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Hubo un tiempo

Margarita Drago 

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Hubo un tiempo

Hubo otoños y mañanas grises
y hojas secas en el patio
aglomeradas por el viento
hubo un parral generoso
cada octubre que prodigaba
sombra y frutos   a sus dueños
hubo una casa asolada por las lluvias
invadida por la humedad y el miedo
hubo silencios que acuchillaban gargantas
y llanto y clamor y gritos acumulados en el tiempo
hubo furia  pasión rabia  ira
y deseos muertos
y hubo dolor
mucho dolor empozado
en el alma y en los huesos
y hubo una mesa un mantel y cuatro platos
y unas manos que cosían
y remendaban sábanas y recuerdos
y hubo un hombre
postrado ante una virgen
y unas manos que cosían
y remendaban sábanas y recuerdos
y hubo un hombre
postrado ante una virgen
y una rosa
por la hija, lejos
y hubo una luz como una daga
que iluminó el silencio.

Abuela

Abuela no fue a la escuela
firmaba con el dedo pulgar
no sabía leer
pero sabía descifrar las crepitaciones de las hojas de otoño
arremolinadas  por el viento
conocía el lenguaje de la lluvia en los tejados
traducía  el trino del pájaro en el árbol
conocía el momento exacto de las zanahorias
que ocultas en la tierra pujaban para alcanzar
mi boca de niña consentida
hablaba con las plantas hortalizas y flores
conocía el tiempo justo de la siembra
del trasplante de los frutos la cosecha

Retorno y recurrencia 

Regreso a casa por el camino del cementerio.
Un tren pasa raudo,
hiere la tarde
y va a morir donde el sol
hunde su último rayo
en un cielo azulvioleta.
La tarde es espejo de otra tarde
de remotas  latitudes.
La calle, réplica de otra,
familiar y distante.
El camposanto, el mismo de otros tiempos.
Los muertos que en él reposan,
despojos de lo que fuimos.

 

Celebración del vuelo

Los pájaros sobrevuelan
las copas desnudas de los árboles.
En los círculos  concéntricos
que dibujan  sus vuelos
anuncian y celebran
su propia muerte.

Abandono

La casa desenterró una a una
sus raíces
recogió todo el dolor almacenado
en sus ladrillos
tomó los sueños truncos
de sus dueños
y se marchó
un  jueves santo
antes que cantara el gallo.

***

Margarita Drago  es Argentina, radicada en Nueva York desde que salió de la cárcel en 1980.  Es profesora de lengua española, literatura y educación  en York College, de la  Universidad de la Ciudad de Nueva York. Ha participado en congresos, coloquios, ferias del libro y festivales de poesía realizados  en los Estados Unidos, Argentina, Perú, Brasil, México, Honduras, El Salvador, República Dominicana, Puerto Rico, Cuba,  Canadá, España y Francia.  Es autora de los poemarios Con la memoria al ras de la garganta (2013); Hijas de los vuelos (2016); Quedó la puerta abierta (2016); Un gato de ojos grandes me mira fijamente (2017); de un libro de memorias carcelarias:   Fragmentos de la memoria: Recuerdos de una experiencia carcelaria (1975-1980)/ MemoryTracks: Fragments from Prison (1975-1980), declarado de interés cultural por la Honorable Cámara de Diputados de la Nación Argentina en 2016; del estudio Sor María de Jesús Tomelín (1579-1637), concepcionista poblana: la construcción fallida de una santa, obra inédita de la que se han publicado capítulos; es coautora  con Juana M. Ramos de Tomamos la palabra: mujeres en la guerra civil de El Salvador (1980-1992). Sus poemas y ensayos han aparecido en publicaciones impresas y digitales de Estados Unidos, España y Latinoamérica.

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