El Magazín

Publicado el elmagazin

Fractura en Europa: la tentativa catalana de erguir nuevas barreras en el corazón de un continente sin fronteras

EFE.
EFE.

 

Stefano Badalacchi
París, Francia.

El 9 de noviembre de 2014 dos sucesos tuvieron lugar en Europa: el aniversario de la caída del muro de Berlín y la seudo consulta sobre el derecho a decidir de los catalanes. Desde un punto de vista general se podría decir que ambos eventos resaltan valores e ideales como la libertad y el florecimiento de las sociedades. Estos últimos son, sin embargo, antagónicos.

Mientras que los alemanes celebraban el domingo la caída de la barrera que separó a familias enteras y marcó la vida de los berlineses durante décadas, unos 2 millones de catalanes (apenas un tercio del censo electoral) salieron a pronunciarse sobre el futuro de su región camuflados bajo reivindicaciones democráticas que, a decir verdad, y teniendo en cuenta cómo se desarrolló esta jornada, parecía más bien un escrutinio demagógico, sin garantías jurídicas ni imparcialidad.

Me gustaría explicar, desde mi punto de vista, porqué los catalanes que desean la independencia son tan peligrosos como cualquier otro nacionalista europeo, y porqué es un error tan garrafal seguir confundiendo “votar” con democracia.

Para responder a éstos interrogantes analizaré el 9-N desde su forma, evitando tocar el fondo para no herir sensibilidades y criticar el sentimiento catalanista.

 

1.En cualquier consulta, referéndum o escrutinio (como sucedió en Escocia en septiembre), los dos campos que se están oponiendo deberían tener la misma proporcionalidad en cuanto a la propaganda política y la misma garantía a la neutralidad del proceso. Ahora bien, la consulta a la que llamó la Generalitat fue organizada por independentistas, controlada por independentistas y dirigida únicamente para los independentistas más rebeldes y radicales. Además, en el 9-N no ha habido garantías democráticas porque no había censo, ni interventores y ni siquiera cabía la posibilidad de presentar un recurso, es decir, apelar a la justicia en caso de infracciones (que ha habido, puesto que se ha descubierto que un ciudadano llegó a votar hasta tres veces sin que le pidieran presentar su Documento Nacional de Identidad). En efecto, si esta consulta hubiese sido 100% legal y vinculante jurídicamente, los entusiastas del NO hubiesen también salido de sus casas a votar. Esteladas por doquier, y ningún signo del NO o de la hispanidad. Y no porque sean pocos quienes se oponen, sino porque la irresponsabilidad de los políticos catalanes es tal que la tensión ha montado hasta dividir amigos y familias creando una esfera de desconfianza y miedo para los que osen decir algo en contra del proceso soberanista. En fin de cuentas, el 9-N parecía una manifestación más de secesionistas que una verdadera consulta democrática.

2. Ahora que tocamos el tema de democracia, a la opinión internacional y al resto de catalanes no se les puede olvidar que la Comunidad Autónoma de Cataluña hace aún parte del territorio soberano de España, reconocido por una norma de convivencia fundamental llamada Constitución. Por ende tiene que cumplir las reglas del juego que vinculan a todos los ciudadanos (como en todas las democracias del mundo). Este texto, aunque merezca una repasada y una que otra reforma, es lo que ha permitido a todos los españoles vivir en comunidad pese a sus diferencias y se ha convertido en ejemplo para todo país en transición.

Siguiendo ésta lógica, sólo los 47 millones de españoles tienen el poder de pronunciarse sobre una cuestión que altera su territorio y su sistema. Cataluña tiene 7 millones de habitantes de los cuales un poco más de un tercio creen tener el derecho de decidir por el resto de la gran mayoría. Creo que aun no les queda muy claro lo que significa entonces “democracia”. Y si piensan que lo pueden, deberían entonces considerar que si tienen hoy en día la capacidad de hacer lo que hicieron el domingo pese a la prohibición por parte del Tribunal Constitucional[1] es porque han alcanzado una de las mayores autonomías de todo el país amparados bajo ésas normas que tanto rechazan y aborrecen. Si no les gusta la Constitución, ¡refórmenla!  La democracia significa también adaptarse al marco de la legalidad y el Estado español dispone de todos los medios para modificarlo.

