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Juan Gelman, guardián de la poesía

Gelman

Francia Elena Goenaga Olivares
(Universidad de los Andes)

La casa

No está en el mar mi casa/ni en el aire/
En la gracia de tus palabras vivo/

Eliezer ben jonon
En Com-posiciones (Gelman, París 1984-1985).

En el año 1994 cuando fue publicado Dibaxu (Debajo en sefardí), me reuní con Adriano Moreno, economista y profesor de matemáticas del Liceo Francés, cuyo apellido es de ascendencia sefardita, para conversar sobre el bello libro de Gelman y la tradición judía. Leímos entonces un ensayo de George Steiner llamado “El texto, tierra de nuestro hogar” (1991), de donde surgió el título de un ensayo que publiqué en la revista Al margen, No 17, del año 2006: “Juan Gelman, guardián y memoria de la poesía”. Sigo pensando que el poeta argentino, nacido en Buenos Aires el 13 de mayo de 1930 y muerto el 15 de enero de 2014 en Ciudad de México, es un guardián de la poesía, en el sentido que Steiner le da, es decir, un guardián del texto sagrado, porque la poesía –aún hoy- sigue transmitiendo lo más sagrado del texto.

Ahora bien, el mismo Gelman, en un documental del año 2006, producido por Jorge Denti, de TVAL producciones, declaraba que no había profundizado mucho en la cuestión judía hasta el año 1975 que comienza su exilio político por haber pertenecido al grupo de izquierda Los Montoneros, del cual se separa en el año 1979, iniciando –podríamos afirmar- un segundo exilio político. La experiencia exilar lo devuelve a su destino judío, al sentido de la escritura, de sus orígenes: su casa no está en el mar, ni en el aire, sino en las palabras del otro, ese “tú” gelmaniano que tiene tantos rostros, incluido el de Dios, la amada, la patria, la madre, el hijo y su nuera, desaparecidos por la dictadura militar.

En De palabra (1994) están reunidos sus principales libros desde 1971, entre ellos : Carta abierta (París-Roma, 1980), dedicado a su hijo ; Citas y comentarios (Roma, Madrid, Zürich, Ginebra, Calella de la Costa, 1978-1979, para Comentarios ; y Roma, noviembre-diciembre, 1979 para Citas, ambos publicados en 1982), y Com-posiciones (París 1984-1985) porque constituyen el camino que desembocará en el libro que será síntesis de las preocupaciones estéticas y vitales de estos 20 años de exilio: dibaxu (1994), y porque señalan un camino, un método de lectura y escritura que quisiera resaltar especialmente.

« Debajo del canto está la voz », dice el poema II de Dibaxu, la palabra como única morada es en principio la palabra del otro : Gelman está debajo de santa teresa, san juan, homero manzi, jehuda halevi, nombres en minúscula a los que cita, comenta, com-pone, porque su palabra le ha sido arrebatada por la muerte. De palabra termina con la Carta a mi madre (Ginebra, París, julio1984, París, noviembre de 1987), antes de volver a Argentina en el año 1988. Después residirá en Ciudad de México hasta su muerte. Gelman mismo dice en entrevistas y documentales de qué manera la lectura de los místicos españoles, judíos y del tango, todos poetas de la « ausencia presente », le devuelven la voz que está debajo del canto. El discurso amoroso y la elegía formarán su lenguaje poético, en dónde la pregunta por el amado/a es esencial. Aún en los últimos libros, llenos de inversiones sintácticas, neologismo, voces heterónimas como la de Sidney West en Los poemas de Sidney West. Traducciones III (1968-1969), o en su último libro, Mundanar (2008), Gelman continúa tejiendo otras voces en la propia: el texto es un entramado de hilos, destinos, que al renovarlos en la lectura vuelven a la vida.

Dibaxu está escrito en sefardí, la lengua del exilio, tal como lo dice el mismo Gelman en el escolio/prólogo al libro: “Escribí los poemas de dibaxu en sefardí, de 1983 a 1985. Soy de origen judío, pero no sefardí, y supongo que eso tuvo algo que ver con el asunto. Pienso, sin embargo, que estos poemas sobre todo son la culminación o más bien el desemboque de Citas y Comentarios, dos libros que compuse en pleno exilio, en 1978 y 1979, y cuyos textos dialogan con el castellano del siglo XVI. Como si buscar el sustrato de ese castellano, sustrato a su vez del nuestro, hubiera sido mi obsesión. Como si la soledad extrema del exilio me empujara a buscar raíces en la lengua, las más profundas y exiliadas de la lengua. Yo tampoco me lo explico”. El poema es el lugar del encuentro de aquél convocado en la lectura, hecho palabra, letra, trazo sobre otro trazo. El poeta es la voz que reúne a las otras, o más bien las otras que se dan cita en un “yo” que se multiplica, se “abaja” humildemente para que todos cantemos.

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