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El yo de la cultura

Henry Chinasky/ elpicatelas.blogspot.com

 

Ever Jesús Crispín Vargas

Libre y diverso. Se asocia con quienes comparten los  sueños, ideales y prácticas a través de la multiplicidad. Tiene cantidad de necesidades que representan una expresión dimensional. El  lenguaje es en ocasiones rico en símbolos, dialoga con quienes lo entienden, fingiendo o no, y los demás,  en ocasiones, aunque la lucha es tan fuerte, terminan imponiéndole alguna norma o regla. Quiere formar un grupo y resguardarse ante la adversidad de los cultos, pero él es culto, entonces no necesita de las mayorías para imponer su pensamiento. El conocimiento lo  ha llevado a sobreproteger los códigos que abren las compuertas y filtrarse entre las redes esporádicas que fuera de casa y desde la portátil logra contemplar. Es tan complejo el estado del arte en la trama de la vida que buscándole el sentido del presente, cambia radicalmente.

Lee, escribe, baila y canta, sencillamente se divierte, y adentro en casa, hidrata el corpus trascendental del espíritu con la ayuda familiar que siempre ha estado copiosamente inyectándole el legado ancestral de los suyos, muy parecidos a él cuando revuelca la memoria de los viejos y espía la herencia de los objetos del cuarto trasero. Su identidad se va ensanchando cada segundo, cuando descubre que no está loco, y que muchos piensan y tienen tanto o poco como él;  que los separa el idioma o la brecha de estaturas, razas, climas, algo natural, no como las fronteras trazadas a lápiz y conmutadas en satélites y memorias colectivas.  La identidad se diversifica con las transferencias y supresiones de valores que debe ajustar para nuevamente empezar. Muchos rumores y supuestos limitan el acercamiento de los otros. Es el Yo de la Cultura:

Si me permiten con humildad decirles, absolutamente estoy convencido de las minas de imaginación y creatividad que pueden tumbar algunos paradigmas netamente autoritarios, calados por los que repliegan y construyen zozobra en medio de la aldea universal con muros levantados por  la nada, y exhibidos como totalitarios en prejuicios mentales de islas culturales.

La fragmentación no puede literalmente separarme de la cultura, de los caprichos juveniles, de las familias divididas o desintegradas, de la banalización y el final de la privacidad, de la frivolidad, decadencia o consumismo exponencial. Estoy engomado con la novedad, no sé ni en qué momento mi casa, mis amigos y mis intereses han cambiado, el tiempo me ha acorralado con los ojos puestos en el  futuro, pero en el silencio busco comprender la realidad y no ha sido más que una nueva percepción.

He escuchado de arte y la belleza siempre ha ilusionado mi eterna impresión por lo desconocido, la literatura no me alcanza para socavar la variedad del mundo, sin embargo, encuentro muchos aciertos conceptuales y temperamentales en escritores, personajes e hilos conductores, que atrapan la atención y me acercan a la semejanza con el otro. La música hierve en mis oídos y danza en la montaña rusa de las emociones. Siempre he reclamado a los grandes medios de masas, el rol transicional, de digestión comunicacional que podría hacer menos excluyente la participación de la sociedad inquieta, lúcida y atragantada que tiene mucho por decir.

También reclamo al Estado y a la Academia, un compromiso pesado, solemne y directo, donde la educación pueda transformar los modelos y permita reconocer las nuevas concepciones que desmitifiquen el legado de la cultura y logre explotar el conocimiento atascado de individuos desmotivados. El ego de la cultura no ha hecho más que estancarme con conceptos acartonados y divisorios.

No puede ser que mientras crecen ligeramente los códigos de la realidad y la ilusión, decrezca el sentido cultural por ser mega excitable con  estructuras portátiles, no renovables y carentes de pragmatismo. Muchas veces la cultura se convierte en discriminatoria, cuando nodos del sistema social se van alejando del circulo mediático y connotativo por representar la rebeldía y el inconformismo de una sociedad híper consumada.

La cultura es un todo lleno de asimetrías y excepciones, con válvulas de escape, túneles y laberintos extasiados de significaciones. Con aires frescos, accesible, solidaria. Es la hora de la revelación, en tiempos de necesaria notoriedad

 

 

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