3. Haciendo un repaso de la prensa internacional y nacional, pude darme cuenta de que las fotografías de la jornada muestran a los dos extremos, tanto los independistas catalanes más radicales como algunos “unionistas” manifestando con banderas del franquismo. Hay que tener claro que ni la mayoría de los catalanes aborrecen a España ni la mayoría de los no independentistas son unos melancólicos del régimen dictatorial. Aunque estas minorías más radicalizadas sigan manifestando su extremismo, cabe destacar que los dos nacionalismos, el catalán y el español, son de la misma forma ciegos e insoportables. Uno porque no hace más que manipular la historia y victimizar a un pueblo que es completamente libre dentro de España y el otro por darles razón a los que dicen que los que están contra la independencia  son fascistas. La prensa internacional, en su deber de informar con objetividad sobre lo que ocurre en Cataluña, podría señalar que la oposición a la independencia no está en las manos de cuatro fanáticos melancólicos del franquismo. ¿Acaso habló Le Monde u otros medios renombrados de la manifestación anti-independentista organizada por colectivos ciudadanos y por otros partidos políticos el 12 de octubre pasado? ¡Basta ya de victimizar a los catalanes y de amalgamar a España con franquismo!

España es uno de los países más descentralizados del mundo y sus comunidades autónomas, Cataluña en particular, gozan de unas competencias (educación, sanidad, justicia) no superadas por otras autonomías europeas. Esta realidad es conocida y admirada en el exterior. El hecho de que el Estado español defienda su territorio no quiere decir que se oponga a un país diverso. ¿O acaso la hipotética Constitución de una idílica Republica catalana permitirá a una de sus comarcas independizarse porque considera que aporta más que las otras y se siente diferente? Seguramente no. Y es que el alboroto independentista se ha intensificado tanto que los interrogantes más esenciales sobre el futuro de una Cataluña independiente quedan aún sin responder pese a las ansias de “libertad”. ¿Qué va a hacer un gobierno catalán con el más de 40% de catalanes que se sienten españoles? ¿Les van a obligar a decidir qué nacionalidad escoger como pide Esquerra Republicana de Catalunya? ¿Podrán los catalanes seguir circulando por Europa con pasaportes españoles no válidos? ¿Podrán seguir beneficiándose de los programas europeos para el desarrollo y la agricultura? ¿Qué nueva moneda utilizarán? ¿Pensarán, como Ecuador cuando adoptó el dólar, pedir el euro como moneda extranjera disparándose así los costes?

Aunque todas estas preguntas no tengan respuesta por el momento, lo que sí es verdad es que el proceso soberanista está preparado a construir fronteras y barreras en una Europa (a la que aspiran) que tiene paradójicamente como proyecto principal derribarlas. Aranceles para el comercio, bloqueo de circulación libre de ciudadanos y servicios, capacidad para estar jurídicamente asegurado por órganos como la Corte Europea de Derechos Humanos etc. serían unas de las consecuencias más inminentes en caso de ruptura.

Mientras se le sigue tachando al Partido Popular y al gobierno de Mariano Rajoy de no querer dejar a los catalanes votar o de obstaculizar el proceso, yo considero que lo que hace este gobierno es cumplir con su deber, que es garantizar y hacer cumplir la Constitución. Cataluña me hace recordar a los jóvenes de 14 años que les piden a los padres permiso para salir de fiesta sabiendo que la respuesta va a ser no, y no por intransigencia sino por protección.

Nosotros los jóvenes, aquellos que no vivimos la guerra ni las dictaduras, nos llenamos la boca creyendo que votar es la máxima expresión de la libertad (en Corea del Norte también se vota) y pensamos que nos oprime quien no ve las cosas cómo nosotros. No somos más que unos niños mimados de la democracia.  Y para los catalanes independentistas que acusan de dictador al gobierno español, les invito a que salgan de su burbuja catalana y se den un paseo por el mundo para que conozcan la verdadera represión y la miseria humana.

De todas formas, para el gobierno de CIU, siempre resultará más fácil, con discursos populistas y amañados, manipular a la sociedad catalana echándole la culpa de todo a Madrid, que ocuparse de los temas que realmente preocupan a los catalanes (el paro) o investigar por ejemplo el caso Millet (del Palau de la Música) y el caso Pujol. En éstos últimos años, mientras que los políticos catalanes gritaban el “¡España nos roba!”, a los catalanes se les ha ocultado que, en realidad, les estaban robando desde dentro.


[1] La Constitución no permite a ninguna Comunidad Autónoma organizar consultas populares de éste tipo; en efecto, el derecho de autodeterminación no es reconocido en ninguna Constitución del mundo salvo la de Etiopía y solo países sin Constituciones escritas y de derecho consuetudinario como el Reino Unido pueden legalmente reconocerlo.

Comentarios