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La fuerza de ella

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Diana Castro Benetti

Millones de ellas han sido locas, putas o santas. Ciertas de sus cuerpos y de sus almas, han sido imágenes, motivos, deseos y las revoluciones. Vírgenes que siguen siéndolo o sabias que ya no se espantan. Mujeres violadas, guerreras, asesinas, madres, hijas, mujeres que abren las puertas o que las cierran por siempre. Ellas abrazan, gozan y aman. Ellas a veces son su propio norte y casi siempre el pasado mezclado con el futuro. Las mujeres pueden ser engaños, objetos o trofeos. Son siempre sus romances, sus ilusiones y la perdición. Magas.

Hay mujeres para la venta y las hay ya vendidas. Mujeres que optan por la amargura, la espera o el tejido. Mujeres que son el abandono, el rechazo y la mendicidad. Las hay que tienen voz, las que gritan y las que nunca hablan. Están las que son empalagosas y las que pican, ladran o muerden. Todas las mujeres defienden, pelean y contraatacan. Son el dolor de sus partos o de sus entierros.

La fuerza de ellas es la de una vida que las ronda, las circula y las envuelve cuando cada veintiocho días se esconden en su útero y sus ovarios. Mujeres en las casas que cocinan y tejen.  Mujeres de familias. Mujeres en la guerra que se confunden con los fusiles y que son como fieras para defender lo que consideran suyo. Honradas e invisibles en su vejez o muy atacadas y apetecidas  en su juventud, las mujeres son fuerza hechas su cuerpo. También son la rabia.

Todos somos esas otras que han vivido antes. Todos somos esas otras que no se doblegan. Todos somos madres, hijas, nietas. Todos somos su saber de recetas, caricias o palabras. Somos su constancia, su paciencia y su belleza. Somos ésa vida loca y atolondrada porque sin ellas no hay hechicería y sin ellos no hay dulzura. Todos somos lo que ellas son porque más allá de los géneros somos la fuerza de ella, ésa vida que crea, se recoge, se mantiene, se busca y se desenvuelve. Energía invisible, espiral de movimientos, hilos dorados de átomos y células que ofrecen la alegría y la explosión creativa. Somos tan ellas como ellos porque los unos sin los otros no somos nada.

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