El Magazín

Publicado el elmagazin

La disciplina de un escritor

 

tumblr_inline_mrqqsyRKwq1qz4rgp

Por: Nicolás Rocha Cortés

Carlos Fino — colombiano, escritor, docente — apoyado en su bastón, producto de una vieja lesión en la rodilla, camina con paciencia por los pasillos de la Biblioteca Luis Ángel Arango. Es un personaje desconocido para muchos. Colombia es, al parecer, el lugar donde los genios mueren en las sombras, opacados por ladrones, accidentes y tragedias. Pero en los rincones más negros brillan con luz propia, con la lumbre de su pasión, personas que dedican su vida a las letras, a las fragantes páginas de libros viejos y a la valiosa tarea de escribir nuevas historias.

Un domingo en el centro de la ciudad de Bogotá significa, muchas veces, un agudo sol que enceguece a su paso y una fuerte lluvia que refresca y entumece a quienes caminan sin abrigo. Para Carlos, es la oportunidad de acudir a la biblioteca que tanto quiere y poder responder unas preguntas sobre su trabajo y su vida. Sus manos, curiosamente impecables, acompañan al unísono cada palabra que pronuncia.

***

Carlos tiene veintinueve años e indicios de una temprana calvicie revelada por sus pronunciadas entradas. Su peculiar manera de llevar la barba, entre un estilo “a la Souvarov” acompañada de una chivera con lo que parecen —porque no se distingue bien— trenzas, hace que las miradas se dirijan hacia su rostro y muchas veces se centren en su boca, alejados de su frente o sus achinados ojos oscuros.

Se levanta a mediodía, se dirige a la Universidad Nacional de Colombia a dictar clase y alrededor de las seis de la tarde se desconecta de la academia. A manera de subterfugio de su labor profesional, se sumerge en un profundo estanque donde encuentra un momento de silencio e inmovilidad, es el sonido del latir de su corazón lo que lo remite a un estado fetal.

— El agua me provee de esos recuerdos uterinos que producen paz, comenta mientras se acomoda los lentes, que por su tamaño suelen deslizarse por su delicada nariz.

La apnea convierte sus tardes y noches en una escapatoria del agitado ritmo de la ciudad, cada recuerdo lo ayuda a nacer nuevamente. No cree en la noción de “ser para la muerte” de Heidegger sino el ser para la resurrección.

—A veces también cotidianamente morimos. Esas muertes son las que nos obligan a reconfigurarnos por completo. De esa manera uno encuentra motivos, fuerzas que lo hacen a uno revivir, en la vida de cualquier artista esos momentos deben ser fuertes, dice.

Una vez llega a su casa, lee y escribe de corrido hasta las seis de la mañana.

—¿De corrido, hasta las seis de la mañana? Pregunto sorprendido.

— Sí, los grandes textos se hacen en el resistir. Sentarse y en los momentos de agotamiento insistir y seguir trabajando, ahí es donde se fraguan las ideas, en la resistencia al dolor.

Wilbert Torre, periodista y escritor mexicano, menciona en su crónica El Cuauhtémoc de Obama que aquellos personajes obsesivos sólo pueden ser descifrados por medio de la pasión que los mueve. Carlos puede ser desnudado, alejado de los laureles que acompañan su carrera, a través de las letras y el deporte, sus dos grandes amantes.

***

Es el Edipo de su casa, con una relación de profundo amor por su madre y odio por su padre. De niño, Julio Verne ​iluminó su camino conLos hijos del capitán Grant, explica su cariño por los libros haciendo referencia a cómo la democracia obliga a las personas a ser libres, pero la libertad nace con fuerza en los momentos de ausencia: el que su padre jamás le regalara la enciclopedia que pedía en navidad y la reemplazara por balones de fútbol y mesas de billar, lo hizo encontrar en su progenitor la lupa convexa que lo convertiría en el literato que es hoy.

Realizó sus estudios literarios en la Universidad Nacional de Colombia​, en donde hoy dicta clase de Historia del Arte a cien estudiantes y donde también dictó Literatura Latinoamericana Contemporánea. Esa universidad también lo acogió durante su maestría en Historia y Teoría del arte, la arquitectura y la ciudad: su cartografía poética en la crítica de las artes plásticas de José Lezama Lima (que fue laureada) lo llevó a ganar el Premio Casa de las Américas 2014 – 2015. Actualmente finaliza su doctorado en arte y arquitectura con la tesis titulada Estética del Modernismo Latinoamericano en el periodismo cultural trasatlántico y ganó la Beca Distrital para Proyectos de Investigación en Literatura, otorgada por el Instituto Distrital de las Artes (Idartes) 2016.

El deporte fue su primer salvavidas. Estudió en un colegio distrital donde las peleas eran constantes y a pesar de que las encontraba entretenidas entendía que la crueldad y el resentimiento no eran el camino. Cuenta con —lo que parece—cierta nostalgia, que muchos de sus compañeros de infancia cayeron en la delincuencia y los vicios, lo que para él nunca fue una opción pues ya a los catorce años competía a nivel nacional como patinador de carreras, no tenía mucho tiempo libre. El apoyo inexistente de sus docentes lo encontró en ocho ruedas de 110 mm de poliuretano, aquellos días de competencias sobre las pistas le enseñaron la disciplina que hoy conserva.

