.
Aunque suene pretencioso de mi parte, el nuevo Nobel omitió referirse a una pasión latinoamericana, a la cual él no es ajeno desde la experiencia y desde la reflexión. Me refiero al fútbol, a esa “dinámica de lo impensado”- en palabras del escritor argentino Dante Panzeri-, o al “campo de batalla atravesado por la cultura”, definido por su compatriota Jorge Valdano. A los amantes de la obra de Mario Vargas Llosa, y al mismo tiempo del fútbol, les comparto algunos pasajes del texto que escribió hace cerca de 30 años bajo el título “El opio del pueblo”, en una clara referencia al enfoque ideologizante que este deporte ha tenido en ciertos círculos intelectuales.

Si bien el punto de partida de su análisis es un libro del antropólogo brasileño Roberto Da Matta(1), Vargas Llosa aprovecha para evocar su paso por el fútbol y su condición de “[…] entusiasta (aunque mediocre) back  derecho que fui, de la selección de mi clase, en la escuela  primaria”.

El laureado escritor peruano se identifica con Da Mata, quiendescalifica, muy justamente, como simplista el punto  de vista, frecuente en el medio intelectual, que considera  al fútbol «el opio de las masas», es decir algo superfluo,  trivial, impuesto artificialmente al pueblo para distraerlo  de los asuntos serios. El fútbol es en sí un asunto serio y  no hay duda de que a través de él sociedades como las nuestras  se «dramatizan» a sí mismas, es decir se autodescubren”.

Esta idea planteada por Da Matta, y secundada por Mario Vargas Llosa, apenas se viene abriendo paso en Colombia, un país en donde la academia ha mirado de soslayo al deporte, y muy en especial al fútbol, como objeto de reflexión. Osados escritores, contados en los dedos de la mano, febriles estudiantes de pregrado y de postgrado, ante todo hinchas acérrimos de un equipo de fútbol, incursionan con ensayos, libros y tesis de grado que intentan esclarecer fenómenos como por ejemplo las barras y su incidencia cultural, social y política.

Pero volviendo con Vargas Llosa y sus coqueteos analíticos con el fútbol, siempre a partir de las elaboraciones del brasileño Roberto Da Matta, el Nobel le otorga a dicho deporte el componente telúrico a la hora de caracterizarlo en su dimensión identitaria, alejándose del común denominador del reglamento: “Es un hecho que cada sociedad da un  matiz o coloración particular al fútbol que practica, como  lo muestra Da Mata al diferenciar dos prototipos; el fútbol  brasileño, que gira en torno de la iniciativa individual, y  en el que la picardía, la inspiración y hasta el humor del  jugador son esenciales, y el europeo, cuya eficacia reposa  en el trabajo de conjunto, en la impersonalización de cada  individuo dentro de esa maquinaria que aspira a ser cada  equipo”.

Sin embargo, el paso de los años y los procesos de aprendizajes de unas y otras culturas, están mostrando, a mi juicio, que Europa viene asimilando con mucha mayor propiedad las enseñanzas del fútbol latinoamericano  – la presencia de la individualidad, por ejemplo-, pero sin renunciar a su esencia colectiva. Por su parte, Brasil ha sacrificado su riqueza creativa y creadora, la misma que le ha dado cinco títulos mundiales, y se ha propuesto bajarle presencia al ingenio en pro de la obediencia táctica. Su reciente eliminación en el Mundial de Suráfrica, después de ir derrotando a Holanda 1-0, gracias a una actitud conservadora, contraria a su mentalidad ofensiva, evidenció lo errático de renunciar a dicho cambio de estilo.

El nuevo Premio Nobel de Literatura, enfrentado a discernir sobre un asunto aparentemente secundario como es el fútbol“de los temas menos importantes, el fútbol es el más importante”, dice Arrigo Sachi-, e incluso llevándolo a niveles que superan lo meramente táctico, destaca cómo, “Con perspicacia, Roberto Da Mata  muestra en su ensayo cómo el fútbol materializa para un  brasileño ciertas nociones ? patria, sociedad, destino? que  de otro modo resultarían para la mayoría de la gente  abstracciones más bien esotéricas”. Al respecto, vale la pena mencionar la categórica definición que hace del fútbol el periodista y escritor brasileño Nelson Rodríguez: “¡La patria en guayos!”.

Y hablando de patria, y de Brasil, sin perder de vista la nueva faceta que nos ofrece el Nobel Mario Vargas Llosa al ocuparse del fútbol, es pertinente recordar el periodo de la dictadura militar vivido por ese país entre 1964 y 1984, luego del derrocamiento del presidente constitucional Joao Goulart. Como ha de entenderse, si algo se modifica en los regímenes autocráticos es el ordenamiento legal, para dar a paso a la inestabilidad. El escritor peruano cita un nuevo pasaje del ensayo de Da Matta:

“Las normas  son cambiadas o vulneradas a diario, el mundo del balompié  es el paraíso de lo estable y lo continuo. La cancha de  fútbol hace las veces de escenario donde se representa un  espectáculo ejemplar de legitimidad y legalidad. Allí, en  ese espacio, las reglas son siempre idénticas e  inevitablemente respetadas (cuando se violan, el culpable es  castigado). De otro lado, en ese territorio aparte, cada  cual es igual a los demás; no existen privilegios,  favoritismos, las personas son juzgadas por su desempeño y no  por su fortuna, su familia, sus relaciones o su raza. De  este modo, la pasión de nuestros pueblos por el fútbol  manifestaría, en verdad, simbólicamente ? mediante una  «transferencia» freudiana? una ambición profunda, colectiva,  por una sociedad igualitaria y democrática, donde reinara la  justicia”.

La respuesta inmediata de Vargas Llosa a Da Matta, en este punto, es contundente: “Tengo la sospecha de que se encuentra, más bien,  entre los quehaceres de signo «negativo», como el arte, la  religión, el erotismo y la literatura. Negativos en el  sentido de que, a través de ellos, el hombre aplaca aquellas  necesidades y aspiraciones que la vida en comunidad ha hecho  necesario moderar o reprimir en el individuo, pues, dejadas  en libertad, satisfechas y fomentadas, constituirían un  gravísimo peligro para la sociedad, un seguro agente de  desagregación y caos. Esa «negatividad» ha encontrado  siempre maneras de salir a la superficie ? a veces muy  tortuosas? desde las mazmorras en que está sepultada…”.

Mientras terminaba de pronunciar su discurso ante la Academia Sueca de las Artes, como paso previo al acto de recibir el Premio Nobel de Literatura 2010, el peruano Mario Vargas Llosa, aunque no lo dijo, evocó su experiencia como “entusiasta (aunque mediocre) back derecho” de la selección de fútbol de su clase.

Pero bien sea que esté en tan sagrado recinto de la cultura mundial, o en la modesta cancha de su escuela, el laureado literato habrá de escribir, a propósito de su reflexión sobre el fútbol, que “esos domingos en la tarde, en las tribunas del estadio, o  con más modestia, ante las pantallas de la televisión, nos  permiten sacar al aire libre, por un rato, al antropoide en  taparrabos, ávido de placer y cataclismo que, pese a tantos  miles de años de esfuerzos por aniquilar, sigue  habitándonos”.

(1) Roberto Da Mata, «Carnavais, Malandros e Heróis: Para Uma Sociología do Dilema Brasilero». Brasil, Río de Janeiro, Zahar, 1979.

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(*) Colaborador.

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