A los diecinueve años sufrió un accidente montando bicicleta y fracturó no sólo su rodilla, sino la vida deportiva que hasta ese momento tenía. Sin tener noción alguna de qué hacer, la literatura jugó su papel: el de segundo salvavidas. Al recordar cómo desde una muy temprana edad la poesía lo encaminó hacia las letras — especialmente un poema de César Vallejo: Los heraldos negros, que al leerlo, cuenta, caló tan hondo que hizo brotar lágrimas de sus ojos — encontró en los libros una segunda oportunidad para vivir.

—¿Qué tiene la poesía? Tiene un elemento consagrador en la palabra. Es una conversación con el infinito. Una construcción fundante, son pequeñas palabras que se hilan y dan un sentimiento, bien sea de tristeza o de grandeza, pero siempre magnificente. La poesía hace parte de las formaciones culturales del hombre pero también de sus orígenes, a los cuales podemos ir para rescatarnos, para reencontrarnos, para volvernos a pensar. Y específicamente para volvernos seres más sensibles. Qué es lo que necesita el mundo. Este mundo lleno de crueldad necesita de seres humanos más sensibles, dice.

Son entonces los versos, palabras y la prosa su manera de meditar: de entrar en oración con él mismo. Lo define como una religiosidad secular que no va tanto a los dioses pero sí a lo sagrado, a la vida y a todas esas cosas que afectan al ser como humanidad. Los cinco mil libros que componen su biblioteca personal, dato que resalta con orgullo y esbozando una sonrisa, representan esa resistencia que realizó en su vida para ser escritor. “Aguantaba hambre por comprar más” dice, es un fetichista del libro como objeto, un adicto a ciertas ediciones que encuentra en cada página un valor profundamente sentimental.

***

También es un peregrino. Encontró la biblioteca de Babel en los pasillos de la Luis Ángel Arango​, se siente feliz en ese espacio silencioso.

— La ciudad resulta ser un lugar bastante violento para la lectura. Es el aura y el silencio de tres millones de libros lo que la hacen (a la biblioteca) un recinto diseñado para la felicidad, dice mientras admira lo que sus ojos alcanzan a abarcar de la Luis Ángel Arango en esa tarde de domingo.

Va sagradamente tres días a la semana acompañado de su bastón. Se queda hasta que a las ocho de la noche una voz irrumpe en su tranquilidad diciendo: señor, ya no tenemos servicio. Quisiera ser visto como un autor silencioso, prefiere el ‘trabajo de taller’, la labor de leer y escribir más que el aparecer en público. Sirve en el colectivo Militancia Erótica, que es gestado entre Suntuosa Vulgaridad (artista plástica reconocida por su participación en artBO Madrid 2015) y Emma, pseudónimo del encargado de programar y difundir el contenido. Quiere desafiar la censura académica y contemporánea que no permite que el arte emerja reseñando obras eróticas, promoviendo la libertad archivo y de conocimiento.

Como le enseñó su docente Aurelio Horta​, es el eros cognoscente: amor por el conocimiento y cariño al aprendizaje, la fuerza formadora en las personas. Es la ‘autodeterminación estética’, pues de ahí se trazan los discursos de la identidad que nos permiten encontrar nuestro camino como conjunto cultural: a través de la cultura se crea identidad.

— Como dice Carpentier: el problema no es de forma, es de fe. Es de poder creer y asumir que estamos en la capacidad de hacerle aportes a la humanidad lo que me motiva. La destrucción de nuestra historia es la que ha hecho que perdamos la fe en nuestra cultura, dice mientras sus manos se agitan con delicadeza y precisión, como si dirigiera el tono de su voz.

Tras varias horas de conversación, revela que su texto preferido es la vida de Fray Servando Teresa de Mier, de Christopher Domínguez Michael. Con su sonrisa, su tranquilidad al caminar asistido por el báculo café en el que apoya sus viejas heridas y los camafeos que enmarcan sus lentes dice que no es solo ser pilo y leer bastante, hay otras cualidades en la vida del escritor: caminos ocultos para poder llegar allí.

— Yo pude ser un niño resentido, desembocar la ira en una banda, atracando, pero la literatura hizo su papel. El ámbito en el que uno ponga las energías pueden convertirlas en productos buenos o malos para la humanidad.

***

El escritor italiano Nanni Balestrini mencionó que un número de grande de jóvenes vivieron una vida colectiva, por ende su obra Los invisibles, resultaba ser un testamento generacional —refiriéndose a la generación que tenía veinte años en 1977—. La, hasta ahora, corta vida de Carlos Fino es uno de tantos ejemplos que muestran que a pesar de los problemas y las dificultades, la disciplina y el amor por el conocimiento rinde frutos, enseñanza que procura sembrar en la vida de sus estudiantes, sus lectores y sus amigos.

Se despide, cubriendo sus manos con guantes, con una sonrisa que muestra una aparente paz. Apoyado sobre un trozo de madera se aleja, quizás a una piscina, a un lugar silencioso o a refugiarse en las miles de páginas que aún no ojea.

 

Comentarios